Cómo se vive la final en las librerías de argentinos en Madrid: “Fingir indiferencia sería bastante poco literario”

Andrea Stefanoni de La Mistral y Daniel Ulanovsky Sack de Olavide, cuentan la atmósfera que se respira en la capital española, en la previa del partido decisivo del Mundial 2026

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Ya pasaron cuatro años desde que abrió la librería Olavide, un bar de libros en el barrio de Chamberí, en el centro de Madrid

Desde que empezó el Mundial, en la vidriera de la librería madrileña La Mistral -entre Plaza Mayor y Puerta del Sol- hay un maniquí sin cabeza. Entre libros de Virginia Woolf, Amy Fusselman y García Lorca, ese torso fantasmagórico se erige con una remera argentina con el 10 y el Sol de Mayo, una bufanda típica de la Selección de España y una larga falda flamenca. “El Mundial altera el pulso de cualquier ciudad”, dice Andrea Stefanoni quien después de años en la gerencia de El Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires, largó todo y abrió La Mistral en 2021.

“Fingir indiferencia frente al Mundial sería bastante poco literario. Lo vivimos con entusiasmo, nervios y ese fatalismo teatral que forma parte de nuestra tradición. Pero no intentamos convertir la librería en una tienda de souvenirs futbolísticos. Preferimos aprovechar el clima para recordar que el fútbol también produce relatos, mitologías, héroes, villanos, épica popular y una cantidad formidable de literatura. El fútbol es una de las grandes narraciones colectivas de nuestro tiempo”, asegura.

Daniel Ulanovsky Sack ya había vivido en España —dos años, fue a principios de los dos mil—, pero con la pandemia decidió volver a instalarse. Y fue definitivo. Frente a lo que se cree, lo recibieron muy bien. “Alquilamos un departamento sin mayor problema. Mis hijos se pudieron anotar en la escuela. No hubo ningún tipo de problema”, cuenta, del otro lado del teléfono, mientras acomoda libros. Ya pasaron cuatro años desde que abrió su librería, su bar de libros, en el elegante barrio de Chamberí. Se llama Olavide y está cerca de la plaza que lleva ese mismo nombre.

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Desde que empezó el Mundial, Madrid tiene otro color, otra vibra. “Las publicidades, mucha gente con la camiseta de España, los bares que te invitan a ver el mundial ahí, con televisor, los lugares públicos que puso el Ayuntamiento para verlo en comunidad, amigos que acuerdan en qué momento se van a encontrar para verlo... Mucho flor de piel”, dice. Hace unos días, un compañero de su hija y su padre los invitaron a ver la final juntos. “Le dije no”, dice y se ríe. “Iba a ser muy incómodo”.

El maniquí fantasmagórico en la vidriera de La Mistral, mitad argentino, mitad español

La conversación argentina

“Nunca fuimos una librería argentina”, dice Ulanovsky, tajante. “Somos una librería generalista española cuyos propietarios son argentinos“, agrega. Como argentinos, dice, ”conocemos más de literatura argentina y latinoamericana y podemos tener algún autor un poco diferenciado frente a otra librería porque conocemos mucho, mucho más. Pero somos una librería española, no somos una librería argentina. Estamos en una zona muy poblada de Madrid. La idea siempre fue ser una librería para todos".

Olavide siempre organiza actividades —esta semana estuvieron Claudia Piñeiro y Reynaldo Sietecase— pero no están explotando la temática mundialista: “En el Mundial de Qatar hicimos una mesa especial de fútbol y la verdad que se vendió poco. Ahora hemos vendido algunos libros, la historia de las camisetas, cosas así, pero no mucho más que eso. Hay una demanda que se nota, pero es pequeña”. “Hay mucho clima mundialista, sí, pero no veo el cruce entre clima mundialista y literatura”, agrega.

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En La Mistral, cuenta Stefanoni, “lo argentino está muy presente, pero no como una escenografía ni como una consigna de marketing”. “Está en los libros, en la conversación, en la manera de recomendar y también en cierta forma de entender la librería: como un lugar donde la cultura no se exhibe detrás de una vitrina, sino que se discute, se contradice y se comparte”, agrega la dueña de la librería ubicada en pleno centro de la capital española.

Aunque no estén pintadas de celeste y blanco, estas librerías tienen atesoran joyas argentinas. A La Mistral “mucha gente se acerca por curiosidad, por afecto o por una relación personal con Argentina. Algunos buscan a Borges, a Cortázar, a Piglia, a Alejandra Pizarnik o a Mariana Enriquez; otros vienen detrás de una memoria familiar, de un viaje o de una música. Pero creemos que lo identitario funciona mejor cuando no se vuelve una frontera. La literatura argentina es una puerta de entrada".

“Nunca fuimos una librería argentina", dice Ulanovsky sobre Olavide. “Conocemos más de literatura argentina y latinoamericana, sí. La idea siempre fue ser una librería para todos"

Racismo, inmigración y caricaturas

Por los exóticos motivos digitales, en época mundialista volvió una vieja idea rara: el racismo argentino. “Sí, esas conversaciones existen acá y no creemos que haya que evitarlas”, dice Stefanoni. “Argentina, como cualquier sociedad, tiene contradicciones, prejuicios y asuntos pendientes. Negarlo sería irresponsable. Pero también nos incomodan las condenas colectivas y las simplificaciones, porque ningún país cabe entero en un titular, en un cántico de estadio o en una polémica de redes sociales”.

“El racismo es un tema vigente en todas partes: también aquí, donde la inmigración obliga a España a mirarse en un espejo que no siempre resulta cómodo”, asegura. “La crítica es necesaria cuando ayuda a pensar. Cuando se convierte en caricatura, deja de iluminar y empieza a confirmar prejuicios ajenos. No creemos que la respuesta deba ser el nacionalismo defensivo, tampoco la aceptación automática de cualquier acusación dirigida contra millones de personas como si fueran una identidad homogénea”.

El actual gobierno socialista de España, explica Ulanovsky, “es más bien proinmigración, de hecho ahora hay un blanqueo muy grande que cumplió todas las expectativas. No están poniendo trabas, te diría que al revés. Es una sociedad, como muchas y como la Argentina, bastante dividida. La izquierda ganó las elecciones hace tres años, pero el año que viene, que hay nuevas, no queda tan claro que vaya a ganarlas de nuevo”. Como en muchos países, la derecha se hizo fuerte en los últimos años.

“Hay una parte de la derecha, que es Vox, un partido ultra, que saca alrededor del catorce por ciento. Ellos sí están en contra de los inmigrantes. Hablan mal, le tienen mucho miedo, sobre todo al que viene de países árabes. Por todo el tema religioso. Un poco menos los latinoamericanos y aún menos a los argentinos, porque Vox se lleva muy bien con Milei. Acá la sociedad está dividida, pero no vas a ver, como en otras partes del mundo, que haya caza de inmigrantes o cosas así”.

El clima mundialista tiñó de fútbol esa vieja discusión: “Ahora está todo el debate si aquellos que son hijos de inmigrantes árabes o inmigrantes negros son considerados españoles para la selección. El caso más famoso es el de Lamine Yamal. Pero te diría que es un debate minoritario. No es tan fuerte acá y la mayor parte de la gente está muy contenta con su selección, está orgullosa. Y el español, te diría, que es un hombre bastante menos racista que la media en Europa. No digo que no haya, pero..."

A La Mistral, cuenta Stefanoni, “mucha gente se acerca por curiosidad, por afecto o por una relación personal con Argentina. Creemos que lo identitario funciona mejor cuando no se vuelve una frontera. La literatura argentina es una puerta de entrada"

La felicidad indiscreta

Nadie sabe qué va a pasar el domingo. Allá, en territorio adversario, los argentinos sonríen cómplices. Una clienta se acercó a Ulanosky y le dijo en broma: “Nos van a expulsar”. Los españoles se prestan. Lo que siempre repiten, una vez concluida la conversación futbolera, es: “Que gane el mejor”. “Qué bien Messi, pero esperemos que este domingo no le vaya bien”, le dijo hace unos días la farmacéutica y le guiñó el ojo. “No me siento en absoluto amenazado”, y cruza los dedos detrás de la espalda por Argentina.

Pero, ¿qué es lo que se dice de la Selección Argentina? ¿Qué rumores terribles circulan como muñecos vudú imaginarios? ¿Qué clase de críticas buscan maldecir a La Scaloneta? “Está el tema de si los referís interfirieron o la suerte nos jugó a favor, si las decisiones que nos beneficiaron están en el reglamento o no. Pero más allá de eso, en la vida cotidiana el argentino es muy bien recibido. En la librería siempre recibo buena onda. Acá se vende mucho a Enriquez, Schweblin, Cabezón Cámara“.

“Así que sí: al Mundial lo celebramos, conversamos, recomendamos libros y dejamos que la librería se contagie de la emoción”, dice Stefanoni, desde allá, Madrid, sobre el final de esta conversación. “Pero procuramos no reducir la cultura argentina a una pelota, aunque en días como estos la pelota parezca contener el universo entero”, agrega. ¿Cómo se preparan para el partido final? “Con más intensidad de la que sería razonable admitir. Pero una final no es solamente un partido”, responde la librera.

“Hoy me reí porque leía a un español que decía que no le preocupaba perder la final, sino tener que escucharnos durante cuatro años. Pensé que era una observación bastante justa. Los argentinos somos un pueblo poco dado a la discreción cuando la felicidad nos visita”, cuenta del otro lado del Atlántico, donde los colores que inundan las calles son otros, distintos, extraños, ajenos. “Después, volveremos a los libros. Aunque, si ganamos, probablemente tardemos un poco más”.