Los sonidos conectan, y la voz humana es siempre potencia en acción. Lit World, la organización creada en 2007 por la autora y experta en alfabetización estadounidense, Pam Allyn asegura: “La alfabetización es la mayor innovación de la humanidad” y cada primer miércoles de febrero invitan al mundo a leer en voz alta para crear un cambio positivo en el aprendizaje.
En el marco de una celebración por las lecturas que transforman, Ticmas dialogó con expertas en lectura para destacar la relevancia y el impacto de compartir una lectura a viva voz.
Leer en voz alta es parte del proceso de aprender a leer
“Cuando un adulto le lee en voz alta a un niño lo está acercando a la cultura escrita, lo está acercando a las historias que la humanidad ha creado para entenderse. Un adulto que le lee a un niño, lo hace parte de una comunidad de lectores. En lo emocional, la lectura constituye un acto de cercanía, de atención; que alguien te esté hablando, te esté prestando atención, te dedique ese tiempo y que, además, te esté ayudando a comprender lenguaje, a comprender historias, a comprender palabras, es de una riqueza inmensa.”, explica la Dra. Marina Ferroni, investigadora adjunta en el CONICET y especializada en Psicolingüística aplicada a la educación.
Y agrega: “El impacto pedagógico que tiene la lectura en voz alta por parte de los niños y las niñas es también importante. Leer en voz alta indica a los demás y a uno mismo, si la lectura es fluida, es decir, si lo que estoy leyendo suena casi como si estuviera hablando. Y esto es muy importante porque ese ‘traducir’ lo escrito nuevamente a lo oral es lo que nos permite entender lo que leemos. Y poder hacer sentido de lo escrito es la finalidad última de la lectura. En lo emocional, para los chicos que están empezando la escuela primaria, aprender a leer es casi un hito educativo. Escucharse leer debe ser uno de los momentos más importantes de su vida escolar. En sentido contrario, los niños y niñas que no aprenden se ven profundamente frustrados y este ‘no aprendizaje’ tiene un costo importante en su trayectoria educativa.”
“Leer no es solo descifrar un código: leemos mucho antes de saber leer. Leemos las caras, los tonos de voz, los ruidos, la luz de un día soleado y también sus sombras, los olores, los silencios. Evelio Cabrejo nombra a esa experiencia temprana: lactancia psíquica , explica que así como el cuerpo necesita alimento para crecer, la psique necesita palabras, relatos y afecto para constituirse.”, reflexiona Irma Ibarra especialista en lectura y educación de Ticmas que trabaja en el proyecto clave de “¡A leer en vivo!”, donde se invita a los niños a convertirse en streamers y leer en voz alta.
Por su parte, la Dra. Celia Rosemberg investigadora del CONICET y especialista en vocabulario y discurso en los primeros años de la infancia y la niñez destaca: “En los primeros años de vida, leerle a un niño o a una niña no es solo transmitir palabras o historias: es construir un espacio de encuentro. La voz adulta, el ritmo, la cercanía física y la atención compartida generan seguridad emocional, fortalecen el vínculo y habilitan un clima de confianza que es clave para el aprendizaje.”
“La lectura en voz alta expone tempranamente a las niñas y los niños a formas complejas del lenguaje, a vocabulario que no siempre aparece en la conversación cotidiana y a estructuras narrativas que organizan la experiencia. Todo eso contribuye al desarrollo del lenguaje, de la comprensión y, más adelante, de la alfabetización. Leer en voz alta no es un ‘antes’ de aprender a leer: es parte del aprender a leer.”, subraya Rosemberg.
Ibarra insiste: “Siempre digo —y lo sostengo— que el término hábito se me queda corto cuando hablamos de lectura en los primeros años. Asociarlo a rutinas como lavarse los dientes o dormir bien puede reducir un acto que es profundamente complejo. Leer no es solo una conducta repetida: es una experiencia cognitiva, emocional y simbólica de enorme sofisticación. Sabemos, incluso desde la neurociencia, que el cerebro de una persona alfabetizada no es igual al de quien no lo está.”
Había una vez
Además de las miradas académicas y pedagógicas, Ticmas también dialogó con dos profesionales del arte de leer en voz alta; la profesora especializada en inicial, María Laura Ramirez (@lauracuentacuentos.ramirez) y con la abogada Pipi Rojo Crespo quien desde 2016 desarrolla Tiny Makers (@tiny.makers). Ambas dirigen sus proyectos de cuentacuentos donde no sólo relatan historias sino ponen el foco en lo emocional.
“Contar cuentos es, ante todo, ser mediadora. Entre una historia y quien la escucha. Pero no es una mediación neutra, sino que está atravesada por quien narra, por su emocionalidad, su corporalidad: su expresión y su voz. Contar cuentos es tomar, de una manera muy respetuosa, el texto de un autor, sus palabras, la historia que busca transmitir, y darse uno, en su totalidad, como puente para que esa historia llegue a quien la escucha: niños o adultos”, explica Pipi Rojo Crespo.
Y agrega: “La narración oral es una práctica ancestral, mucho más antigua que la lectura. Durante siglos, los cuentos, fábulas y leyendas, se transmitieron en ronda, en comunidad, entre adultos. Creo que asociamos la narración al mundo infantil porque a los niños todavía les damos permiso para imaginar sin justificarlo. Los adultos, en cambio, vamos perdiendo el hábito de escuchar en voz alta, de leer para otros, de dejarnos llevar por una historia sin la necesidad de que ‘sirva para algo’. Pero cuando un adulto escucha un cuento, algo cambia. Aparece la memoria, la emoción, la calidez de ese ritmo que marca la palabra dicha.”
María Laura Ramirez descubrió el universo de contar historias cuando necesitó animar fiestas infantiles para pagar sus estudios de docente, a lo que le sumó su contacto e interés por el teatro: “Siempre me llamó la atención animar cumpleaños desde otro lugar, no solo desde juegos que tenían que ver con la expresión corporal sino también con esto de la escucha, de la mirada.”
“La utilización del libro como un objeto mediador de vínculo y de comunicación constante”, subraya Ramirez quien desde hace dos décadas se dedica con pasión a leer en voz alta no solo a los más pequeños sino que también lo hace con personas mayores, en hospitales, en aulas y posee un proyecto llamado “Pic Nic Literarios” en los que fomenta la lectura en familia en los espacios públicos; una convocatoria que la llevó a ampliar sus contactos entre narradores, escritores, ilustradores y editoriales.
“El adulto va perdiendo un poco esa pasión por la lectura en voz alta y quizás también por vergüenza. Tenemos que volver a esas raíces de expresar en voz alta lo que sentimos. Creo que un cuento que está destinado a niños, a un adulto también lo moviliza y mucho; más cuando hablamos y abordamos emociones. Y también en lo pedagógico es clave, porque si no generás ese vínculo emocional va a ser difícil que te escuchen”, aseguró Ramirez.
El poder de la palabra
“Leer en voz alta o escuchar a alguien leer es, sobre todo, generar vínculo. Desde lo emocional, produce bienestar, seguridad, pertenencia y calma. Es una experiencia profundamente afectiva. Desde lo pedagógico, enriquece el lenguaje, amplía vocabulario, estimula la escucha atenta y la comprensión, pero sobre todo construye una relación amorosa con los textos, con los libros”, celebra la directora de Tiny Makers y agrega: “En lo personal, me formé en pedagogía Waldorf, donde encontré una mirada educativa sensible y respetuosa, centrada justamente en la narración de cuentos. La narración oral, sin apoyos visuales, permite que cada niño cree sus propias imágenes y se encuentre simbólicamente en ellas. Los relatos pueden fortalecer el lenguaje, la memoria y la capacidad de concentración, sí; pero hay algo que para mí es mucho más esencial: el asombro. En un mundo cada vez más acelerado y literal, la fantasía sigue siendo la base de un pensamiento creativo y flexible para la adultez”.
Desde la mirada académica, la Dra. Celia Rosemberg subraya: “Los niños suelen pedir que les lean repetidamente sus cuentos preferidos. La lectura repetida de textos breves es una práctica especialmente potente en los primeros años. La repetición genera estabilidad: al disminuir la novedad del contenido, libera recursos cognitivos que los niños pueden destinar a la comprensión del lenguaje, al reconocimiento de relaciones entre lo que se dice y el texto escrito.”
Y explica: “Desde el punto de vista lingüístico, la relectura favorece la consolidación del vocabulario, de estructuras sintácticas y de la organización narrativa. Desde el punto de vista interactivo, modifica la participación infantil: los niños pasan de un rol más receptivo a uno más activo, intervienen, completan frases, comentan y comienzan a apropiarse del texto. Además, cuando los niños pueden seguir el texto mientras se lee —mirar el libro, reconocer dónde dice lo que se está diciendo— empiezan a identificar aspectos del sistema de escritura: la direccionalidad, la segmentación en palabras, las relaciones entre los sonidos de las palabras y las letras que componen su forma escrita, la estabilidad del texto escrito. Todo esto ocurre en situaciones significativas, que aunque pueden ser sistemáticamente planificadas, adoptan formas espontáneas y funcionan como un puente entre la comprensión oral y la alfabetización inicial.”
Por su parte, la Dra Marina Ferroni resalta: “El nivel lector que alcanzamos tiene que ver directamente con la cantidad y la calidad de experiencias educativas a las que hemos tenido acceso. Si tenemos una maestra que nos lee textos de calidad diariamente, vamos a aprender muchas palabras nuevas, vamos a aprender cómo son y cómo se organizan los cuentos. Todas estas habilidades se transferirán a la lectura autónoma cuando sean los niños y niñas los que lean.”
“Por otra parte, la motivación es un predictor fuerte del éxito lector posterior. Si los chicos asocian la lectura temprana con vínculo, cercanía y curiosidad, el hábito va a ser más fácil de crear. Pero, además, si las escuelas, sostienen la práctica de la lectura esto se transforma en una herramienta de equidad educativa (entre niños de distintos sectores sociales de procedencia) que tiene impacto a largo plazo.”, destaca Ferroni.
Enseñar a un docente a enseñar a leer
“Con los docentes conversamos, en primer lugar, sobre la importancia del desarrollo del lenguaje para poder convertirnos en buenos lectores. Si los chicos no entienden muchas palabras de los textos (tienen bajo nivel de vocabulario), no pueden entender distintos tipos de oraciones en la oralidad, no van a poder entender lo que leen, porque lo escrito es lenguaje (esto puede resultar obvio, pero de tan obvio que es, a veces, nos olvidamos). Entonces mucho de lo que se tiene que aprender para poder entender un texto, se puede aprender antes de comenzar a leer de manera autónoma.”, explica la Dra. Ferroni.
“Y de ahí la importancia de la lectura en voz alta en los hogares, pero también, y, sobre todo, en las instituciones educativas, que son las que deben garantizar el derecho al aprendizaje. Siempre les decimos a los docentes, que, si desde sala de 4 años les leemos dos cuentos por semana, los chicos van a empezar 1er grado habiendo escuchado casi 200 cuentos”, ejemplifica la especialista e investigadora del CONICET.
Rosemberg destaca: “La formación docente en lectura requiere una base sólida en el desarrollo del lenguaje, en las múltiples relaciones entre la oralidad y la escritura, en los procesos de comprensión y en las características de los distintos géneros discursivos. El desarrollo del lenguaje oral sienta las bases del aprendizaje de la lectura y los docentes que comparten los primeros años de vida de los niños en el jardín maternal y de infantes deben aprender a poner en juego estrategias que promuevan el desarrollo del vocabulario y de distintas formas de discurso en la oralidad y capitalizarlos para el aprendizaje de la lectura y la escritura.”
Ibarra reflexiona: “Uno de los grandes retos para los docentes hoy es aceptar, con honestidad intelectual, que no terminamos de entender del todo el mundo que habitamos —y mucho menos el que habitan nuestros estudiantes— y que, aun así, tenemos la responsabilidad de ofrecerles herramientas para leerlo críticamente. Ese punto de partida no es una debilidad: es una condición necesaria. Porque formar lectores no es transmitir un método cerrado, sino acompañar procesos en un contexto cambiante, híbrido y a veces desconcertante.”
“Acompañar la formación lectora hoy implica ofrecer experiencias disruptivas para el aula; que integren comprensión lectora pero que al mismo tiempo capten el interés de los chicos; que devuelvan al estudiante la sensación de progreso y al docente información clara para intervenir. No como una receta, sino como un apoyo para mirar mejor lo que ocurre cuando alguien lee. Porque formar lectores críticos no es imponer respuestas, sino crear las condiciones para que cada lector aprenda a construir las suyas.”, sugiere Ibarra que se especializa en propuestas innovadoras para acercar a los chicos a la lectura.
Las experiencia de leer en vivo y ser escuchado
Cuando desde Ticmas preguntamos si había alguna experiencia lectora que marcó sus trayectorias profesionales, Rosemberg destaca: “A lo largo de mi trabajo he tenido la oportunidad de acompañar proyectos de promoción de la lectura en contextos muy diversos: jardines de infantes, comunidades rurales, hogares, bibliotecas y espacios comunitarios.Ver cómo los niños y las niñas se apropiaban de los libros, cómo pedían que les volvieran a leer una historia, cómo empezaban a narrar ellos mismos, confirma algo que la investigación también muestra: cuando se amplían las oportunidades de interacción alrededor del lenguaje y la lectura, se amplían también las oportunidades educativas.”
Ferroni por su parte agrega: “Es un buen momento en Argentina para conversar sobre la importancia de la lectura en voz alta. Tenemos a casi todos los chicos del país adentro de las escuelas, pero sabemos que todavía nos debemos calidad educativa. Los docentes están ávidos de incorporar estrategias y conocimientos sobre el desarrollo de la lectura porque intuyen que pueden aprender más sobre esto. Hablar sobre la importancia de la lectura y sobre cómo promover su aprendizaje podría ayudar a mejorar los resultados educativos que tenemos hoy.”
María Laura Ramirez reflexiona sobre su conexión emocional con la lectura que va desde leerle a personas mayores o a bebés: “Una experiencia muy linda que tuve hace poquito fue que fui a una jornada de lectura con una amigas y había un susurrador y la sensación de poder escuchar tu propia voz en tu oído produce mucho amor propio y esto de susurramos palabras en nuestro oído, en nuestra mente nos hace sentir que podemos trascender más allá de lo físico y de la importancia que tiene una voz en otra persona, o tu voz en un contexto”
Finalmente, Pipi Rojo Crespo de Tiny Makers rememora sobre una noche particular en la que leyó el libro “Dos Montañas”: “Pasó lo que siempre pasa: un grupo de chicos junto a sus padres, un silencio absoluto, miradas abiertas y una atención total. Al terminar, una niña de unos 7 u 8 años, se me acerca, y me dice que era la primera vez que alguien le contaba un cuento. Eso me dejó helada, con una mezcla de emoción y tristeza. Esa frase todavía me acompaña. Me recuerda el gran privilegio de mi trabajo y la enorme responsabilidad que trae, porque todos merecemos experimentar la calidez de ser narrados.”