Carlos Silveyra, escritor, editor y maestro especializado en literatura infantil y juvenil, murió el miércoles 12 tras una internación por problemas respiratorios, aunque su fallecimiento se conoció recién este viernes. Tenía una trayectoria de cuatro décadas en docencia, edición y crítica, y días antes había dado en la Feria del Libro Infantil la que reconoció como su despedida profesional.
Esa conferencia, contó Ures, la tituló Lo viejo también sirve haciendo referencia a El Eternauta, de Oesterheld con quien había trabajado en Editorial Atlántida.
Su trayectoria abarcó cuatro décadas de producción autoral, dirección editorial, formación docente y crítica periodística. Silveyra fue maestro, profesor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y psicólogo social. Su campo de investigación se centró en la tradición oral dentro de la literatura infantil, área sobre la que dictó conferencias en universidades de Argentina, América Latina y España.
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El autor y director de teatro y televisión Rodrigo Ures, referente de las producciones para público infantil, lo recordó con una frase que lo dice todo: “Fue un tipazo”. También contó: “Su paso por Billiken es recordado por su interesante manera de unir el planteo didáctico y escolar típico de la revista con lo popular del mundo del espectáculo. En sus tapas podía aparecer Susana Giménez, Maradona o Superman. Implementaba ideas muy de vanguardia, recuerdo una versión de fotonovela de la obra teatral EL IMAGINARIO de Hugo Midón o una sección llamada la Pandilla de Annie aprovechando la llegada del musical a la Argentina”. Y concluyó: “Sin lugar a dudas, Carlos Silveyra fue un pionero en la cultura para las infancias”.
A lo largo de su carrera, Silveyra publicó 37 títulos destinados a niños y docentes. Su obra circuló más allá de las fronteras argentinas: algunos títulos se editaron en Puerto Rico, Venezuela, Chile, México y Uruguay.
En una entrevista, cuando le preguntaron qué libros no deberían faltar en la biblioteca de un chico, Silveyra respondió con una lista que arrancó con entusiasmo y se extendió sin pausa: “¡Tantos! La historia de un amor exagerado, de Graciela Montes, La historia interminable de Michael Ende, Cuentos ridículos de Ricardo Mariño, La sueñera de Anny Shúa, Historia de Vladimir de Perla Suez, Frin de Luis María Pescetti, Tutú Marambá de María Elena Walsh, Toby de Graciela Cabal, El gallo pinto de Javier Villafañe, ¡Silencio, niños! y otros cuentos de Ema Wolf, Willy el tímido de Anthony Browne…”, y aclaró que la enumeración podía seguir. La lista reunía a autores argentinos de distintas generaciones junto a referencias de la literatura infantil europea, y funcionaba como un mapa de sus preferencias como lector y como especialista del sector.
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En paralelo a su obra, Silveyra ejerció la crítica de literatura infantil y juvenil en los diarios Clarín y La Nación de Buenos Aires, y publicó artículos académicos y de divulgación en Argentina y España.
Un recorrido editorial de cuatro décadas
En el plano editorial, Silveyra ocupó cargos de conducción en sellos centrales del segmento infantil y educativo. Dirigió las revistas Billiken y AZ Diez —esta última entre 1995 y 1998— y ejerció la dirección editorial en AZ Editora. Antes, había coordinado la serie escolar El Trébol Azul en Aique Grupo Editor (1991-1992) y la Colección Infantil Juvenil en Quipu (1992-1994).
Más adelante asumió como director editorial y luego como director general en el Grupo Macmillan de la Argentina, con injerencia sobre Editoriales Puerto de Palos, Estrada y Macmillan. Para ese grupo concibió la colección Todos Distintos.
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Reconocimientos y presencia institucional
En el ámbito institucional, Silveyra fue socio fundador y expresidente de ALIJA (2009-2010), la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina, y participó en la Comisión de Educación y en la Comisión Organizadora del Congreso Internacional de Promoción del Libro y la Lectura de la Fundación El Libro.
Entre sus distinciones figuran el Premio Pregonero al Docente (1998), el Pregonero de Honor (2013), el premio Al maestro con cariño (1998) y múltiples menciones como Destacado de ALIJA en las categorías traducción, colección, testimonial y comunicaciones teóricas.
Desde 2013, coordinó el capítulo argentino de Canal Lector por encargo de la Fundación El Libro, en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Madrid.
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