El acceso a los cuidados paliativos en Centroamérica sigue siendo desigual. Datos del Atlas Latinoamericano de Cuidados Paliativos, en su segunda y última edición, muestran diferencias entre países en cobertura, legislación y disponibilidad de medicamentos para el dolor: Costa Rica y Panamá exhiben mayor desarrollo, mientras Guatemala y Honduras registran menor disponibilidad de equipos y acceso más restringido.
En Costa Rica y Panamá, la consolidación de equipos médicos, la existencia de asociaciones activas y la implementación de estrategias nacionales permitieron establecer modelos de atención más sólidos.
Costa Rica cuenta con una ley específica desde 1998 y mantiene la mayor densidad de equipos, con 14.7 por millón de habitantes. Panamá alcanza 13.2 equipos por millón, con una red consolidada y una estrategia nacional vigente desde 2010.
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En Guatemala y Honduras, el desarrollo institucional y la formación universitaria en cuidados paliativos siguen siendo limitados. Guatemala registra 11 equipos y un consumo de opioides de 2.2 mg DOME por persona, mientras Honduras tiene seis equipos en todo el país y una cobertura sanitaria que no supera el 65%.
El Salvador mostró avances en los últimos años, sobre todo en la creación de equipos y asociaciones. Dispone de 25 equipos de cuidados paliativos, 3.9 por millón de habitantes, pero la cobertura pediátrica sigue siendo baja y la formación universitaria sobre el tema es escasa, solo una universidad privada, ofrece la especialidad.
La Fundación de Medicina Paliativa de El Salvador y la Asociación Salvadoreña para el Estudio, Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos participan de ese proceso, junto con la apertura de nuevos hospicios para ampliar la atención.
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Legislación, opioides y formación
La falta de leyes nacionales específicas representa uno de los principales obstáculos para consolidar los servicios en la mayoría de los países centroamericanos.
Solo Costa Rica logró articular una legislación vigente, mientras El Salvador y Panamá optaron por estrategias y programas nacionales sin respaldo legal formal.
El acceso a medicamentos opioides, considerados esenciales para el manejo del dolor, constituye una de las brechas más marcadas. En Costa Rica y Panamá el consumo per cápita alcanza 8.5 y 10.8 mg DOME, respectivamente, pero el resto de los países reporta cifras menores.
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La situación refleja barreras normativas y sociales que limitan el acceso de los pacientes a tratamientos seguros y adecuados.
La formación universitaria en cuidados paliativos sigue siendo insuficiente en la mayoría de los sistemas sanitarios centroamericanos.
Costa Rica es el único país donde- hasta el año de la publicación del Atlas, en 2020- la materia se impartía como especialidad médica, aunque solo una de las ocho facultades de medicina la ofrece de forma independiente.
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En Panamá, hasta 2020 el tema seguía ausente de la currícula universitaria, mientras que en El Salvador solo una de siete facultades lo incluía en su programa.
Asociaciones y experiencias locales
El crecimiento de asociaciones y fundaciones especializadas aparece entre los indicadores de avance en varios países. En El Salvador, la fundación de la Asociación Salvadoreña para el Estudio, Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos en 2006 y la creación del Hospice La CIMA en 2019 por la Fundación de Medicina Paliativa ampliaron la oferta de atención.
El Hospital Divina Providencia, bajo la dirección de las Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, inició su programa en 2002 e integró equipos multidisciplinarios. A eso se sumó la atención pediátrica en 2009 con la apertura de la Clínica del Dolor y Cuidados Paliativos en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom.
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En Guatemala y Honduras, el panorama sigue marcado por el rezago estructural, la ausencia de leyes y la baja cobertura en todos los niveles de atención. La formación de asociaciones nacionales, cuatro en Guatemala y una en Honduras, aún no se traduce en una oferta significativa de servicios ni en avances normativos.