En 1955, el panorama intelectual francés estaba dominado por el existencialismo de Jean-Paul Sartre, que ponía al ser humano, su libertad y su conciencia en el centro absoluto del universo. Sin embargo, ese mismo año, un antropólogo que había pasado años observando comunidades indígenas en el Mato Grosso y la Amazonia publicó un libro que funcionó como una granada de fragmentación contra el narcisismo de la modernidad. Ese hombre era Claude Lévi-Strauss y el libro, Tristes trópicos.
La frase que corona el final de la obra —“El mundo comenzó sin el hombre y acabará sin él”— es el manifiesto del estructuralismo y una bofetada al humanismo tradicional. Aunque se formó en la filosofía, Claude Lévi-Strauss no era un etnógrafo convencional: fue en Brasil, durante su labor docente en la Universidad de São Paulo, donde encontró su vocación. Al observar a los caduveo, los bororo y los nambikwara, no vio “salvajes” ni sociedades primitivas, sino sistemas lógicos de una sofisticación asombrosa.
En Tristes trópicos, mezcla el diario de viaje, la memoria personal y el rigor científico. El libro es famoso por su primera línea (“Odio los viajes y a los exploradores”), una ironía dirigida a quienes buscaban exotismo superficial en lugar de comprensión profunda. Pero también por la frase mencionada. Para el estructuralismo de Lévi-Strauss, el ser humano no es el “dueño” de la historia. Nosotros somos, en realidad, estructuras atravesadas por leyes biológicas, lingüísticas y sociales que nos trascienden.
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Al afirmar que el mundo terminará sin nosotros, el autor nos sitúa como un accidente biológico. Para él, la cultura —esa gran construcción humana que incluye desde la Novena Sinfonía de Beethoven hasta los mitos analizados en su tetralogía Mitológicas— es apenas un breve parpadeo en la inmensidad del tiempo geológico. Tristes trópicos cambió la forma de entender la alteridad. Allí argumentó que el progreso no es una línea recta que lleva hacia Occidente, sino que cada cultura es una respuesta a la existencia.
Hoy, en plena era del Antropoceno y frente a la crisis climática, su advertencia cobra un tinte profético. El mundo no nos pertenece; nosotros somos una circunstancia del mundo. La entropía, ese concepto que tanto obsesionaba al autor, terminará por disolver nuestras ciudades, nuestros libros y nuestra memoria, devolviendo al cosmos su silencio original.
¿Quién es Claude Lévi-Strauss?
Claude Lévi-Strauss (1908-2009) fue un antropólogo y filósofo francés nacido en Bruselas, considerado el “padre de la antropología moderna” y la figura central del estructuralismo. Tras estudiar Derecho y Filosofía en la Sorbona, su vida dio un vuelco en 1935 cuando se trasladó a Brasil para ejercer como profesor en la Universidad de São Paulo, expedición que le permitió realizar los trabajos de campo en el Mato Grosso y la Amazonia que inspirarían su obra cumbre.
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Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su origen judío, se exilió en Nueva York, donde trabó amistad con el lingüista Roman Jakobson, cuya influencia fue decisiva para que Lévi-Strauss aplicara el análisis estructural de la lengua al estudio de los sistemas de parentesco y los mitos. A lo largo de su extensa carrera, ocupó la cátedra de Antropología Social en el Collège de France y fue miembro de la Academia Francesa.
Su producción intelectual es vasta y revolucionaria, destacándose títulos como Las estructuras elementales del parentesco, Antropología estructural y la monumental serie de cuatro volúmenes titulada Mitológicas (que incluye Lo crudo y lo cocido, De la miel a las cenizas, El origen de las maneras de mesa y El hombre desnudo). Falleció en París a los 100 años, dejando un legado que transformó nuestra comprensión de la cultura, el intelecto humano y la relación del hombre con la naturaleza.