Una investigación académica reciente ha cuestionado las identificaciones tradicionales de algunos retratos de la corte de Enrique VIII al aplicar sofisticadas técnicas de reconocimiento facial. El estudio, desarrollado por expertos de la Universidad de Bradford, utilizó modelos de inteligencia artificial especializados en el análisis biométrico de estructuras óseas y proporciones faciales para resolver dudas históricas sobre los retratos realizados por Hans Holbein el Joven.
Estos avances científicos no solo desafían creencias sustentadas durante siglos, sino que amplían la discusión sobre la identidad visual de figuras centrales en la historia de Inglaterra.
De acuerdo con los investigadores liderados por Karen Davies, solo se ha confirmado la identidad de 30 de los 85 dibujos que conforman la colección real en el Castillo de Windsor.
PUBLICIDAD
Muchas de las atribuciones actuales dependen de anotaciones del siglo XVIII basadas en fuentes no verificadas o ya desaparecidas, un panorama que llevó a la entonces directora de la National Portrait Gallery de Londres a calificar las identificaciones como “abiertas a cuestionamiento”.
El modelo de inteligencia artificial elaborado por la Universidad replicó su éxito previo —como la atribución del “de Brécy Tondo” a Rafael— y ahora arroja luz sobre la identidad de dos dibujos clave de Holbein. El primero, históricamente identificado como Ana Bolena durante más de dos siglos, habría retratado en realidad a Elizabeth Howard, madre de la reina, basándose en el análisis fisonómico y en una coincidencia del 75 % con la imagen de Isabel I. Esta similitud es consistente con una relación biológica de abuela y nieta, según los resultados publicados en la revista Heritage Science.
Este giro se apoya en la comparación con fuentes diplomáticas y testimonios de la época, que describen a Ana Bolena como una mujer de cabello oscuro y cuello corto. Sin embargo, la figura del dibujo tradicional muestra a una mujer rubia, de complexión más robusta y con papada. Los autores del estudio sugieren que el semblante podría deberse a una enfermedad que, según un informe de 1536, aquejaba a Howard.
PUBLICIDAD
La segunda revelación atañe a un dibujo en los archivos históricos bajo la etiqueta de “Mujer no identificada”. Los análisis indican que representa realmente a Ana Bolena. Esta imagen concuerda con los relatos contemporáneos sobre la reina y coincide con un retrato conservado en la National Portrait Gallery, que durante el reinado de Isabel I fue considerado el estándar para representar a su madre. El color del papel, rosado, usado por Holbein entre 1532 y 1543 durante su segundo período en Inglaterra —época coincidente con el reinado de Ana— refuerza la hipótesis de autenticidad.
Según detalla el estudio publicado en Heritage Science: “Nuestro análisis de reconocimiento facial demuestra que [Mujer no identificada] alcanza un 76,9 % de similitud con el retrato autenticado de Isabel I a los 13 años. Es consistente con relaciones madre-hija en nuestro conjunto de datos validado.”
El estudio indica que la imagen tradicional de Bolena corresponde en realidad a su madre, Elizabeth Howard, mientras que un dibujo sin identificar representaría a la propia Ana Bolena. El hallazgo reconfigura la iconografía de una de las figuras centrales de la dinastía Tudor y abre nuevas perspectivas sobre el archivo retratístico de Holbein.
PUBLICIDAD
El debate sobre la representación de Ana Bolena se ha reavivado en años recientes. Investigaciones por infrarrojos han mostrado que, en un retrato conocido como el “Rose”, conservado en el Castillo de Hever en Kent, las manos de la reina fueron modificadas décadas después de su ejecución para contrarrestar rumores de la época isabelina que la señalaban como bruja y le atribuían deformidades físicas. Este retrato forma parte de una exposición actual en Hever Castle que reúne alrededor de 30 representaciones de Ana Bolena.
Además, el reciente cuestionamiento sobre la veracidad del retrato de Ana Bolena conservado en la National Portrait Gallery indica que podría tratarse en realidad de una imagen de Isabel I, hija de la rey. Esto refuerza la idea de que la imagen pública de Bolena fue objeto de reinterpretaciones sucesivas impulsadas tanto por intereses políticos como por la escasez de retratos auténticos sobrevivientes a la época.
Los hallazgos del equipo dirigido por Karen Davies subrayan que los desarrollos recientes en visión por computadora y aprendizaje profundo han dotado a los sistemas de reconocimiento facial de niveles de precisión equivalentes o superiores a los del ojo humano: “El análisis biométrico proporciona pruebas cuantificables para evaluar hipótesis de atribución en competencia, especialmente cuando los expertos reconocen la incertidumbre en la identificación de los retratados.”
PUBLICIDAD
Al reexaminar figuras centrales de la corte de Enrique VIII con ayuda de la inteligencia artificial, el estudio de la Universidad de Bradford ofrece nuevas certezas en un campo marcado durante siglos por la falta de documentación verificable y la proliferación de tradiciones orales.