Argentina inició la recta final de negociación con el FMI con una arriesgada apuesta por no aceptar ajustes

Voces multilaterales en Washington creen que será difícil para la comisión técnica del gobierno de Alberto Fernández convencer al staff del Fondo de aceptar un acuerdo que no incluya algún tipo de ajuste para reducir el déficit

Sergio Chodos (centro), representante de la Argentina en el FMI, durante una visita pasada a la capital de los EEUU y al Fondo
Sergio Chodos (centro), representante de la Argentina en el FMI, durante una visita pasada a la capital de los EEUU y al Fondo

Desde Washington, EEUU - La delegación de técnicos argentinos que llegó a la capital estadounidense a inicios de semana entró, el martes, a su segunda jornada de negociaciones con el staff del Fondo Monetario Internacional encargado de ajustar la propuesta que, luego, subirá a los estamentos políticos de la multilateral que culminarán las negociaciones con el gobierno de Alberto Fernández para la reestructuración de la deuda y el pago de los USD 43.000 millones con el que la Argentina debe de cumplir.

Las conversaciones han arrancado en total hermetismo, e incluso compartimentadas al interior del FMI, según ha confirmado a Infobae en la capital estadounidense un funcionario multilateral que sigue las negociaciones entre Argentina y el Fondo.

Se sabe, por las declaraciones de funcionarios argentinos, que la delegación argentina llega con instrucciones de llevar a mínimos las propuestas de ajustes macroeconómicos que haga el Fondo, en especial en lo relacionado a la reducción del déficit, que es, según fuentes consultadas en la multilateral, uno de los puntos clave en esta etapa de negociación técnica.

“El caso argentino se ha convertido casi en un modelo de estudio en el Fondo. Y juega a favor de ellos que nadie quiere que estas negociaciones fracasen”

El mismo presidente Fernández, hablando a la clientela política interna en la Argentina, dijo antes de esta ronda de negociaciones en Washington que no negociará el reajuste de deuda basado en “ningún programa de ajuste”.

Un funcionario latinoamericano del Fondo enterado de las negociaciones con el gobierno de Fernández adelantó a Infobae que “no es realista” que la Argentina espere, en esta etapa de la negociación, que el FMI negocie demasiado a la baja los ajustes presupuestarios y la reorganización del gasto público que permitan a la Argentina reducir las brechas fiscales.

Pero, a favor de las pretensiones argentinas, otra fuente consultada, una diplomática latinoamericana que también ha seguido los detalles de las pláticas entre Buenos Aires y el Fondo, reitera algo que ya los argentinos escucharon durante las jornadas de otoño en octubre pasado: el FMI que dirige la búlgara Kristalina Georgieva ha invertido demasiado en la Argentina, a nivel político y financiero, como para permitir un fracaso absoluto de las negociaciones o, peor, un escenario de impago y default.

Kristalina Georgieva, directora gerente de FMI en una imagen de archivo. EFE/EPA/ERIK S. LESSER
Kristalina Georgieva, directora gerente de FMI en una imagen de archivo. EFE/EPA/ERIK S. LESSER

“El caso argentino se ha convertido casi en un modelo de estudio en el Fondo. Y juega a favor de ellos que nadie quiere que estas negociaciones fracasen”, dijo uno de los funcionarios consultados.

También, a favor del gobierno Fernández, de acuerdo con estas fuentes, parece apuntarse ahora el aparente repliegue táctico de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuyas declaraciones en contra del FMI y los programas de ajuste estructural siempre levantaron cejas y generaron suspicacias en los pasillos de las multilaterales en Washington.

Un intento de empujón final en un proceso atropellado

En octubre pasado, cuando el ministro Martín Guzmán vino a la capital estadounidense en la ronda previa de negociaciones, ensombrecidas entonces por los problemas internos de la directora Georgieva, los argentinos escucharon advertencias, en el Fondo y en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, sobre los obstáculos que el tinglado político interno podía crear para el buen curso de las negociaciones.

“El FMI que dirige la búlgara Kristalina Georgieva ha invertido demasiado en la Argentina, a nivel político y financiero, como para permitir un fracaso absoluto de las negociaciones”

En aquella ocasión, Argentina libró con éxito un primer escollo: Georgieva salió bien parada luego de un proceso de investigación interna que amenazó incluso con terminar en su destitución, lo cual, debido a la puja a favor de los argentinos que ha hecho la funcionaria búlgara, pudo haber sido problemático para Buenos Aires.

Y, en estas rondas técnicas de diciembre, el gobierno de Fernández parece haber despejado, en Washington, algunas de las dudas que provocaba la situación política interna, marcada entonces por las elecciones locales que se celebraban justo después de las reuniones de otoño, uno de cuyos efectos en la Argentina parece haber sido el repliegue momentáneo de la vicepresidenta.

La importancia de las sesiones que se celebren esta semana en Washington, apunta el funcionario del FMI consultado, es qué tanto los equipos técnicos se acerquen a números que, siendo satisfactorios para los objetivos políticos de Alberto Fernández, no “espanten” al FMI.

De estas reuniones, cree una de las fuentes consultadas, debería de salir una hoja de ruta para la negociación final con el FMI, ya en el plano político. Julie Kozack, la directora adjunta del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, el jefe de la misión del Fondo para la Argentina, son los funcionarios que presiden la negociación, y son ellos quienes tendrán que firmar la propuesta que eventualmente llegará a la junta de directores.

Es en esa etapa final que entrarán a jugar de lleno las consideraciones políticas de los grandes actores, Estados Unidos y la Unión Europea, y es ahí donde tocará a Guzmán y Fernández correr a dar las aseguranzas finales que el establishment del Fondo quiere escuchar, las cuales, aun con el apoyo explícito de Kristalina Georgieva, pasan por esos temas que tienen que ver con el ajuste estructural y la reducción de déficit por las que Buenos Aires quiere pasar de puntillas.

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