El índice EMBI de JP Morgan, que mide la sobretasa que paga la deuda argentina por sobre emisiones similares de los Estados Unidos, subió de 403 a 505 puntos en poco más de un mes, dando una señal de alarma sobre la capacidad del país de volver a los mercados, tras meses de mejoras. El salto del riesgo país muestra que en las últimas semanas crecieron dudas sobre la sostenibilidad del programa económico de Javier Milei, la confianza en la continuidad de sus políticas y el impacto de factores tanto internos como globales. Analistas coinciden en que la suba responde a una combinación de motivos, desde la incertidumbre electoral hasta el deterioro del entorno macroeconómico y la presión de la coyuntura internacional.
Factores locales y contexto global
La discusión sobre el origen del repunte del riesgo país encuentra consenso en que la dinámica responde principalmente a variables internas, aunque la coyuntura internacional tampoco resulta neutral. Según un análisis de Nery Persichini para GMA Capital, “el reciente price action de los activos argentinos no parece responder a una simple toma de ganancias. Entre los operadores hay consenso: se trata de un movimiento idiosincrático”. El informe sostiene que la reacción del mercado no replicó lo ocurrido en otras plazas emergentes y señala que “desde el 7 de julio, el riesgo país subió 103 puntos, de 403 a 505 bps”.
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Los bonos en dólares argentinos recortaron más de 5%, muy por encima del 0,6% que corrigió el resto de la deuda emergente, mientras que las acciones se hundieron 13% en moneda dura, señaló Persichini.
La consultora LCG, por otra parte, refuerza esta interpretación: “La suba del EMBI local responde principalmente a factores locales: el spread con el EMBI Latino supera los 250 pbs, 100 pbs más en sólo un mes”. La consultora destaca que los bonos largos argentinos rinden nuevamente arriba del 10%, mientras que el diferencial con otros países latinoamericanos se amplió de manera significativa.
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Mientras tant, Portfolio Personal Inversiones (PPI) aporta una mirada que incorpora el impacto del entorno global, pero sin dejar de subrayar la especificidad argentina. “El contexto internacional adverso y factores locales se combinaron para amplificar las pérdidas”, señala el informe. PPI describe cómo el rebote de las tasas largas de los Treasuries, junto con episodios de tensión geopolítica global, “revirtió parte del alivio observado en la rueda anterior”. Sin embargo, aclara que “los factores idiosincráticos tampoco pueden quedar fuera de la ecuación: los Globales volvieron a amplificar el movimiento de sus pares emergentes, profundizando las pérdidas frente al EMB”.
En la misma línea, Econviews subrayó que el aumento del riesgo país se vincula a “la combinación de factores locales, deterioro político y contexto internacional adverso”. El informe que conduce Miguel Kiguel advierte que “el encarecimiento del costo de emitir deuda es un problema grande porque el Gobierno necesita colocar unos US$ 10 mil millones de acá a las elecciones para cumplir con el programa financiero”.
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El peso de la incertidumbre política y electoral
La política y el escenario electoral ocupan un lugar central en la percepción de riesgo de los inversores. Para GMA Capital, “los inversores anticipan una etapa marcada por la incertidumbre electoral”. El reporte enfatiza que “el mercado penaliza con dureza cada punto que el oficialismo pudiera perder” y que la atención se traslada a los indicadores de imagen y confianza ante la ausencia de encuestas confiables.
La mirada de LCG coincide en que “cae la imagen del presidente, crecen las dudas sobre gobernabilidad hacia 2027, y el EMBI vuelve a un incómodo nivel arriba de los 500 pbs”. La desconfianza sobre la capacidad del actual Gobierno de sostener la estabilidad política y económica a mediano plazo condiciona las decisiones de los inversores.
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Desde PPI, marcaron que la inquietud se refleja en la estructura misma del mercado de deuda: “El mercado percibe un mayor riesgo de default en el mediano y largo plazo, vinculado a incertidumbre política y económica”. El informe destaca que las probabilidades acumuladas de default a cuatro y diez años aumentaron 400 y 510 puntos básicos, respectivamente, desde comienzos de mes, lo que “refleja que el deterioro en la percepción de riesgo se concentró principalmente en horizontes más largos, donde el mercado incorpora una mayor incertidumbre sobre la capacidad de sostener la historia de crédito en el tiempo”.
Sin la macro no se puede, con la macro no alcanza
Los fundamentos económicos profundizan el escepticismo del mercado sobre la sostenibilidad de la deuda y el crecimiento. En ese sentido, llamó la atención la mala semana que tuvo la deuda soberana en días en los que se conoció un superávit comercial récord, un regreso al superávit fiscal en el mes de julio -un 0,9% del PBI que no impide ni garantiza la meta del 1,4% para el año- y hasta un dato de actividad de junio que, si bien no interrumpió la percepción de que la economía alterna subas y bajas como un serrucho, sin dudas sorprendió al ser mejor de lo esperado.
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Persichini advierte que la sensación es que sin la macro no se puede, pero con la macro no alcanz. El análisis de GMA Capital señaló que “se requieren mejoras macro y microeconómicas y una oposición más moderada para reducir el riesgo país, aunque esto se percibe como poco probable”. Para la consultora, la polarización política y la falta de avances claros en la economía real dificultan cualquier baja sostenida del indicador.
Por su parte LCG sumó que “el rebote en algunos indicadores económicos no alcanza para disipar las dudas sobre la solidez y sostenibilidad del crecimiento”. El informe remarca que la actividad local muestra señales de recuperación, pero no lo suficiente para revertir la caída acumulada frente a diciembre y sin motores claros de expansión en el corto plazo.
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Por su parte, Econviews agregó que “el segundo semestre muestra un panorama más adverso, con menor ingreso de dólares y actividad económica débil”. La consultora sostiene que la política oficial de mantener estable el tipo de cambio obliga a endurecer la política monetaria, lo que complica la recuperación de una economía “aletargada, con casi 6 millones de morosos y con salarios e ingreso disponible que siguen anémicos”. Además, alerta que “la estabilidad cambiaria, sin dudas, ayuda a contener la inflación, como mostraron esta semana los precios mayoristas. Pero sostenerla con tanta rigidez puede terminar generando efectos secundarios cada vez más difíciles de corregir en el futuro”.
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