El trabajo de la artista argentina La Chola Poblete, como sus figuras hechas con plantillas del Che Guevara o del logo de la cerveza Quilmes, junto con la investigación de dos artistas flamencos españoles, cuestionan la idea de una cultura pura y abordan las huellas del colonialismo en la exposición Continentes como semillas, que se inaugurará este jueves en Madrid.
Tras su paso por el centro CARA de Nueva York, esta muestra llegará a La Casa Encendida de la capital española para entrelazar la inmensidad de las rutas marítimas comerciales y el territorio íntimo de la piel para explorar cómo las identidades culturales se construyen a partir de intercambios, apropiaciones y desplazamientos.
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La muestra, que podrá visitarse hasta el 10 de enero en Madrid, cuenta con la investigación del músico español Niño de Elche y el artista Pedro G. Romero, quienes expresan el mapa geopolítico de la dominación a través del flamenco.
Poblete, en cambio, contrae ese mapa hacia el interior, utilizando su propio cuerpo y su identidad trans e indígena como el espacio físico donde impactan y perviven esas lógicas coloniales.
Este mecanismo de apropiación ejerce de puente directo entre los dos proyectos: un tejido fabricado en China que termina erigiéndose como el símbolo máximo de la “españolidad” —el mantón de Manila— y una comunidad originaria masacrada cuyo nombre acaba convertido en el logotipo de la popular cerveza argentina Quilmes.
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La identidad como resistencia
Frente a la resonancia de los mantones, La Chola Poblete (Argentina, 1989) despliega su resistencia de forma visceral. Una de las figuras más destacadas del arte latinoamericano actual, la artista transformó las paredes blancas de La Casa Encendida en un gran lienzo de arte urbano.
Con una estética que bebe del grafiti y la intervención callejera, los muros de la sala se llenan de mensajes en espray —como el contundente “En un mundo de gusanos capitalistas hay que tener coraje para ser mariposa”—, figuras hechas con plantillas del Che Guevara o del logo de Quilmes y representaciones de cuerpos trans y racializados que desafían al espectador.
En este sincretismo visual, donde cohabitan iconografía pop, deidades andinas y crudeza urbana, Poblete reescribe el relato frente al borrado histórico de los pueblos indígenas.
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Las dos propuestas parten así de lugares aparentemente alejados pero terminan encontrándose: el flamenco y el cuerpo de una artista trans e indígena muestran cómo aquello que nace en los márgenes puede convertirse también en una herramienta para cuestionar los relatos dominantes.
Para Moscoso, el diálogo entre ambos trabajos permite precisamente mirar el colonialismo no como un proceso terminado, sino como una estructura cuyos efectos siguen presentes en la cultura, en los cuerpos y en las formas en que se construyen las identidades.
Memoria, migración y resistencia
La exposición ‘The Circle Project’, de Bouchra Khalili, que también se inaugurará este jueves hasta el 29 de noviembre, recupera la memoria de las luchas de los trabajadores migrantes magrebíes en Francia durante los años setenta, cuando el teatro se convirtió en una herramienta de activismo por la igualdad de derechos.
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A través de dos videoinstalaciones, ‘The Circle’ y ‘The Storytellers’, y un mural, la artista reconstruye el legado del Movimiento de Trabajadores Árabes (MTA) y de los grupos teatrales Al Assifa y Al Halaka, surgidos en aquel contexto.
Khalili conecta testimonios, archivos, música y fragmentos de antiguas representaciones con las voces de quienes participaron en aquellas luchas y de jóvenes que las recuperan medio siglo después.
El flamenco como registro de extracción
En su instalación sonora ‘Sadopítna’ (“Antípodas” al revés), Niño de Elche y Pedro G. Romero utilizan el flamenco para seguir las huellas del Galeón de Manila, la primera red comercial que durante más de dos siglos conectó Asia, América y Europa.
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Los clásicos mantones de Manila, de fondo negro y bordados con grandes rosas rojas, se integran tensados sobre unas plataformas rectangulares a modo de altavoces. De ellas surge la música, de manera que el tejido se convierte también en soporte físico de los relatos sonoros.
Fuente: EFE
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