
“El intelectual, el escritor el artista nunca está desvinculado de la coyuntura; eso es una falacia”, dice, enfática, Verónica Abdala, autora de Susan Sontag y el oficio de pensar, una biografía apasionada de la ensayista estadounidense. “No se produce por fuera de la coyuntura, no se piensa por fuera de la coyuntura más allá del grado de militancia que cada uno elija tener”, subraya Abdala. Y, con un ojo en el presente más cercano, propone: “Me sigue pareciendo muy interesante que la gente que hizo del pensamiento un oficio en sí mismo pueda aportar claves, ideas y potenciales soluciones en contextos de crisis”.
Abdala dice esto ahora porque su libro sobre Sontag, publicado en formato digital por Leamos, en estos días se ofrece para ser descargado de manera gratuita junto con una variedad de títulos seleccionados.
“La canción más famosa e influyente de la década de los 60 afirmaba que las respuestas a las preguntas que millones de jóvenes le hacían al mundo estaban flotando en el viento”, escribe Abdala en Susan Sontag... . “Era una forma de decirlo, puesto que el autor era un poeta llamado Bob Dylan y no un matemático. Pero la historia le dio la razón: desde que escribió y empezó a cantar en público Blowin’ in the Wind, en 1962, hasta que en 1969 el hombre llegó a la Luna, muchas de aquellas preguntas empezaron a encontrar respuesta. Porque aquí, allá y en todas partes una nueva generación empezaba a pisar firme en la historia, dispuesta a cambiar un mundo enfermo”.
De Susan Sontag -nacida en Nueva York en 1933- se dijo que fue “la mujer más inteligente de Estados Unidos”, que fue “la autora de la Biblia de los años 60″, que fue “la última gran intelectual americana” y que fue “al campo del análisis cultural y político lo que Bob Dylan fue al campo de las letras de la música popular”. Nada menos.

En una época donde las divisiones entre “alta” y “baja” cultura eran rígidas, Sontag rompió con las categorías establecidas, tendiendo puentes entre los extremos de la cultura, y Abdala sitúa esta visión en el centro de su libro.
“Para Susan la cultura era casi todo: la pintura, las bellas artes, la música clásica, pero a la vez el rock, Bach y Los Beatles, cómo nos relacionamos con la publicidad, cómo consumimos dentro de un mercado capitalista”, dijo Abdala en una entrevista con Infobae.
Autora de libros indispensables que cambiaron la forma de pensar el arte y la cultura como Contra la interpretación, Estilos radicales y La enfermedad y sus metáforas, Sontag fue una “figura insoslayable del pensamiento contemporáneo”, y “cronista y protagonista de una revolución cultural”, dice Abdala.
Fue en los años 60 cuando Sontag, con su primer libro, Contra la interpretación (1966), comenzó a abordar temas como “la pornografía, el fascismo, la estética del fascismo, la estética camp o la manera en que hay que disfrutar del arte”, temas que en su conjunto “refundan el concepto de cultura”. Según la autora, esto significó una noción irreverente y desfachatada frente a la academia, ya que combinó el rigor académico y la insolencia intelectual para darle estatus a las manifestaciones menos visibles de la cultura contemporánea.
Meterse en política
“Por otro lado”, destaca Abdala, Sontag “fue una personalidad proveniente del mundo de la cultura que intervenía en cuestiones políticas y de política internacional. Cuando ella se pronunciaba sobre la Guerra de Vietnam o sobre cualquier otra temática de índole política movía la aguja de los gobiernos. Me parece que su figura es interesante también en ese sentido porque nos invita a los periodistas, a los artistas, a los escritores, a los pintores o a los intelectuales a considerar que la cultura no está disociada de la política, que todo lo que producimos y fomentamos es política. Y, en ese sentido, me parece que su figura sigue siendo interesante y sigue interpelándonos”.

No es menos política, señala Abdala, la manera en que Sontag analiza cómo consumimos imágenes fotográficas. De un modo que produce analgesia, casi anestesia. O “cierta sensación de que hemos sido parte de una realidad cuando en realidad solo hemos observado una foto”. Quien no se sienta cuestionado por esta afirmación que levante la mano.
También, dice Abdala, hay que señalar cuestiones puntuales como las metáforas asociadas a ciertas enfermedades, que trató en La enfermedad y sus metáforas y en El sida y sus metáforas.
Aquí, algunas definiciones de Sontag según Verónica Abdala:
Decía Sontag...
1. “Fotografía”
En Sobre la fotografía, otro célebre ensayo de Sontag y el más importante entre los que dedicó al tema, ella define la fotografía como “una forma de interpretar el mundo, un rito social, una forma de promover la nostalgia y certificar la experiencia, un instrumento de poder, una defensa contra la ansiedad, un modo de acceso imaginario a lo que se supone es un cierto estadio de inmutabilidad de las cosas”.
La fotografía es también, en su visión, una forma de suministrar y obtener información, un medio de expresión individual y un mecanismo posible para interferir e incluso ignorar determinada realidad, aquello que está sucediendo.
2. “Interpretación”
Sontag entiende que el acto de interpretar es esencialmente un acto consciente de la mente que adecúa lo que sea a un sistema mental de categorías. “Interpretar” es también, en su mirada, “traducir” los posibles significados de una obra de arte a un lenguaje supuestamente más accesible para el público.
Lo que en su visión implica romper, quebrar e incluso destruir el vínculo directo entre las obras –que encarnan o elevan la voluntad del artista– y su receptores, en busca de un subtexto supuestamente “verdadero” o único: un vicio extendido entre los críticos contemporáneos y una deformación intelectual.
Siguiendo esta línea de análisis, la autora llegó a calificar de reaccionaria a la crítica especializada, tendiente según ella a “interpretarlo todo”. La función de los críticos, escribió, no debería ser la de “empobrecer el mundo” con sus comentarios, sino intentar describir las obras “tal cual son”, sin interferir en el vínculo que cada una de ellas establece con el espectador sino priorizando una recepción más sensorial.
3. “Transparencia”
Sontag se rebela contra la posibilidad de entender o juzgar los hechos artísticos desde parámetros éticos o morales. En ese marco, exalta la “autonomía de la obra”, sugiriendo la necesidad de valorarla como algo que significa por sí misma, más allá de sus posibles referencias al mundo exterior.
En su concepción del arte, la comprensión de las obras debe iniciarse en una respuesta intuitiva del espectador frente al estímulo que propone el artista, y no a partir de calificaciones o parámetros puramente racionales, históricos o ajenos a su lógica interna, cualquiera que fuese la naturaleza de esos otros “significados”. A esa noción está asociado el concepto de “transparencia”.
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