La obra La imaginación enferma, escrita y dirigida por Marcelo Savignone, se estrena el sábado 4 de abril en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires por la Compañía Cuerpos. Las funciones se realizarán todos los sábados de abril y mayo a las 17 hs. El elenco está integrado por Leandro Arancio, Milagros Coll, Sofía González Gil, Valentín Mederos, Guido Napolitano, Belén Santos, Tatiana Sarbia y el propio Savignone.
La propuesta incluye coreografía de Marcelo Savignone y Belén Santos, y dispone de un equipo artístico encabezado por la Compañía Cuerpos, con la colaboración en vestuario y utilería de Alfredo Iriarte y Gabriela Guastavino. Las funciones se extenderán hasta el 23 de mayo en Lavalle 3636.
En esta obra, el teatro se convierte en un espacio de crítica y confrontación. El texto desafía directamente las convenciones del drama moderno, señalando su tendencia a la complacencia y su incapacidad para responder de manera activa ante las contradicciones sociales.
Durante una función de la obra Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen, ocurre un acto inesperado que quiebra la narrativa tradicional. Este gesto pone en evidencia la distancia entre el espectáculo y la realidad, exhibiendo la inutilidad del teatro cuando se enfrenta a los conflictos contemporáneos.
La pieza no se limita a reproducir el drama burgués, sino que busca desnudar sus implicancias ideológicas. En cada escena se exponen los orígenes y las huellas de ese modelo teatral, invitando al público a cuestionar los papeles pasivos que el arte y los espectadores asumen frente a la hipocresía social. Quienes se pregunten por el enfoque de esta obra encontrarán una apuesta a la incomodidad y al debate: el escenario deja de ser un refugio para convertirse en un espacio donde se tensionan las costuras del drama y se revela la urgencia de una mirada crítica sobre el presente.
En La imaginación enferma, el teatro se transforma en un terreno donde colisionan la verdad y la falsedad. La obra utiliza el colapso escénico para sacudir la comodidad del público, proponiendo que el arte no puede limitarse a la contemplación pasiva. El texto plantea que la función teatral debe convertirse en una práctica activa, capaz de interpelar a quienes asisten y de exponer los límites del mero acostumbramiento. Así, la obra se convierte en un ejercicio filosófico, donde cada representación abre un espacio de reflexión.