El argentino Guido Pella reacciona durante su partido de tenis individual contra el alemán Philipp Kohlschreiber en la Copa Davis Madrid Finals 2019 en Madrid el 20 de noviembre de 2019. (AFP)
El argentino Guido Pella reacciona durante su partido de tenis individual contra el alemán Philipp Kohlschreiber en la Copa Davis Madrid Finals 2019 en Madrid el 20 de noviembre de 2019. (AFP)

“¡Vamos-vamos! ¡Vamos Argentina!” Gritaron en el piso 28 de hotel Eurostars Tower, donde se reunió el equipo argentino a ver los partidos de la serie de Serbia ante Francia, con la expectativa de que los resultados posibilitaran la clasificación a los cuartos de final. Filip Krajinovic le daba el primer punto al conjunto de la Europa del Este (vencía al francés Tsonga 7-5 y 7-6) y rienda suelta a la esperanza de los dirigidos por Gastón Gaudio.

El nuevo formato de la Copa Davis le agregó esto a la competencia: vértigo, dinámica y constante tensión, lo que se evidenció en las primeras horas de este jueves en el que Argentina no salió a la cancha, pero jugó su clasificación.

El día anterior, los corazones se habían ido rotos de la Caja Mágica, detrás de la derrota por 0 a 3 frente a Alemania, en la que Leonardo Mayer resumía las chances que creían tener para continuar en el certamen: “Es más fácil ganar el Loto a que nosotros clasifiquemos a cuartos”.

Sin embargo, ninguno había hecho las cuentas hasta ese momento, lo que les despertaba mayor incertidumbre y generaba una sensación de duelo por adelantado.

La rápida derrota de Bélgica, por la tarde, y algunos apuntes rescatados desde el sector de prensa les levantó el ánimo y partieron rumbo al hotel a tomar la calculadora y hacer cuentas. Si bien Argentina dependía de otros resultados, cayeron en cuenta de que habían dejado la vara bastante alta como para que otro le quitara la posibilidad de ser uno de los dos mejores segundos de la fase de grupos. Bélgica pudo haber sido uno de ellos, pero perdió fácil, Rusia había clasificado en el Grupo B y Argentina quedaba a la espera en el C, mientras que Italia y Estados Unidos se eliminaban entre ellos. Por lo que sólo quedaba aguardar por dos resultados. Pero se darían al día siguiente.

A las 10 de la mañana, el equipo se levantó a desayunar con un mejor semblante. Para las 11 de Madrid, hora del inicio de los encuentros que faltaban, el capitán ya había juntado a todos en lo alto del hotel. Se desplegaron alrededor del televisor y la ansiedad empezó a jugar su propio partido en los corazones de los jugadores.

La victoria del británico Kyle Edmund sobre Kukushkin (Kazajistán), por un doble 6-3, no llamó la atención del grupo. Sus miradas estaban puestas en la victoria de Serbia sobre Francia. Poco más de dos horas después, llegaba la explosión, la algarabía. Saltos, insultos, gritos y agradecimientos a Krajinovic por ese primer punto.

El capitán se puso de pie y los puso en marcha, el destino ya no era el aeropuerto como lo tenían previsto para la noche. “Vamos a entrenar, continuemos con nuestras rutinas”.

Djokovic ya había salido a la cancha para enfrentar al francés Benoit Paire, por el segundo punto de la serie, cuando comenzaron a subir al transporte rumbo a los entrenamientos en la Caja Mágica.

En ese momento, Silvana, la mamá del Peque Schwartzman, empezaba a tratar de averiguar qué sucedía. Ella precisaba detalles, porque necesitaría cambiar también sus pasajes de regreso. “¿Es cierto que los chicos están cerca de clasificar?”, consultaba exaltada.

Al llegar al estadio, se dirigieron a la Sala de Jugadores en donde volvieron a juntarse para seguir de cerca las acciones de los partidos restantes. Nole terminaba de eliminar a Francia, clasificar a su país y sacarle a otro rival del camino a la Argentina. Ahora sólo restaba saber la cantidad de sets que obtendrían Gran Bretaña y Kazajistan para calcular el average (porcentaje de sets ganados sobre los sets jugados). Cuando Alexander Bublik le ganó un set a Daniel Evans las cuentas le abrieron el camino al elenco nacional.

Hubo suspiros, un leve festejo y momento para relajarse, después de tanta tensión. Gastón Gaudio y Gustavo Marcaccio quisieron verificar la veracidad de sus cuentas, cuando aún los kazajos y británicos tenían el match de dobles por jugar. Llegaron hasta la oficina del árbitro general con los apuntes en la mano y le consultaron: “¿Argentina está clasificada por el average de sets ganados?”. La respuesta afirmativa les terminó por dar la tranquilidad que esperaban y regresaron para darle certezas al grupo, pero con mucha seriedad. “Listo, clasificamos a cuartos, logramos un objetivo, pero aún no se ha ganado nada. Seguimos en el torneo, pero ahora, lo más importante es lo que tenemos por delante, que es España”.

La felicidad los acompañó primero al gimnasio y luego hasta la pequeña cancha N°4, en donde realizaron movimientos de práctica. Primero Diego y Guido y posteriormente la pareja de dobles que viene compitiendo: Machi González y Leo Mayer. Horacio Zeballos, quien era la base de la dupla, ni siquiera entrenó y parece quedar descartado de la competencia por la lesión en el aductor derecho.

Todo transcurrió en medio de la alegría que también les llegaba desde su cuerpo técnico. Walter Alfonso, masajista del equipo desde hace muchos años, bromeaba diciendo que a estos “les gustan los mimos después de entrenar y ahora van a empezar a desfilar por la camilla para que les dé unos buenos masajes”.

Por la noche, el equipo regresó a la tranquilidad del hotel, su cabeza está puesta en el partido de las 17:30 (13:30 de Argentina) ante España. Sus pasajes ya habían sido cambiados de fecha. La mamá de Schwartzman, más aliviada, también había logrado modificar sus tickets de regreso a la Argentina.

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