"Pensar una Rosario metropolitana es inentendible sin hablar de la expansión de la frontera sojera, de la cuarta revolución industrial y del desarrollo de polos tecnológicos de punta. Hay que ponerse a pensar en serio y en forma realista cuáles van a ser los nuevos empleos que se pueden generar en el corto plazo para integrar socialmente a los jóvenes a través del trabajo", advierte Cristina Díaz, extitular del Departamento de Administración Pública de la UNR y actual directora del Grupo Política & Gestión de la propia UNR y de la Maestría en Evaluación de Políticas Públicas de la UNER.

"Ya no se puede pensar la integración al trabajo como se pensaba en la segunda revolución industrial, porque sabemos que el vínculo entre el Estado y los sindicatos agotó su potencial", añade esta académica, quien destaca la experiencia positiva que ha tenido en la provincia de Santa Fe el programa nacional "FinEs" en su versión local "Vuelvo a Estudiar", que permite completar los estudios secundarios tanto en forma presencial como a distancia. "Ahora bien, la posibilidad de graduarse sin una capacitación para un empleo que pueda ser demandado socialmente y que le permita a la persona tener un anclaje en la estructura productiva no termina de resolver el problema", añade esta especialista en políticas públicas y desarrollo local, en una larga charla con DEF.

-¿Cómo atiende una gran metrópoli como Rosario las nuevas demandas sociales?
Rosario enfrenta nuevas demandas desde hace varias décadas. La configuración de la sociedad ha cambiado dramáticamente. En una provincia como Santa Fe, que tiene tanta diversidad de realidades locales, la ciudad de Rosario tiene sus particularidades y una de ellas es que ha sido gestionada desde posicionamientos políticos [el Partido Socialista y el Frente Progresista Cívico y Social] que no han tenido que ver con la fuerza dominante a nivel nacional. Desde mi punto de vista, cuando el gobierno provincial santafesino y el de la ciudad de Rosario tuvieron el mismo color político [a partir de diciembre de 2007], no se aprovechó adecuadamente la posibilidad de atender esas demandas sociales. La expansión de la frontera agrícola, el auge de la soja, el tema portuario y la situación estratégica de Rosario en el marco de la Hidrovía permitieron una transformación económica y social que no se aprovechó para que la ciudad pudiera hacerse cargo de gestionar las problemáticas que trajo consigo toda esta transformación. No hubo posibilidades de redistribuir, en una magnitud significativa, los recursos generados ni tampoco de hacer las inversiones públicas necesarias en la región. Tal vez, lo más cuestionable haya sido la falta de una política clara y sostenida de producción y empleo que estuviera a cargo de ambos gobiernos subnacionales [el municipal y el provincial] y la ausencia de un relacionamiento efectivo con los actores clave de la producción.

El nuevo Hospital de Emergencias “Dr. Clemente Alvarez” (HECA), inaugurado por la Municipalidad de Rosario en 2008. Foto: Fernando Calzada.
El nuevo Hospital de Emergencias “Dr. Clemente Alvarez” (HECA), inaugurado por la Municipalidad de Rosario en 2008. Foto: Fernando Calzada.

-¿Qué faltó en la atención de esas demandas sociales?
-Los indicadores sobre la pobreza ya eran serios cuando empezó el proceso de la descentralización en Rosario. Nosotros tuvimos esa discusión con el equipo de la universidad que trabajó por convenio con la Municipalidad de Rosario. Había representantes de las facultades de Ciencias Económicas, de Arquitectura y de Ciencia Política. Algunos de nosotros teníamos una mirada respecto de que lo estratégico en ese momento tenía que ver con la atención de la gran población con necesidades básicas insatisfechas en los barrios y con las carencias de obras de infraestructura. El Plan ABRE, que fue diseñado por Mónica Bifarello [exministra de Desarrollo Social de la provincia de Santa Fe, fallecida en 2017], llegó a atender integradamente muchas de esas problemáticas en los barrios. Sin embargo, lo que predominó en la gestión fue otra lógica política que tuvo más que ver con que la ciudad ya no estuviera de espaldas al río Paraná, que se abriera a los espacios públicos y que se gestionara de manera descentralizada.

La expansión de la frontera agrícola, el auge de la soja y la situación estratégica de Rosario en el marco de la Hidrovía permitieron una transformación económica y social que no se aprovechó para que la ciudad pudiera hacerse cargo de gestionar las problemáticas que trajo consigo esa transformación.

-¿Cuál es el rol de la administración local en la atención de los problemas vinculados con la pobreza estructural?
-Yo he trabajado en barrios periféricos y he identificado situaciones graves de pobreza que ya empezaban a hacerse visibles en las décadas del 70 y del 80. Creo que se las dejó avanzar demasiado y no es responsabilidad de un solo gobierno o de una sola gestión. Tampoco se aprovechó la potencialidad que tenían algunas organizaciones sociales y vecinales, a las que se pretendió controlar desde la política. Hoy los gobiernos locales, incluso en ciudades grandes como Rosario, están muy condicionados por el nivel de profundidad y la magnitud de esas problemáticas. Incluso con iniciativas interesantes, como ha sido la apertura al trabajo conjunto con redes de ciudades que tienen esos mismos desafíos, creo que nos hemos quedado retrasados en la implementación y puesta en marcha de este tipo de políticas, sobre todo en la última década.

Una postal de la desigualdad en un barrio de la zona sur de Rosario. Foto: Fernando Calzada.
Una postal de la desigualdad en un barrio de la zona sur de Rosario. Foto: Fernando Calzada.

-En cuanto a la problemática de la integración social, se habla mucho de los problemas en la zona sur de Rosario. ¿Cómo se puede trabajar desde el sector público con los actores locales?
Los niveles de pobreza que tenemos y la degradación que vemos en los trabajos informales han hecho que la desarticulación social sea bastante profunda. No es solo un problema de la zona sur, sino también del noroeste de la ciudad de Rosario, donde se ven situaciones terribles. He trabajado, hasta la década del 90, en la zona de Empalme Graneros, donde estuve en contacto con organizaciones vecinales, escuelas y todo el entramado barrial. Gran parte de ese entramado se fue desarticulando porque muchos de esos actores sociales, que volcaban su potencial en la actividad barrial o vecinal, fueron cooptados por la política y, de alguna manera, ese potencial que tenían se esterilizó. Otras organizaciones siguen teniendo vitalidad. Han surgido nuevos movimientos, como Giros, que dio origen al partido Ciudad Futura [cuarta fuerza política más votada en las recientes elecciones municipales en Rosario]. Como movimiento social de nuevo cuño, ellos han podido dar el paso de lo social a lo político-institucional. Muchas organizaciones sociales de la ciudad, con una larga trayectoria y mucho trabajo, esconden su pertenencia o directamente trabajan en contraposición a la política. Giros es un movimiento que superó esta discusión porque se asumió como político desde lo social y entendió que participar en la política institucional habilitaba otras posibilidades que, de haber quedado limitado a lo social, no habría podido aprovechar. En Rosario, también está muy presente el tema de los feminismos, pero se ve una fuerte radicación de los cultos evangélicos en las zonas más desfavorecidas y periféricas, con otra lógica de relación entre lo social, lo político y lo personal que va a más allá de las estructuras tradicionales.

-Un tema que ha sido muy valorado de la gestión en Rosario fue el de la salud pública. ¿Qué transformaciones se han logrado en ese sentido?
La atención de la salud ha puesto a Rosario en el mapa y sigue siendo señera en la región. En ese sentido, la política ha sido inteligente y efectiva. Los efectores de salud que estaban en la periferia urbana, adonde no llegaba el Estado, se reorganizaron en términos de un sistema integrado de salud. Se encontró, con mucho esfuerzo, luego de años de trabajo conjunto con las organizaciones vecinales, un modus vivendi que les permitió tener aprendizajes mutuos. En lugar de competir poniendo dispensarios o centros de atención primaria, la idea que impulsó la ciudad de Rosario contribuyó a que hubiera una racionalidad en el sistema, con una muy buena derivación y cobertura.

Agradecemos la colaboración de Hugo Bruera, Julio Casola y Alberto Neirot para la concreción de esta entrevista en la ciudad de Rosario.

*La versión original de esta nota será publicada en la Revista DEF N. 128