El Gobierno llegará a las elecciones con un pico de reactivación económica: ¿le alcanzará para ganar?

Más circulación, vacaciones de invierno, reapertura de paritarias y tranquilidad cambiaria son los pilares del plan oficial para llegar lo mejor posible a noviembre. Dudas por una tercera ola de COVID-19

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El “timing” del Gobierno para mover tanto las PASO como las elecciones generales parece estar funcionando (Foto Paula Ribas CGL)

La ciudad de Buenos Aires informó que el tránsito llegó a un 93% respecto a los niveles prepandemia y se registra un 31% más de demora que antes de que comenzaran las restricciones. En otras palabras, la circulación ya volvió prácticamente a niveles habituales, lo que de por sí implica un impulso a la actividad económica. Aun en una situación crítica, los comercios venden más, porque más gente camina por la calle, los shoppings están en funcionamiento y los restaurantes y cines ya pueden funcionar con un aforo mayor y aumentar sus niveles de facturación por jornada.

A esta descripción de lo que hoy sucede en la ciudad de Buenos Aires hay que sumar el turismo de vacaciones de invierno. La comparación con el año pasado es muy favorable, porque en 2020 estuvo prohibido circular prácticamente en todos los destinos del país. Y si bien no pueden llegar turistas extranjeros, crece el turismo interno porque hay fuertes restricciones para viajar al exterior.

El regreso a la “normalidad” es una pata clave del repunte que tendrá la economía en los próximos meses. El “timing” del Gobierno para mover tanto las PASO como las elecciones generales parece estar funcionando. Según estimaciones de la consultora Econviews, luego de la caída de la economía entre abril y junio, sobrevendrá un repunte de alrededor de 1,5% en el tercer trimestre, pero en el cuarto será mucho más notorio y agregará arriba de 3%. De esta forma se cumplirán los pronósticos de un rebote del 7% en 2021 luego del derrumbe del 10% el año pasado.

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Esto significa que a mediados de noviembre, en el momento de la elección legislativa, la actividad habrá llegado a su pico desde que comenzó la pandemia y se habrá acercado sustancialmente a la situación previa al comienzo de las restricciones.

Se trata de una de las patas centrales del plan del Gobierno para llegar lo mejor parado posible a ese momento. La reapertura económica va de la mano, además, de un fuerte aumento del ritmo de vacunación. La gran incógnita es, en todo caso, si se evitará una “tercera ola” de COVID-19 que obligaría a dar marcha atrás con este plan de vuelta a la normalidad. Esto tendría dos impactos directos: el económico, pero también el social, luego de un año y medio de restricciones que generaron un fuerte aumento de la pobreza y en el que cientos de miles de personas perdieron su trabajo a pesar de la prohibición de despidos.

Lo que importa

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En todas las encuestas en las que se le pregunta a la gente sobre las principales preocupaciones, la mayoría de las respuestas pasan por la inflación, la falta de empleo y en general las malas perspectivas sobre el futuro de la economía. Muy atrás aparecen cuestiones vinculadas con la salud y en general el riesgo sanitario.

En cuanto a la reactivación, hay sectores que claramente pasaron al frente, como la construcción. La industria sufrió el bajón de las nuevas restricciones en abril y mayo pero vuelve a mejorar en los últimos meses. Y el consumo lentamente da signos de despegue, aunque con menor intensidad que la deseada por el Gobierno.

La política de ingresos está encendida, aunque sin tanta potencia como en otras oportunidades. Por un lado están los bonos para jubilados y beneficiarios de planes sociales, que serán una constante hasta las elecciones. Y luego el impulso a reapertura de paritarias para que los aumentos salariales se acerquen al 45%. Pero se trata de una carrera contra la inflación, por lo que a duras penas permitirá mantener el poder adquisitivo del salario en 2021. El costo sin embargo será muy alto: la mayoría de las empresas no está en condiciones de afrontar ese ajuste salarial y no tendrá otro remedio que trasladar el mayor costo a los precios.

Guzmán en la reunión del G20 en Venecia. Por ahora no hay acuerdo con el FMI, sino manejo de expectativas EFE/Álvaro Padilla

Justamente la inflación es otra de las variables que definirá cómo se llega a las elecciones. Allí también hay noticias “menos negativas”. Luego de la baja marginal del mes pasado, todo indica que en julio continuará esa tendencia y es posible que el índice se acerque al 3% e incluso que finalice apenas por debajo. Igual el año terminaría con una inflación acumulada entre 48 y 50%, aunque con riesgo a terminar en un nivel mayor.

El comportamiento del dólar será en algún punto decisivo para sostener esta recuperación. Una nueva crisis cambiaria echaría por la borda todo lo que se está haciendo para conseguir la recuperación.

Cepo al cepo

El equipo económico se curó en salud la semana pasada al restringir todavía más la operatoria del “contado con liquidación”. El objetivo es minimizar la pérdida de dólares. Según un cálculo del economista Fernando Marul, luego de estas medidas el Central tendrá que intervenir con “solo” U$S 1.000 millones hasta las elecciones para contener cualquier peligro de desborde. De esta forma, las reservas líquidas se mantendrían en alrededor de USD 6.000 millones luego de esa fecha.

¿Le alcanzará al Gobierno esta incipiente recuperación para mejorar el resultado electoral? Es prematuro afirmarlo, pero puede volcar la balanza a favor de un porcentaje indeciso. Sobre todo mucha gente que lo votó a Alberto Fernández en 2019 y ahora se muestra desencantada por la gestión ante la pandemia y la crisis económica.

Tan importante como la reactivación será hasta qué punto esta mejora influye sobre las expectativas, que hoy siguen siendo sumamente negativas. No será sencillo convencer a la gente sobre un cambio en la tendencia descendente de la economía argentina por unos pocos meses de rebote.

Es difícil desconocer el tamaño de la crisis y en especial la falta de oportunidades que presenta la Argentina, que define peligrosos posicionamientos en la política exterior, una situación cambiaria endeble, fuerte déficit fiscal y dudas respecto a un futuro acuerdo con el FMI. Mientras no se despejen estas dudas, será difícil que la economía retome un camino de crecimiento real o que cambie drásticamente el humor social, hoy en sus peores niveles de los últimos años.

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