“Es un hecho que hoy una de las principales dificultades en el mundo laboral es encontrar mano de obra calificada, pero ¿desde cuándo es así?”, con esa pregunta se inició la conversación con Luis Vommaro, presidente de la Cámara Argentina de las Instalaciones para Fluidos.
El diálogo se dio en el ciclo de conversaciones que la solución integral Ticmas convocó para el “Informe nacional sobre demanda laboral, formación y capacitación para la transformación productiva”.
El dinamismo de la construcción
Para Vommaro al pensar el empleo que genera mayor dinamismo el foco está en la construcción; en especial en la zona del AMBA y todo lo que “tiene que ver con los insumos para la construcción, servicios para la construcción, involucra muchas cosas y sectores”
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Y destacó: “Cuando hay obra pública, la actividad nuestra, que es más que nada de obras privadas, también crece; y crece un poco también la rentabilidad en las empresas que puedan trabajar en la parte privada. Porque cuando no hay obra pública, todos los sectores que no tienen los trabajos ahí, se vuelcan a la actividad privada o a la obra privada, y generalmente bajan los precios en los presupuestos, justamente para poder sostenerse. Hasta que vuelvan a tener la obra pública. Entonces eso precariza un poco todo, porque bajan todos los precios, y por ende baja la rentabilidad de todos, y precariza inclusive a los empleados y a las empresas que venían trabajando.”
E insistió: “cuando hay obra pública, la actividad en la obra privada crece también, y crece también la rentabilidad, y por supuesto la mejora en los empleados de las mismas.” Y señaló que en la actualidad “la obra pública bajó y se pararon un montón de obras. Yo pertenezco a la Cámara, mi actividad siempre fue empresa instaladora, nosotros hacemos instalaciones sanitarias de gas y contraincendio en obra.”
Encontrar talento y pertenecia
“Las instalaciones sanitarias y la plomería son actividades complejas; conseguir talento o conseguir personas capacitadas depende de muchos factores. El principal factor es lo colaborativo o cooperativo. Yo te puedo contar la historia personal de cómo me hice yo instalador sanitario y por qué estoy sentado ahora acá también.
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Y tiene que ver con una historia y con un sentimiento de pertenencia, que es lo que no tenemos hoy. ¿Cómo se logró ese sentimiento de pertenencia? Mi papá llegó al país desde Italia en el año 1949. Tenía 15 años. Era del campo, y tendría tercer grado o cuarto grado, no tenía la primaria completa. Llegó acá, había mucha obra. Primero, completó la escuela primaria, e ingresó a la obra”, relató Vommaro.
Y continuó: “Lo que lo atrapó fue la parte de la plomería, porque veía el prestigio que tenía el plomero o que tenía ese oficio. Se integró a una empresa de instalación sanitaria, que a su vez existía un centro de constructores de obra sanitaria que los agrupaba, que eran socios también de ahí, y existía Obra Sanitaria de la Nación, donde las obras eran inspeccionadas. El dueño de la empresa era matriculado en Obras Sanitarias y le iba enseñando el porqué de las cosas, se iba interiorizando, no se improvisaba, se empezaba a generar un vínculo en esa profesión, que yo lo sentía por el orgullo que él sentía de pertenecer a esa actividad.”
“A mí me él me impulsó a estudiar en una escuela técnica estatal, pública, en el Ingeniero Luisa Huergo, de Caballito. En 1976 me recibí de Maestro Mayor de Obras, ingresé a la empresa donde él trabajaba, en la parte de las oficinas, me capacité en cómputo, en presupuesto, en ir a la obra, y a los dos años de estar ahí, en el año 78, tomamos la primera obra solos con mi papá y mi hermano, con la ayuda del dueño. En el año 81 tomamos al primer empleado y de ahí en adelante fui creciendo, pero enseguida me asocié al Centro de Constructores de la Sanitaria.”, recordó con orgullo.
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“Todo era didáctico y todo se aprendía y si había algo que no estaba contemplado en el reglamento o en las normas, se iba al centro de constructores y se discutía eso; se llevaba al seno de obra sanitaria de la Nación, se creaba una comisión de estudio y se generaba la norma o lo que faltaba. Todo era así, entonces todo eso genera en la persona, tanto el profesional como el obrero, entonces eso genera un clima de pertenencia y de responsabilidad”, aseguró.
Una cadena que se rompe y el surgimiento de CAIF
Vommaro aseguró que en la década del 90 fue cuando se rompió esa cadena de orgullo y pertenencia “con la privatización de obra sanitaria de la Nación y la desaparición de la matrícula que otorgaba obra sanitaria.”
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“Siguió estando el centro de constructores tratando de impulsar que esto no se pierda, pero después se creó CAIF. En la década de los 90, así como hoy también está el peligro de toda esta regulación y la apertura importadora, trajo materiales importados y como cualquiera podía hacer instalación y cualquier material se podía instalar, se puenteaba el comercio y al instalador. En ese clima, en esa anarquía que se vivía, no había paritarias”, explicó
“En ese clima el centro de constructores impulsa la creación de una cámara empresaria que agrupe a todos los sectores, no sólo a instaladores sino también a comercios y fabricantes. Y ahí en el año 1996 se crea CAIF, la Cámara Argentina de Instalación de Fluidos. El centro de constructores se fundó el 18 de julio de 1915, junto con la creación de obras sanitarias de la Nación. O sea que CAIF como continuadora de ese centro de constructores cumple 111 años. Y estamos en una época de poca participación. La gente que se forma en esto o que quiere esto, si va a algún curso, los cursos son buenos, no digo que no aprende, pero con eso sólo no alcanza, porque no genera pertenencia.”, reflexionó.
Para Vommaro es clave un mayor control por parte del Estado y una matriculación responsable para generar “un círculo virtuoso donde pueda volcarse la gente a formar una empresa para seguir haciendo esto y a personas comunes aprender este oficio, si son idóneos o no son profesionales”
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Formar en oficios
“Hay cursos que son buenos de formación, pero en esto del sálvese quien pueda, que es lo que estamos viviendo. Una actividad que no tenga una entidad empresaria que lo represente, y normas de aplicación y control de la misma, y una matrícula, y después una capacitación permanente, no tiene mucho futuro.”, reflexionó Vommaro.
E insistió con la importancia de contar con la experiencia compartida y el sostén de una red: “a mí me sirvió desde el 78 que estoy socio del Centro de Constructores, después seguí integrando CAIF, ahora me eligieron presidente de CAIF, siempre sirvió esa conexión, porque se solidariza, se hace solidario todas las problemáticas que vos vas encontrando, y de ahí salen las respuestas o las soluciones que te sirven y le sirven al público, le sirven al consumidor final.”
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Otro de los problemas que Vommaro identificó es que al no estar en red, los trabajadores suelen tener mayor volatilidad en la permanencia laboral y además puso el foco en que es difícil encontrar jóvenes capacitados.