En el año 2009, Mark Fisher publicó Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? En su primera página, lanzaba un misil directo a la línea de flotación de nuestra época: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. La frase corrió como reguero de pólvora. Se transformó en grafiti en las universidades de Santiago de Chile, se repitió en las asambleas de Occupy Wall Street en Nueva York y mutó en miles de memes de Twitter e Instagram. El autor de la frase era Fredric Jameson.
¿Quién es este gran intelectual de la teoría crítica y el marxismo occidental, fallecido en septiembre de 2024 a los 90 años? Viajemos al pasado. El contexto en el que Jameson concibe esta idea es el de la euforia neoliberal absoluta. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la posterior disolución de la Unión Soviética, el politólogo Francis Fukuyama había decretado el pomposo “Fin de la Historia”. La premisa global era unívoca: la democracia liberal y el libre mercado eran la última estación del progreso humano.
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Es en ese clima donde Jameson viaja a la Universidad de California en Irvine para dictar las conferencias Wellek que se convertirían poco después en el libro Las semillas del tiempo, publicado en 1994. En sus páginas, el filósofo estadounidense intenta descifrar por qué el pensamiento utópico parece haber colapsado. Allí formula la cita (menos pulida): “Parece ser más fácil para nosotros hoy imaginar el deterioro total de la Tierra y de la naturaleza que el colapso del capitalismo tardío”.
Las semillas del tiempo es un libro bisagra. Si bien su obra cumbre es El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, este volumen condensa la transición hacia un capitalismo que también controla la producción de deseos, fantasías y futuros. La importancia del libro radica en que funciona como un manual de resistencia mental: analiza cómo el arte intenta desesperadamente encontrar grietas en un sistema que se ha vuelto invisible por el simple hecho de que pasó a ser el aire que respiramos.
El autor detectó antes que nadie que la industria del entretenimiento masivo padece de una miopía política severa. Somos perfectamente capaces de sentarnos a consumir megaproducciones cinematográficas como Matrix, Mad Max: Furia en el camino, The Walking Dead o El día después de mañana: esos escenarios nos resultan familiares, asimilables y, paradójicamente, entretenidos.
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Sin embargo, si a ese mismo espectador se le pide que imagine una película de distribución masiva donde el dinero ya no exista, donde las corporaciones no gobiernen las vidas o donde los bienes comunes se gestionen de manera comunitaria sin la lógica de la ganancia, el cerebro colectivo se bloquea. Nos parece una fantasía infantil o inverosímil. Hemos naturalizado que el capitalismo es una ley de la física, como la gravedad, mientras que el planeta es una contingencia que podría estallar mañana.
La frase resume el corazón de toda la obra de Fredric Jameson. Su obsesión teórica nunca fue la economía pura, sino el “inconsciente político” de las sociedades. Para el pensador de Cleveland, el capitalismo posmoderno es totalitario en un sentido nuevo: no necesita de policías en cada esquina porque ha logrado colonizar el espacio psíquico de los individuos. Al clausurar la capacidad de proyectar un mañana diferente, el sistema nos condena a un eterno presente.
Por eso, toda la obra de Jameson —desde sus estudios sobre las novelas de Philip K. Dick hasta sus ensayos sobre el cine de David Cronenberg— fue un intento sistemático por rescatar la potencia de la utopía. Él no creía que el capitalismo fuera eterno, sino que nos habían robado las herramientas lingüísticas y estéticas para narrar su final. Volver a leerlo nos recuerda que la verdadera crisis contemporánea no es solo económica o ambiental, sino, fundamentalmente, una crisis de la imaginación.
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¿Quién es Fredric Jameson?
Fredric Jameson nació en Cleveland, Ohio, en 1934 y se formó en las universidades de Yale y Haverford, además de realizar estudios en Europa, donde absorbió las corrientes del estructuralismo y la teoría crítica continental. Dictó clases en la Universidad de California y la Universidad de Duke consolidándose como el teórico marxista y crítico cultural más influyente de los Estados Unidos. Su vida estuvo dedicada a cartografiar cómo las transformaciones del sistema económico moldean el arte y el pensamient.
Su producción es fundamental para comprender la cultura contemporánea. La más importante es El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío (1991), donde analiza cómo el mercado globalizó y superficializó las expresiones artísticas. A este título se le suman El inconsciente político (1981), Las semillas del tiempo (1994) y Arqueologías del futuro (2005). Su monumental trayectoria intelectual que llegó a su fin en septiembre de 2024, cuando falleció a los 90 años.
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