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Aranguren dio en la tecla: la falta de confianza es la principal falencia de la economía

Como el ministro, miles de ahorristas se resisten a traer su dinero. La consecuencia: presión cambiaria y suba del riesgo país

Las declaraciones radiales del ministro de Energía, Juan José Aranguren, generaron todo tipo de comentarios especialmente en las redes sociales. La mayoría de las posturas fueron críticas: "Si un funcionario de alto rango no tiene confianza en el país para traer su plata, qué nos espera al resto", fue el comentario más reiterado. Otros, sin embargo, optaron por una mirada más piadosa, que podría resumirse de esta forma: "Es preferible que te digan la verdad a que sigan con el verso como pasaba con el kirchnerismo".

Aranguren reconoció que la mayor parte de su fortuna la posee en el exterior y que por el momento no tiene pensado repatriarla. La excusa en la entrevista fue el pasado de la Argentina, puntualmente el reciente cepo cambiario que impedía girar capitales al exterior.

Pero el ministro no está solo. En realidad, la inmensa mayoría de los argentinos que ingresó al blanqueo sigue con su dinero en el exterior. Las sociedades de Bolsa y bancos reconocen que los fondos que han sido repatriados son ínfimos. Si bien entraron al sinceramiento fiscal más de 116.000 millones de dólares, más de 55.000 millones se declararon en cuentas fuera de la Argentina y otros USD 20.000 millones en riqueza fuera del país en otro tipo de activos. Pero esa enorme fortuna no volvió por diversos motivos.

Falta de incentivos para traer la plata

La causa más concreta es que en realidad no existe incentivo alguno para traer la plata al país. No hay beneficio alguno por hacerlo por lo menos desde el punto de vista impositivo. Es lo mismo tener bonos argentinos en una cuenta afuera que tenerlo localmente. Si se trata de un título en dólares, paga 15% de impuesto a la renta financiera desde este año. La única ventaja es exclusivamente para los que compran acciones argentinas: afuera pagan 15% y acá están exentos. Pero el universo que elige esta opción es todavía ínfimo.

Por supuesto que ese dinero blanqueado sigue representando una oportunidad gigantesca para la economía argentina. No se trata de convencer a grandes multinacionales que inviertan en el país. Basta y sobra con que sean los propios argentinos los que están dispuestos a hacerlo. Pero para eso se requiere lo mismo que le falta a Aranguren: confianza.

El proyecto de ley de mercado de capitales que sería sancionado este mes, luego de la revisión del Senado y el regreso a la Cámara Baja, procura brindar nuevos instrumentos para canalizar ese ahorro que hoy está fuera del país. Por ejemplo a través de fondos comunes cerrados de inversión, que canalizarán recursos principalmente a real estate y a otros sectores de moda como la energía. Pero para eso hace falta que los inversores estén convencidos de que no habrá cambios en las reglas de juego y que impera la seguridad jurídica.

Los indicadores de la desconfianza

Que falta confianza en la economía, a pesar de que Mauricio Macri lleva adelante un gobierno "pro mercado", se evidencia en varios indicadores. Uno de ellos es el riesgo país, que este año subió casi 20% y prácticamente muestra que la deuda argentina es una de las que tuvo peor comportamiento desde que arrancó el año. Ese índice había arrancado en 350 puntos básicos a fin de año y ahora está en 415. El contraste es siempre Brasil, que a pesar de sus turbulencias políticas y dudas de cara al año electoral, prácticamente no sufrió un deterioro. Lo mismo pasó con Perú aun luego de la renuncia de su presidente hace apenas dos semanas.

Pero hay más: la dolarización de portafolios también es un síntoma muy claro de esa desconfianza. Los ahorristas compran alrededor de USD 2.000 millones mensuales, presionando en forma constante sobre el tipo de cambio. El Central se vio obligado a vender justamente USD 2.000 millones en marzo para que el dólar se quede quieto y alentar al "carry trade", es decir que los inversores opten por colocarse en pesos y aprovechar una tasa de interés que se ubica por encima del 2% mensual. Sin embargo, este trasvasamiento ha sido extremadamente tímido hasta ahora. En el BCRA reconocen que hasta que no mejore la credibilidad de los inversores, será difícil equilibrar el mercado cambiario.

Pros y contras del gradualismo

El gradualismo fiscal no ayuda precisamente a que los inversores ganen confianza más rápido. El ala económica viene llevando una política que podría traducirse como de un avance "lento pero seguro". Los objetivos finales son mantener el crecimiento en el orden del 3% en los próximos años, ir reduciendo el déficit hasta el equilibrio fiscal para el 2021, y que el nivel de deuda en relación al Producto se estabilice por debajo del 40% (teniendo en cuenta la tenencia entre privados).

Este enfoque recibió un fuerte apoyo del Fondo Monetario durante la visita de la titular del organismo, Christine Lagarde, y unos días más tarde también de la calificadora de riesgo Standard and Poor's. Pero además varios bancos que salieron a recomendar activos argentinos a partir de estas metas, como el caso de Morgan Stanley, JP Morgan y el brasileño Pactual.

El presidente Mauricio Macri y la titular del FMI Christine Lagarde en su reciente visita al país

El largo plazo necesario para conseguir los resultados desde el punto de vista de los objetivos fiscales y de inflación conspira justamente contra la búsqueda de mayor credibilidad. Y cobran más fuerza las voces de economistas y empresarios que desafían el modelo. Razón no les falta, teniendo en cuenta la historia de la Argentina como un país que repetidamente defaultea y que también se cansó de incumplir con las metas fiscales en el pasado. "Ahora es distinto", aseguran en la Casa Rosada. Pero es una frase que se escuchó a todos los gobiernos en los últimos treinta años. Y dos años es demasiado poco para sacar conclusiones.

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