Del Fogón de los Arrieros a la Bienal de Chaco: Resistencia vibra a puro arte

La Fundación Urunday impulsa un certamen único donde las piezas nacen a la vista de todos, se votan y terminan en esquinas y parques, alimentando un patrimonio que ya trepa a cientos

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Del Fogón de los Arrieros a la Bienal de Chaco: Resistencia vibra a puro arte

Fernando, un perrito blanco que deambulaba por Resistencia y al que la ciudad adoptó como propio, descansa bajo un monolito en la vereda del Fogón de los Arrieros. En la casa se conserva una foto de su velorio multitudinario, mezclada con imágenes de la vanguardia artística argentina que solía reunirse allí para conversar y celebrar fiestas de toda especie.

Pettoruti, Lucio Fontana, Noemí Gerstein, Grete Stern, Oscar Alemán, Borges, Cortázar, Marcel Marceau y una lista interminable de personajes circularon por la casa siempre abierta de Aldo Boglietti y de su mujer Hilda Torres Varela. Los invitados fueron depositando allí una colección ecléctica de objetos hoy colgados del piso al techo que incluyen obras de Manuel Espinosa, una colección de esculturas de Juan de Dios Mena, los guantes de Carlos Monzón y la hélice del avión de Jean Mermoz. Y un archivo jugoso de correspondencia en donde los artistas develan las peripecias de sus procesos creativos.

Con el tiempo las esculturas salieron a la calle. Resistencia se convirtió en un gran museo a cielo abierto, con más de 100 obras emplazadas en las esquinas y plazas de la ciudad. Fabriciano Gómez, un asiduo del Fogón, impulsó un certamen de escultura que le dio origen a la Bienal del Chaco, que nació en 1988 y fue creciendo hasta convertirse en el evento cultural más convocante del norte argentino.

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La Bienal, organizada por la Fundación Urunday —custodia del legado de Fabriciano—, se realiza en un predio de 14 hectáreas y es única en su tipo: las obras se crean in situ y el público participa con voz y voto. Durante diez días, diez escultores de distintos países trabajan sin descanso ante una concurrencia que llega al millón de personas, ajena al ruido de las amoladoras y al polvo de mármol que lo cubre todo. Terminadas las piezas, se emplazan en la ciudad, que ya reúne casi 800 esculturas.

Durante diez días, diez escultores de distintos países trabajan sin descanso ante una concurrencia que llega al millón de personas

Este año hubo 439 postulantes. Los seleccionados son el argentino Néstor Vildoza; Alex Sorokin, de Bielorrusia; Giorgi Minchev, de Bulgaria; Mauricio Guajardo, de Chile; José Carlos Cabello Millán, de España; Francesca Bernardini, de Carrara, Italia; Anna Rasinska, de Polonia; Furkan Depeli, de Turquía; Lyudmyla Mysko, de Ucrania, y Ulash Urakov, de Uzbekistán. Bajo máscaras y equipos de protección, todos resultan casi irreconocibles. El público asiste sorprendido al derrumbe de un mito: los artistas se parecen menos a criaturas etéreas del Parnaso que a obreros de la construcción.

En un espacio aparte, estudiantes de artes de trece universidades compiten en su propio certamen: en parejas o tríos, disponen de 48 horas para tallar esculturas en madera, sin margen para dormir. El público pregunta, opina, vota y conversa también con los escultores invitados, siempre dispuestos a compartir técnicas y materiales. Entre ellos sobresalen Carola Zech, con sus impecables paneles rotantes de aluminio coloreado; el español Rafael Blasco Ciscar, con Dolmen, una obra de hormigón y aluminio martillado que evoca un pasado remoto; y Desirée de Ridder, con Rugido de fuego, un enorme yaguareté erguido como figura totémica, hecho de adobe y entregado luego a las llamas.

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Pero la Bienal ofrece mucho más: en un pabellón se exhiben obras de Magda Frank, cedidas por su Casa Museo y la USAL, junto con piezas de Stephan Erzia, el escultor ruso que, fascinado por el Chaco y la madera de algarrobo, permaneció casi tres décadas trabajando en Resistencia.

La Bienal, organizada por la Fundación Urunday se realiza en un predio de 14 hectáreas y es única en su tipo

En una gran carpa, la Fundación Chaco Cultural impulsa el IX Encuentro de Arte Indígena y Artesanos de Pueblos Originarios, una valiosa muestra de tradiciones antiguas que, en algunos casos, se transforman por la escasez de materiales. Los canastos reinventados en plástico son puro rock.

Hay gastronomía, escenarios en vivo —con Abel Pintos, vecino de Resistencia, anunciado para el cierre del domingo—, experiencias inmersivas de arte y tecnología, charlas, foros y música sinfónica.

La academia también aporta su mirada. “El Congreso Internacional de Artes, organizado por la Facultad de Artes, Diseño y Ciencias de la Cultura de la UNNE, nació para sumar reflexión teórica e investigación al desarrollo de la Bienal de Chaco”, explica el decano Gabriel Romero. Este año, bajo el eje Museos, gestión cultural y turismo en diálogo, participaron Federico Posadas, ministro de Cultura y Turismo de Jujuy; Claudia Lamas, directora de Patrimonio de Salta; Pancho Marchiaro, director del Palacio Ferreyra de Córdoba, y Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, entre otros, en conversaciones sobre los desafíos y beneficios de articular una política de turismo cultural.

Mientras tanto, los perros —algunos con chalecos que llevan sus nombres, otros subidos a móviles o custodiando herramientas— siguen adueñándose de la escena. Impasibles ante el movimiento y el ruido, se saben herederos de Fernando y reciben gestos de afecto con estoicismo regio.