
La decisión del ministro de Economía Luis Caputo de postergar los aumentos en los servicios de luz y de gas hizo que el porcentaje de subsidios que puso el Estado en mayo para cubrir la parte que no pagan los usuarios residenciales del “costo real” de la energía supere los niveles del mismo período del año pasado. De mantenerse el congelamiento, la tendencia se profundizará ante un mayor consumo por menores temperaturas y costos más altos.
Los fuertes aumentos del primer cuatrimestre, de entre 200% y 400%, no se tradujeron en una corrección en la partida del gasto a la que más subvenciones se destina por año. Este frente generó tensiones internas en los últimos Gobiernos pero ninguna de las gestiones encontró una solución.
Sucede que las tarifas están compuestas por cuatro ítems: el costo propio de generar la energía (luz o gas), el de transporte, la distribución y los impuestos municipales, provinciales y nacionales. La parte que subsidia el Estado es a la generación a través de las transferencias que realiza la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (Cammesa) a generadoras de electricidad y transportadoras de gas. Actualmente hay un conflicto por una deuda con las empresas de casi USD 2.000 millones.
Los usuarios se encuentran divididos en tres categorías residenciales según el esquema de segmentación vigente desde 2022. Los usuarios de altos ingresos (N1) estaba contemplado que paguen el costo pleno de la energía, los de ingresos bajos (N2) con tarifa social y los de ingresos medios (N3) con un tope de consumo subsidiado. Los últimos datos oficiales arrojaron que los N1 son 5,3 millones, los N2 son 8 millones y los N3 son 2,7 millones.

Los aumentos del primer cuatrimestre solo fueron para los N1, comercios e industrias por concepto de generación. Para los N2 y N3 las subas estuvieron enfocadas en los conceptos de transporte y distribución, con el objetivo de mejorar el ingreso de esas empresas después de que el Gobierno anterior mantuviera sus tarifas congeladas.
Julián Rojo, economista del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de UBA-Conicet, calculó que con el congelamiento de precios de la energía eléctrica la cobertura de costos de generación de todo el sistema es del 52% en mayo.
Esto significa que en promedio de cada $100 del costo del servicio, $52 lo pagan los usuarios y $48 el Gobierno a través de Cammesa. Esa proporción era de $53 a $47 en mayo del año pasado durante la gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa.
En el caso de la electricidad, el IIEP detalló que los usuarios residenciales N1 pagaban en diciembre el 100% del costo y se mantuvieron así hasta abril. Con el congelamiento, desde mayo los segmentos de altos ingresos pagarán solo el 65% del servicio. En el caso del gas, hubo una mejora en la proporción por los últimos incrementos: en diciembre cubrían el 35% y llegan a mayo en 51%, a las puertas del invierno en donde el costo del fluido es más alto.
Los residenciales N2 pagaban en diciembre el 15% del costo de la electricidad y con el congelamiento de mayo finalizarán en 4 por ciento. En el caso del gas cubrían el 10% del costo de generación mientras que este mes esa relación se ubicó en 14 por ciento.
Los residenciales N3 pagaban en diciembre el 18% del costo del servicio mientras que ahora cubren solo un 5 por ciento. En el caso del gas el salto fue de 13% a 20%, aunque de mantenerse sin cambios las tarifas esa relación volverá a caer.
Es importante destacar que cerca del 70% de los subsidios energéticos se destinan a las tarifas de electricidad mientras que el 30% restante va a los servicios de gas natural.

Durante su participación en el Congreso Anual del IAEF, Caputo dio tres razones por las cuales se definió postergar la suba en tarifas que estaban previstas para mayo. La primera es que el Gobierno se siente “cómodo” desde el punto de vista fiscal después de cerrar el cuatrimestre con el primer superávit financiero en 16 años, la segunda es darle un “respiro” a la clase media y la tercera apuntalar el proceso de desinflación.
El ministro de Economía también aseguró, en referencia al conocido fallo Cepis durante el Gobierno de Mauricio Macri, los incrementos que se dieron a los N1 en el primer cuatrimestre no podían aplicarse a los N2 y N3. “No quería volver a actualizar N1 y comercio sin tocar de vuelta N2 y N3, que están pagando un 5% de la tarifa. Parecía como sin mucho sentido”, comentó.
Cálculos privados arrojan que Economía necesitará hasta USD 1.000 millones más en subvenciones por mes para sostener el congelamiento, aunque en la cartera sostienen que el equilibrio fiscal no está en peligro.
Si bien se espera que en 2024 haya un recorte en los subsidios energéticos respecto al año pasado, será de una magnitud menor a la esperada. “El año pasado tenías 2,3% del PBI en subsidios (1,6% Energía y 0,7% Transporte). Y el Gobierno se comprometió a llevar a 1,6% (1,1% Energía y 0,5% Transporte, un recorte de 0,7 puntos). Creemos que la energía va a terminar en 1,4-1,5% y se mantienen subsidios al transporte en 0,5 por ciento. Esto te da un recorte total de 2,3% a 1,9-2% del PBI”, estimó Rojo en un escenario en el que se retomen los aumentos después del período invernal.
La principal encrucijada del Gobierno es cómo comenzar a cobrar mayores tarifas a los segmentos N2 y N3, que representan casi 11 millones de usuarios o casi 2 tercios del total. La aspiración del secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, era resolver este frente con la implementación de un nuevo esquema de asignación de subvenciones a partir de una Canasta Básica Energética (CBE). Primero se iba a aplicar en abril, pasó a mayo, luego a junio y por ahora no es seguro que se aplique. Incluso se analiza en un esquema distinto para el mediano plazo, aunque no hay definiciones al respecto.
Según pudo reconstruir este medio de fuentes oficiales y del sector energético, la demora tiene que ver con la dificultad del entrecruzamiento de datos que necesitan para determinar qué hogares continuarán con la asistencia en sus boletas. En encontrar la sintonía adecuada trabajan el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, Caputo y Chirillo. La triada mantiene contacto todas las semanas para calibrar la hoja de ruta.
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