Hace muchos años, mientras estaba al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Honduras, me encontré atrapado en una contradicción que me hacía ruido. Los ensayos generales me parecían, francamente, una pérdida enorme de recursos. Imaginate la escena: la orquesta completa arriba del escenario haciendo exactamente el mismo esfuerzo que harían a la noche, tocando a la perfección, pero vestidos de civil y con una platea inmensa, oscura y completamente vacía. Sentía que esa música se perdía en la nada. Así que un buen día me decidí, fui a hablar con el ministro de Educación y le tiré una propuesta: “¿Por qué no traen a los ensayos a los chicos de las escuelas?”.
Ese fue el inicio de algo hermoso que terminó convirtiéndose en una sana costumbre. Cada ensayo general de la orquesta se transformó en un espacio abierto para los chicos de las escuelas de Tegucigalpa y de los alrededores. Ver sus caras al descubrir los instrumentos por primera vez me cambió la perspectiva.
Cuando pisé de nuevo la Argentina, esa idea me seguía dando vueltas en la cabeza. Me decía a mí mismo que tenía que hacer algo parecido, buscarle la vuelta. De esa inquietud nació La vuelta al mundo en un violín, un espectáculo de música clásica para chicos con una orquesta de cuerdas que, por suerte, tuvo muchísimo éxito y nos dio varios premios. Pero lo más importante es que fue la semilla de todo lo que vino después. Entre el público de esas funciones andaba dando vueltas la gente de TEDxRíodelaPlata, quienes poco después me convocaron para dar una conferencia.
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Pasar de la batuta al formato TED fue un desafío tremendo. Son charlas cortas, el reloj digital corre en una pantalla frente a vos, te apura el aire y tenés que ser milimétricamente preciso y concreto con lo que querés transmitir. Esa conferencia la titulé, justamente, La Música de las Ideas.
Para mi total sorpresa, la charla tuvo una repercusión que jamás hubiera imaginado. Se viralizó en redes, la gente se la compartía y me empezaron a llover convocatorias de organizaciones y empresas de todo el país y del exterior. En medio de ese revuelo, apareció un productor marplatense, Manuel Martí, con una propuesta que me dejó helado: “¿Y si probamos llevar esto a un teatro comercial?”. Mi primera reacción fue de pura duda, pero soy de los que piensan que hay que tirarse a la pileta. “Probemos, total no se pierde nada”, le dije. Yo estaba convencido de que era una simple prueba, una humorada de una sola noche, y que después volvería a mi rutina de siempre.
Bueno, esa supuesta “prueba” ya lleva más de 120 funciones. Hacer gira nacional por todas las provincias argentinas, viajar a España y recorrer Latinoamérica con este espectáculo es un éxito que me sigue conmoviendo y sorprendiendo función tras función. La interacción con la gente a través del piano, ver cómo se ríen y cómo se conectan con los secretos y curiosidades de la música es algo mágico.
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Para este espectáculo, significó pasar de los veinte minutos de TED a armar un show de más de una hora y media para lo cuál tuve que rescatar ocurrencias de otras conferencias y ponerme a pensar que era lo que la gente quería aprender y escuchar. El hilo conductor para que el público se divierta y se interese es el humor, y uso varios juegos y ejercicios interactivos para que la gente se ría y cante canciones que conoce de toda la vida. La idea es que sea un espacio donde se puedan divertir y distender aprendiendo.
Como el espectáculo es muy dinámico y tiro muchísima información desde el escenario, hace un poquito más de un año la Editorial Siglo Veintiuno, de la mano de Diego Golombek, me propuso un nuevo desafío: volcar toda esa experiencia y la esencia de la charla TED en un libro.
Ahí volvieron a aparecer los miedos del proceso creativo. Yo soy músico, me encanta escribir, pero sé perfectamente que no tengo una formación de escritor. Sentarse a estructurar las ideas para el papel te exige otra artesanía, otra paciencia. Sin embargo, con la gran ayuda de Diego, el libro salió a la luz y, de nuevo, la respuesta de la gente me desbordó. Es hermoso ver que cuando termina la función, el público sale con una alegría desbordante y muchos se llevan el libro bajo el brazo para regalar, como un recuerdo o para seguir informándose en casa sobre lo que acabamos de compartir.
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A la larga, entiendo que es una propuesta abierta para todo el mundo porque toca una fibra muy humana. A veces escucho que la gente dice: “Lo principal en la vida es la salud”. Yo estoy convencido que la música genera salud, aporta bienestar emocional y físico, y nos conecta con lo mejor de nosotros mismos. Por eso hay que darle el lugar que se merece y priorizarla en el día a día, como lo que realmente es: un bien esencial para el alma.
*La música de las ideas se presenta este viernes a las 20.30 en ND Teatro (Paraguay 918, CABA)
[Fotos: gentileza EHD Prensa]