
El indicador de la presión fiscal sobre el trabajo se conoce como la “cuña fiscal” (tax wedge en inglés). Debe entenderse como la diferencia entre el costo laboral total para el empleador y el salario neto “de bolsillo” que el empleado se lleva a casa. Incluye las contribuciones a la Seguridad Social del empleador, del empleado y el Impuesto a las Ganancias sobre el salario. Resultan muy diferentes los datos comparativos entre los diferentes países, tanto en lo que se refiere a los componentes de dicho costo, como el porcentaje de la misma.
Existen países donde convive el impuesto sobre la Renta (Ganancias) con contribuciones sociales, tanto del empleador como del empleado. También hay países en los que no existen contribuciones a la Seguridad Social (como Nueva Zelanda y Dinamarca) y otros donde no se aplica imposiciones sobre el factor trabajo a cargo del empleado que se compensa con una mayor carga a la renta sobre tales retribuciones.
En 2018, las cuñas fiscales más altas para familias con dos hijos, en los que sólo trabaja un cónyuge que gana un salario medio, se registraron en Francia, con 39,4%; Austria, Bélgica, Finlandia, Grecia, Italia, Suecia y Turquía estuvieron por arriba del 37%. En cambio los más bajos impuestos salariales se registraron en Nueza Zelanda 1,9%; Chile 7% y Suiza 9,8%.
En la Argentina ronda el 34,6%. Esta carga no incluye otros conceptos que también incide en el costo, por ejemplo: Obra Social (6% cada uno), Cuota Sindical (2% o 2,5% según el caso), Seguro de Sepelio (1,5%). Además los Convenios Colectivos que tienen régimen especiales de jubilación pagan un 2% adicional de contribuciones y las ART cotizan valores diferentes según la actividad y la zona geográfica.
En el caso de Chile es interesante remarcar que las contribuciones sociales fueron sustituidas por un sistema de capitalización de las pensiones, resultando de un notable ahorro para los asalariados. Si analizamos la situación de América Latina y el Caribe, resulta que la presión sobre el Trabajo se sitúa en 21,6% de los costos laborales totales, que representa 15 puntos porcentuales menos que la media OCDE. Argentina tiene la más alta de la región con el 34,6% antes indicado, mientras que Brasil, Uruguay y Colombia tienen porcentuales apenas inferior a nuestro país.
Un aspecto a destacar que se visualiza en el cuadro siguiente es como se compone la “cuña fiscal”. Se observa que Argentina tiene mayores costos para el empleador y el empleado que el promedio de América Latina y OCDE.

Todos estos datos objetivos puestos de manifiesto, corroboran una cruda realidad: la informalidad en el mercado laboral y la escasa creación de empleo en las últimas décadas. Consideramos imprescindible medidas que vayan en el camino de reducción del costo laboral, en un país con una tasa de desocupación más que alarmante. En este sentido deberíamos profundizar la baja de los costos laborales con el objetivo de impulsar y motivar la creación de empleo formal privado genuino.
César Litvin es profesor titular de Teoría y Técnica Impositiva I en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
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