Hay frases que cruzan los siglos sin perder un gramo de pólvora. Palabras que, al leerse hoy, no suenan a mármol de museo ni a efeméride escolar, sino a una bofetada directa a nuestra realidad. En enero de 1854, una mujer que regresaba del destierro con el equipaje cargado de ideas prohibidas escribió una línea que sintetiza un proyecto de nación entero: “La verdadera prosperidad de un pueblo, como la verdadera nobleza de los individuos, está basada en la educación”. Su autora fue Juana Manso.
Juana Manso es la misma a la que la historia oficial confinó durante décadas al rol de “sombra” o “asistente” de Domingo Faustino Sarmiento, pero que en realidad funcionó como una usina ideológica autónoma, radical y molesta para el orden conservador del siglo XIX. Para entender la potencia de la frase, hay que viajar al barro y a la incertidumbre de la Argentina post-rosista. Tras la Batalla de Caseros en 1852, el país intentaba refundarse, pero las viejas estructuras coloniales seguían intactas.
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En este panorama la educación era un privilegio de casta reservado para los hijos varones de las familias patricias. Entonces Juana Manso fundó un artefacto cultural inédito: Álbum de Señoritas. No era un libro, sino un periódico de literatura, modas, bellas artes y teatro que comenzó a publicarse el 1 de enero de 1854. El título funcionaba como una trampa perfecta, un caballo de Troya: bajo la estética de una revista para la élite femenina, Manso introdujo los debates más provocadores de la época.
Fue precisamente en el Tomo I, Número 4 de Álbum de Señoritas, el 22 de enero de 1854, donde publicó el artículo titulado Educación Popular / Escuelas de Refugio. Allí se encuentra la famosa frase, seguida de un remate que la historia biempensante prefirió omitir: “Se quiere al país sumido en la ignorancia para dominarlo mejor”. Álbum de Señoritas es una de las piedras fundacionales del periodismo feminista y pedagógico en América Latina. Rompió el monopolio de la voz masculina en el espacio público.
Mientras los hombres discutían con fusiles la aduana y la constitución, Juana Manso utilizaba sus páginas para demostrar que ninguna república sería posible si se mantenía a la mitad de su población (las mujeres) en la minoría de edad intelectual. El periódico sobrevivió apenas unos meses debido al boicot de la sociedad porteña, que consideraba “inmorales” e “indecentes” las ideas de Juana Manso. Sin embargo, dejó sembrada la semilla de lo que vendría después: la escuela laica, mixta y universal.
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Pero volvamos a la frase. En primer lugar, redefine el concepto de “prosperidad”. Para la clase dirigente de la época —y para muchos sectores del presente—, la prosperidad de un pueblo se mide en variables económicas, exportaciones o balanzas comerciales. Manso desplaza el eje: el desarrollo económico es un cascarón vacío si el pueblo no tiene las herramientas intelectuales para gestionarlo con soberanía. En segundo lugar, ataca el concepto de “nobleza” y dinamita el privilegio de sangre.
Esa línea de 1854 resume la biografía entera de su autora. Juana Manso no entendía la educación como un mero proceso de alfabetización o adiestramiento técnico para el mercado laboral; para ella, educar era un acto emancipatorio y político. A lo largo de su vida, aplicaría esta premisa sin concesiones. Tradujo manuales, eliminó los castigos físicos de las aulas, defendió el juego como método pedagógico y se enfrentó a la Iglesia Católica al exigir una educación laica que no discriminara por dogmas de fe.
Al morir en 1875, le negaron el entierro en el cementerio local por no haber querido recibir los últimos sacramentos, teniendo que ser sepultada inicialmente en el cementerio de disidentes británicos. En un presente donde el valor de la escuela pública se discute bajo lógicas de presupuesto y donde el acceso al conocimiento crítico sigue siendo una disputa diaria, la advertencia de la gran educadora argentina resuena con la fuerza de un rayo: un pueblo ignorante es un pueblo “domado”.
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¿Quién es Juana Manso?
Juana Paula Manso nació en la Ciudad de Buenos Aires el 26 de junio del año 1819 y se convirtió en una de las mentes más brillantes, combativas y adelantadas del siglo XIX en América Latina. Debido al régimen de Juan Manuel de Rosas, debió exiliarse junto a su familia en Uruguay y Brasil, donde comenzó su carrera literaria publicando poemas y la novela histórica La familia de Marín, además de casarse con el violinista portugués Francisco de Sá Noronha, con quien recorrió Estados Unidos.
A su regreso definitivo a la Argentina, se consolidó como periodista y escritora fundamental al fundar el periódico Álbum de Señoritas y publicar obras de fuerte denuncia social como la novela antislasvista La emancipada y el pionero Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el primer manual de historia escrito para las escuelas del país. Su destino definitivo se cruzó con el de Domingo Faustino Sarmiento, con quien entabló una alianza intelectual inquebrantable.
Como directora de la Escuela Normal Mixta N° 1 y editora de Anales de la Educación Común, revolucionó las aulas prohibiendo los castigos corporales e introduciendo la música, el juego y los jardines de infantes. Perseguida y tildada de “loca” por los sectores ultraconservadores debido a su defensa radical de la emancipación femenina, falleció en la pobreza el 24 de abril de 1875 a los 55 años. “Juana Manso es el primer misionero laico de la educación popular”, dijo educadora Juana Elena Blanco.
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