En un contexto en el que muchas veces la violencia atraviesa la vida cotidiana de los estudiantes, la escuela no queda al margen: esas situaciones también se expresan y, en ocasiones, se tramitan dentro de la institución. Por eso, resulta imprescindible fortalecer la educación socioemocional como un eje que atraviese el diseño curricular y las prácticas institucionales, promoviendo también el cuidado de la salud mental y el ejercicio de una ciudadanía responsable y comprometida.
Promover la educación socioemocional implica formar y acompañar a docentes y directivos, así como generar propuestas pedagógicas con sentido que permitan a los estudiantes comprender lo que sienten, vincularse con otros y construir modos de convivencia más respetuosos. En este proceso, resulta fundamental la articulación y el trabajo conjunto con el Equipo de Orientación Escolar (EOE), así como el fortalecimiento del vínculo entre la escuela y las familias, promoviendo una alianza sostenida que acompañe de manera integral las trayectorias de los estudiantes.
En las aulas, estas prácticas se traducen en acciones concretas. Por ejemplo, muchas escuelas comienzan la jornada con espacios de la palabra, donde los estudiantes pueden expresar cómo se sienten a través de dinámicas simples como “¿cómo llego hoy?”, con la posibilidad de participar sin exponerse si así lo desean, utilizando colores, imágenes o palabras. Estos momentos habilitan la escucha y fortalecen el vínculo pedagógico, al tiempo que contribuyen al cuidado de la salud mental.
También se trabaja con historias, cuentos y recursos simbólicos que permiten abordar las emociones. A partir de estos recursos, los estudiantes pueden reconocer y nombrar lo que les sucede, y, si así lo desean, compartirlo con otros, desarrollando herramientas para la vida cotidiana y fortaleciendo habilidades necesarias para la vida en comunidad.
Frente a situaciones de conflicto, las instituciones promueven instancias de mediación y acuerdos de convivencia, donde los estudiantes aprenden que los desacuerdos pueden resolverse desde el diálogo y el respeto. Estas experiencias son fundamentales para desnaturalizar la violencia, favorecer el bienestar emocional y formar ciudadanos capaces de participar de manera activa y responsable en la vida social.
A su vez, se desarrollan propuestas pedagógicas integradas, como proyectos, dramatizaciones o juegos de roles, que abordan valores como el cuidado, la empatía y la responsabilidad. De este modo, los aprendizajes no quedan aislados, sino que se conectan con la vida real de los estudiantes y con el ejercicio cotidiano de la ciudadanía.
Dependiendo del nivel educativo, se pueden aportar distintas estrategias que respondan a las características evolutivas de los estudiantes y a los lineamientos del diseño curricular.
Por ejemplo, en el Nivel Inicial: En el marco del enfoque del diseño curricular, se priorizan propuestas centradas en el juego, la expresión y el vínculo. Se implementan rutinas de reconocimiento emocional (paneles de emociones, uso de imágenes, canciones), cuentos que habiliten la identificación de sentimientos, dramatizaciones simples y juegos cooperativos. El docente acompaña con intervenciones que ponen en palabras lo que sucede (“veo que estás enojado…”) y promueve progresivamente la regulación emocional, el respeto por el otro y las primeras experiencias de convivencia. El trabajo articulado con el EOE y con las familias resulta clave para dar continuidad y coherencia a estas prácticas.
Mientras que en el Nivel Primario: Se profundiza el desarrollo de habilidades socioemocionales vinculadas a la convivencia democrática, en articulación con áreas como Prácticas del Lenguaje y Ciencias Sociales. Se proponen espacios sistemáticos de diálogo (asambleas, rondas de reflexión), escritura de acuerdos de convivencia, análisis de situaciones problemáticas y resolución pacífica de conflictos. También se incorporan proyectos integrados (por ejemplo, sobre convivencia digital o bullying) y actividades de mediación entre pares, fortaleciendo la autonomía, la responsabilidad y el ejercicio progresivo de la ciudadanía. En este nivel, la articulación con el EOE y el trabajo conjunto con las familias permiten acompañar de manera más integral las trayectorias y las situaciones que se presentan.
Y en el Nivel Secundario: Se promueve el pensamiento crítico, la construcción de la identidad y la participación activa. Las estrategias incluyen debates guiados, análisis de casos, talleres de educación emocional y convivencia, y proyectos interdisciplinarios que aborden problemáticas actuales (violencia, redes sociales, vínculos). Se fortalecen dispositivos institucionales como tutorías, centros de estudiantes y espacios de mediación, donde los jóvenes puedan expresar sus perspectivas, construir acuerdos y asumir un rol protagónico en la vida escolar. Estas propuestas contribuyen tanto al cuidado de la salud mental como a la formación de ciudadanos críticos y comprometidos. La articulación con el EOE y el vínculo con las familias continúan siendo fundamentales para sostener intervenciones oportunas y acompañar las trayectorias educativas.
Para sostener estas prácticas, es clave generar espacios de formación docente y reflexión institucional que permitan revisar las intervenciones y fortalecer el rol pedagógico en contextos complejos. Asimismo, este trabajo se potencia a través de la articulación con el Equipo de Orientación Escolar (EOE), favoreciendo una mirada integral, el acompañamiento de las trayectorias y la intervención oportuna ante situaciones que lo requieran. Un docente acompañado está en mejores condiciones de acompañar.
Del mismo modo, las familias forman parte de este proceso. Por ello, muchas escuelas impulsan encuentros, charlas y espacios de diálogo, brindando herramientas para continuar estas conversaciones en el hogar y construir una mirada compartida sobre el cuidado.
Hoy más que nunca, la escuela tiene el desafío de ser ese lugar que aloja, escucha y enseña a convivir. La educación socioemocional no es un complemento, sino una necesidad: es el camino para construir una sociedad más justa, donde cada niño y niña pueda aprender, desarrollarse y proyectar su vida en un entorno de respeto, cuidado y bienestar integral.
Ma. Lorena Vaccher: es docente, abogada y profesora Cs Jurídicas y Sociales (UBA). Especialista en Gestión Educativa (Universidad de San Andrés) Especialista en Educación Emocional y Bienestar (Barcelona- RIEEB). Es Directora General de Educación Municipal de Vicente López