Adrien Brody reveló las secuelas físicas y emocionales de su extrema pérdida de peso en “El pianista”

El actor llevó su cuerpo al límite para la película que le dio el Oscar en el 2003

Adrien Brody cree que sufrió de un trastorno alimenticio por al menos un año después de filmar la película, ya que su metabolismo había cambiado por la dieta extrema (Universal Pictures)

Adrien Brody, ganador del Oscar por su papel en El pianista (2002), habló nuevamente sobre las secuelas en su salud física y mental que dejó la ardua preparación para dicho papel. En declaraciones a Variety, el actor confesó que llegó a sentir trastorno de estrés postraumático (TEPT) tras someterse a una dieta de casi inanición para interpretar a Władysław Szpilman, el pianista polaco que sobrevivió al Holocausto.

Brody perdió cerca de 14 kilogramos y llegó a pesar solo 58,5 kilogramos durante el rodaje. Para llegar a la apariencia física del protagonista, incluso redujo drásticamente su consumo de agua antes de que comenzara la filmación de sus escenas más duras. “Eso era necesario para la narrativa”, explicó. “Pero me abrió espiritualmente a una profundidad de comprensión del vacío y el hambre de una manera que nunca había conocido”, declaró al medio.

Las consecuencias de ello no se limitaron al tiempo de filmación. Brody admitió que tuvo un trastorno alimenticio “durante al menos un año” después de la producción.

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“Además estuve deprimido durante un año, si no toda la vida.... Estoy bromeando, estoy bromeando”, comentó también a Variety.

Para mostrar el desgaste de su personaje, el actor restringió al máximo su consumo de alimentos y agua (Universal Pictures)

La experiencia de Brody en El pianista también marcó un antes y un después en su carrera en el séptimo arte. Ganó el Oscar al mejor actor con tan solo 29 años, convirtiéndose en el más joven en recibir este galardón. Sin embargo, las exigencias del papel también le hicieron reconsiderar su enfoque hacia proyectos futuros.

En una entrevista previa con The Sunday Times, Brody confesó que ver la película todavía lo hacía llorar. También habló de su pérdida de peso: “Me enfermé por ello. Fue acumulativo. Tuve una dieta de inanición y luego tuve que recuperar el peso. Mi metabolismo cambió. Pensé que había experimentado y perdido, que mi cuerpo sería diferente de ahora en adelante”.

La carga emocional de representar a un sobreviviente del Holocausto también dejó huella en el actor. En declaraciones recientes a IndieWire, Brody recordó el impacto que tuvo para él encarnar a Szpilman y la responsabilidad que sintió al interpretar una historia tan desgarradora.

Brody explicó su extrema transformación física como un proceso necesario para contar la historia de "El pianista". (Universal Pictures)

“Era tal la presión y responsabilidad de llevar esa película en mis hombros durante 22 semanas, seis días a la semana, para retratar a un hombre cuya experiencia vivida representa la pérdida de seis millones de personas y los horrores de ese tiempo en la historia”, reflexionó.

El vínculo de “El pianista” y “El brutalista”

Más de dos décadas después, Brody ha encontrado un nuevo desafío actoral que, según él mismo, comparte una conexión profunda con aquella primera experiencia transformadora.

En El brutalista, dirigida por Brady Corbet, Adrien interpreta a László Tóth, un arquitecto húngaro y sobreviviente del Holocausto que busca reconstruir su vida en Estados Unidos.

“Es justo decir que ninguno de los papeles que interpreté en los 22 años entre El pianista y El brutalista se compara con cualquiera de los dos”, afirmó a IndieWire.

"El brutalista" y "El pianista" comparten varias similitudes temáticas. (Universal Pictures)

El actor destacó que las similitudes temáticas entre ambas películas son evidentes: ambas exploran las secuelas del trauma y el poder del arte como una forma de resistencia y renovación. “[El brutalista] comienza casi donde [El pianista] terminó en cierto modo”, explicó. “Es el viaje de un inmigrante judío, sobreviviendo. Esas dificultades específicas y pérdidas, y el anhelo de comenzar de nuevo”.

En el filme, que se estrenó en los Estados Unidos esta semana, Tóth lucha por superar su adicción a la heroína y por crear obras arquitectónicas que trasciendan su sufrimiento, mientras enfrenta el racismo y las presiones de una sociedad que idealiza el Sueño Americano.

“¿Cómo puede crearse arte en medio de los horrores de las profundidades de la oscuridad en estos tiempos de la historia?”, reflexionó. “El gran arte y el espíritu humano pueden triunfar a través de eso. Los traumas de nuestro pasado influyen en nuestro trabajo y nuestras elecciones”.

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