Yannick Nézet-Séguin revolucionó el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena

El carismático director canadiense fue el protagonista del gran espectáculo de música clásica, con el esperado final de la ‘Marcha Radetzky’ y las palmas del público como postal emblemática

El maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin fue la estrella del tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena

Lejos en la distancia, cerca en la repercusión mediática, el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena es -de no mediar alguna catástrofe, que nunca faltan por cierto- la gran noticia del primer día del año nuevo. Esta vez no fue la excepción. La Filarmónica de Viena consolidó un cambio histórico al tener a Yannick Nézet-Séguin al frente de la orquesta, profundizando la apertura de su repertorio y cerrando las celebraciones por el bicentenario de Johann Strauss hijo, uno de los compositores más emblemáticos de Austria. La edición 86 del evento destacó por incorporar piezas de compositoras mujeres (un hito cultural y social) y por haber sido uno de los inicios más destacados de los últimos años, en un concierto que sigue reuniendo a cientos de millones de personas vía radio y televisión.

El jueves 1 de enero de 2026 al mediodía vienes, en la Sala Dorada de la Musikverein -uno de los recintos de conciertos más famosos del mundo (inaugurado en 1870), la interpretación del ‘Vals del arcoíris’ de Florence Price, una compositora afroamericana que según Nézet-Séguin fue “injustamente relegada por su género y por su raza”, marcó otro hito. Además, la orquesta presentó la obra ‘Canciones de sirenas’ de Josephine Weinlich, pionera que fundó en 1875 la primera orquesta de mujeres de Europa, reconocida por un mensaje de empoderamiento y solidaridad y que conectó con la intención de actualizar la selección del concierto.

La inclusión de obras de compositoras en la programación es reciente: solo desde el año anterior, tras 85 ediciones y más de mil piezas interpretadas, el Concierto de Año Nuevo programó por primera vez una obra de mujer, el ‘Ferdinandus-Walzer’ de Constanze Geiger. Este avance refleja una ruptura aún incompleta de una histórica hegemonía masculina: el 83 % de los 145 músicos de la Filarmónica son hombres y ninguna mujer ha dirigido aún el recital. La orquesta permitió el ingreso de su primera integrante femenina recién en 1997.

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El gesto de modernización también se evidenció en la imagen de Nézet-Séguin, quien eligió un traje Louis Vuitton diseñado por su esposo, el violinista Pierre Tourville, combinación de líneas clásicas y detalles contemporáneos, que incluyó un broche brillante en el cuello y sus ya reconocidas uñas pintadas.

Una imponente escena de la Filarmónica de Viena durante el Concierto de Año Nuevo, celebrado en la histórica Sala Dorada de la Musikverein, en la capital austríaca

La presencia del director canadiense de 50 años al frente de la tradicional formación vienesa tuvo un giro decisivo el 25 de febrero de 2022. Según relató Daniel Froschauer, presidente de la orquesta, Nézet-Séguin asumió ese día en forma urgente la batuta del conjunto en el Carnegie Hall de Nueva York, reemplazando a Valeri Gergiev tras la ruptura de relaciones por su negativa a condenar la invasión rusa de Ucrania. Aun cuando llevaba cinco años sin dirigir a los filarmónicos y ensayaba simultáneamente la ópera Don Carlos de Verdi en el Metropolitan Opera de Nueva York, Nézet-Séguin aceptó liderar los tres conciertos de la gira estadounidense sin modificar el programa original. “Esos conciertos cambiaron nuestra relación con él”, expresó Froschauer. Poco después de aquella gira decisiva, Nézet-Séguin enfermó y debió cancelar su participación en la ópera de Verdi, pero el vínculo con la Filarmónica se fortaleció de modo irreversible.

En esta edición, el director sorprendió al abrir la gala no con una marcha, sino con la obertura de Indigo y los cuarenta ladrones, la primera opereta de Johann Strauss hijo. Esta elección, que muchos críticos especializados calificaron como “arriesgada”, permitió exhibir el estilo detallista y la sutileza interpretativa del director, siempre atento a la articulación y transición de las secciones musicales. El gesto del final también dejó huella.

En el último tramo del concierto, Yannick Nézet-Séguin volvió al estrado y culminó la interpretación desde el podio. Antes de retomar su lugar, se acercó a su esposo, el violista Pierre Tourville, quien participó de manera extraordinaria junto a la orquesta de Viena, para darle un beso. Allí el concierto alcanzó uno de sus momentos más animados con la emblemática Marcha Radetzky, en la que el director, haciendo gala de su carisma, dirigió el acompañamiento con palmas del público. Es la imagen que recorre noticieros de televisión y clips de redes sociales por estas horas.

A los 50 años, Nézet-Séguin es reconocido como una figura de peso en el ámbito clásico y tiene alto perfil público en Estados Unidos, pues se ha comprometido activamente en causas como la defensa de los derechos LGBTQ+. En los últimos años, ha mostrado apoyo a Ucrania y respaldó la candidatura presidencial de Kamala Harris contra Donald Trump en Estados Unidos. Lo dejó claro en sus palabras antes antes del tradicional brindis, cuando manifestó el deseo de “paz en los corazones y, sobre todo, paz entre todas las naciones del mundo”. Y agregó: “La música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta”.

[Fotos: EFE/ Filarmónica de Viena / Dieter Nagl]

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