
Jaques Yves Cousteau estaba convencido de que, en tierra, el hombre lleva sobre sus hombros la carga de la gravedad; entonces, bajo el agua, descubrirá la libertad. En Mar del Plata, precisamente en la Escuela de Buceo de la Armada Argentina, hombres y mujeres de la Fuerza se preparan para convertirse en buzos tácticos y de salvamento, una elección que marcará su carrera. A diferencia del explorador francés, en este lugar, el buceo se orienta a un propósito aun mayor que lograr la deseada libertad individual: está vinculado a la defensa de la soberanía.
DEF compartió una jornada con los jóvenes que, en este momento, realizan el curso. Lo hacen con absoluto profesionalismo, pues saben que tanto el buceo como el ambiente geográfico en el que se desempeñarán implican riesgos. Por eso, a lo largo de prácticamente un año, deben cumplir con una serie de exigencias –tanto prácticas como intelectuales– para poder egresar. Asimismo, como señalan desde la Base Naval de Mar del Plata, es fundamental comprender que cada egresado es también el resultado del trabajo en equipo.
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RESCATE Y COMBATE
Si bien en la Escuela de Buceo se dictan varios cursos, existen dos principales: el de buceo de salvamento y el de buceo táctico. “Hay una etapa conjunta donde se preparan para bucear. Una vez que egresan, se separan y hacen el curso específico”, explica el capitán de corbeta Pablo Spinetta, director de la Escuela. Este año, 12 efectivos de la Armada se inscribieron para el de salvamento, mientras que otros 10 lo hicieron en el táctico. Para poder hacerlo, los jóvenes, cuyo promedio de edad de oscila entre los 23 y los 29 años, debieron aprobar una serie de estudios psicofísicos y médicos vinculados al buceo. Una vez aptos, tuvieron que atravesar otro obstáculo excluyente: aprobar las pruebas físicas. Ninguno puede ser parte del curso sin pasar con éxito esas instancias.
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¿Cuál es la diferencia entre ambas orientaciones? Mientras que el buceo táctico está orientado al combate, el de salvamento apunta al rescate y reflotamiento de unidades. Los primeros están asentados en Mar del Plata; los segundos irán destinados a las bases navales que existen en el país, pues integran el grupo de apoyo y respuesta inmediata.

En este momento del año, los cursantes se encuentran en una etapa de adaptación denominada acuatización: deben hacer las prácticas en un ambiente controlado, instancia clave, ya que en ella también se adaptan a los equipos que utilizarán. Como explican desde la Escuela, se busca que la adaptación sea gradual para poder afianzar los conocimientos antes de avanzar. Deben sentirse seguros y confiados ya que, luego, deberán desempeñarse en la dársena y en el mar: bucean en agua límpida y dulce, en unos meses lo harán en agua fría y en un ambiente hostil. De todas maneras, lo aprendido se pondrá a prueba en los ejercicios finales. Allí, a los cursantes se les exige al máximo y tendrán que enfrentar situaciones que simulan ser reales. En el caso de los buzos tácticos, el clima y el cansancio, por ejemplo, son algunos de los factores que los llevan a dar todo de sí para poder egresar. Por su parte, el teniente de navío Gonzalo Canosa, responsable de este curso, indica: “Tenemos una etapa que se hace con un equipo de buceo de circuito cerrado, que no larga burbujas al exterior, y hay que saber bucear con brújula. El buceo, para nosotros, es un medio de aproximación. Vamos armados porque, si algo sale mal, tenemos que regresar combatiendo”.
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En cambio, la actividad final del curso de salvamento busca aplicar todos los conocimientos adquiridos para poder reflotar un objeto hundido. “En la dársena, hay un barco que se destruye y se hunde. No solo deben encontrarlo, sino que además deben encargarse de las averías y reflotarlo”, dice Spinetta.

“TODAS LAS MAÑANAS PREGUNTAMOS SI ALGUIEN SE QUIERE IR”
Salvando las distancias, el film estadounidense Hombres de honor recrea el curso de buceo de la Armada estadounidense. “El buceo es el trabajo más peligroso en la Marina”, advierte Robert De Niro al interpretar a Billy Sunday, el instructor.
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Como en la película, en Mar del Plata los cursantes comienzan temprano la jornada, a las siete y media de la mañana, con una formación de la que participan todos. Posteriormente, en una primera etapa, el plantel de instructores los acompaña en el adiestramiento físico, que incluye natación. Más adelante, la actividad también incluirá una preparación en tanques. “Sabemos que están bien físicamente, que saben nadar y que tampoco tienen miedo al agua. Así que comienzan los ejercicios básicos de buceo”, explican desde la Escuela. A medida que el curso avanza, los alumnos comenzarán a recibir materias cada vez más específicas. Medicina aplicada a la actividad, explosivos, y cartografía son algunos de los conocimientos que deben incorporar en las clases que finalizan pasadas las cuatro y media de la tarde y que son impartidas por docentes, tanto militares como civiles. Finalmente, durante los últimos días del curso, deberán permanecer, sin francos de por medio, abocados a la preparación.

“Todas las mañanas, preguntamos si alguien se quiere ir. Lo hacemos porque el curso es netamente voluntario y no se puede forzar a alguien a hacerlo”, explican. En ese sentido, Canosa cuenta que, si alguno no cumple con los objetivos, los camaradas colaboran para que pueda hacerlo. “No hay forma de pasar este curso si no es en equipo”, comenta.
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¿Cómo describirían el ambiente en el que deben desempeñarse? “Con respecto al buceo de salvamento, son tareas largas, de mucho esfuerzo y con mucha camaradería. Además, por las características, el Atlántico Sur es hostil de por sí. Hay que acostumbrarse a eso”, responde Spinetta. Por su parte, el jefe del curso de buzos tácticos indica que para esta especialidad deben acostumbrarse a la adversidad: “No se puede elegir el día de trabajo, se debe cumplir con la misión, ya sea con sol o con tormenta”.

EQUIPOS E INSTALACIONES
Para el entrenamiento, la escuela posee dos tanques, una cámara de recompresión para tratamientos médicos y el centro hiperbárico o simulador de buceo de profundidad. Con respecto a este último, en palabras del suboficial primero Néstor Eduardo Mercado, encargado del centro hiperbárico, en los buques suelen sumergir una campana: “Esto la simula. La idea es que los buzos puedan hacer su trabajo pero sin salir a la superficie, allí harían la descomprensión, dependiendo del tipo de buceo”. ¿Qué ocurriría si salieran del agua? “Afuera respiramos oxígeno, nitrógeno y otros gases. Incluso, en nuestro cuerpo, contamos con nitrógeno diluido en pequeñas burbujas, las cuales pueden circular. En el buceo, aumenta la presión y, al hacerlo, el nitrógeno posee mayor carga. Bajo la superficie, las burbujas continuarán siendo pequeñas, pero si el buzo emerge de repente, va a disminuir la presión y las burbujas se agrandarán. Quizá se estanquen en una articulación, provocando dolor, pero, en el peor de los casos, se pueden alojar en el sistema nervioso. Para eso, existen la cámara hiperbárica y las tablas de tratamiento. En la cámara, sometemos al buzo a presión, lo que genera que la burbuja sea eliminada”, responde el encargado.
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Con respecto a los tubos que se utilizan en las actividades, estos son cargados por el instituto. “El que utilizamos se denomina aire respirable y debe cumplir con determinados estándares de calidad. Para eso, contamos con personal de bioquímicos que lo analizan”, explica Mercado. En ese sentido, Spinetta comenta que siempre se siguen determinados procedimientos, ya que nada puede fallar, pues está en riesgo la vida de los efectivos. “Además de los instructores, calificados, siempre contamos con médicos y enfermeros. Sin importar la jerarquía, yo voy a depender al 100 % de la persona que esté a mi lado”, agrega el director, desde la Escuela, donde, además, se llevan adelante otros cursos, como el de buceo en aguas polares. En la Antártida, los integrantes de este grupo de élite deben sumergirse bajo el hielo. “Tenemos un punto de entrada y uno de salida. Hay un procedimiento por seguir. Son aguas mucho más frías, por eso contamos con trajes especiales, y podemos encontramos con témpanos. Otra particularidad es que existe mejor visibilidad”, cierra Mercado.
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