Nacido en Buenos Aires en 1939 y fallecido el 7 de julio de 2014, hace exactamente 10 años, Rogelio Polesello es una figura emblemática del arte moderno y contemporáneo en Argentina, y más allá de sus fronteras. Graduado en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1958, inició una carrera que exploró incansablemente las posibilidades de la abstracción geométrica y óptica a través de diversas técnicas como el grabado, la pintura y los objetos acrílicos.
Desde sus primeras incursiones en la Galería Peuser en 1959, donde debutó con composiciones geométricas vinculadas al constructivismo, Polesello marcó su camino hacia el arte óptico. Su habilidad para jugar con la luz y el color en el espacio trascendió las fronteras del lienzo, invadiendo el ambiente y desafiando las percepciones tradicionales del arte. Además de su obra plástica, incursionó en el diseño publicitario, la arquitectura, el diseño ambiental y el body painting.
Uno de los hitos en su carrera fue el proyecto Eclipse (2001-2002) para el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, donde demostró su capacidad para integrar el arte en espacios públicos de manera monumental y simbólica. También el memorial a los Héroes de la Batalla de la Vuelta de Obligado, inaugurado en noviembre de 2010, en San Pedro, a orillas del Paraná y cerca de San Pedro: grandes cadenas de hierro inspiradas en las que se usaron en 1845 para detener el avance anglo-francés.
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La primera retrospectiva después de su fallecimiento se hizo en 2015. Bajo el título Polesello Joven 1958-1974, el Malba exhibió sus primeras trabajos reafirmando su influencia duradera en el panorama artístico argentino y global.
“El joven Polesello se insertó dentro del desarrollo de la abstracción geométrica y óptica argentina de un modo autónomo y original, con ampliaciones libres de esas categorías“, dijo la curadora de la muestra Mercedes Casanegra.
“Su obra se destacaba por su búsqueda de movimiento en lo estático, por los desafíos a la percepción a través de las oscilaciones entre figura y fondo, por las combinaciones de orden y aleatoriedad y por la audacia en la utilización del color, una marca de originalidad constante a lo largo de toda su producción”, agregó.
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En 2018, la galería porteña Del Infinito (dirigida por Julián Mizrahi y Estela Gismero; allí se encuentra gran parte de su obra) exhibió “una brevísima aunque contundente antología de obras de Polesello que abarca un arco temporal de cuarenta y dos años, y que sin embargo revela una notable sincronía”, escribió el crítico Fabián Lebenglik. Vórtex era el título de la muestra.
En el texto curatorial de Vórtex, Elena Oliveras habla de “una singular estética neobarroca que pondrá en el centro la ‘locura del ver’”.
Y agrega: “Doble juego del orden y la aleatoriedad que revelan la complejidad de un pensamiento. Tanto es así que, al atractivo visual de las obras de Polesello, se agrega una fuerte base conceptual no siempre suficientemente reconocida. El concepto de deconstrucción, entre otros, es clave en su poética”.
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En la edición de 2017 de arteBA, Tamara Kapitula destacó en una nota de Infobae Cultura la obra Cero: “La obra más icónica lenticular del pintor y escultor argentino Rogelio Polesello y, a la vez, la menos mostrada”.
En ese momento, Mizrahi contó que “salió solamente dos veces del taller de Rogelio para muestras específicas, y esta es la primera vez que se pone con opción comercial. Queríamos mostrar una pieza icónica de su trabajo con una obra muy atípica e inclasificable”.
Naná Gallardo, la musa inspiradora de Polesello y la mujer que lo acompañó durante 20 años, dijo con emoción:: “Es el maestro, el único, el grande. Su obra es mi presente y es genial poder redescubrir su trabajo, que goza de una impronta muy moderna, muy actual”.
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En una crónica del año 2013 publicada en el blog #BellasArtes de Infobae, Flavia Masetto decía: “Polesello vive en una casa espectacular de estilo modernista proyectada en los años ´70 por el arquitecto Eduardo Fidelli. Las fuentes de luz penetran por las ventanas y el techo, su estilo es luminoso y hedonista, lleno de color y juegos ópticos. Polesello, además de artista, es un coleccionista: en cada rincón de la casa hay una mini colección”.
“Colecciona inspiraciones para sus obras desde arte y libros de arte, hasta máscaras o planchitas de envases de comprimidos de medicamentos. Polesello muestra su casa/estudio con el entusiasmo de quien se asombra con un mundo de maravillas por primera vez, y es que su potencial creativo y su genio son tales que cada vez que se focaliza en alguna de sus fuentes de inspiración, descubre todo un nuevo universo de ideas para explotar”.
El 10 de julio inaugura en Roldan Moderno (Juncal 743, CABA) Una mirada de los 60 donde se exhibe una obra de Polesello junto a las de artistas como Luis Fernando Benedit, Ernesto Deira, Jorge de la Vega, Nicolás García Uriburu y Antonio Seguí.
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Un recorrido por la década de la prolífera emergencia de movimientos y la implementación de nuevas materialidades. Un buen ejemplo es el acrílico sobre tela que hizo Polesello en 1961. Culmina el al 30 de agosto.
En Del Infinito también se exponen piezas. Forman parte de la muestra colectiva Indefinit que puede visitarse en este momento. Son tres: Un acrílico sobre lienzo de 1997, otro de 2007 titulado Zoom, y una tercera obra, un acrílico tallado del año 1974.
A lo largo de su vida, Polesello fue reconocido con múltiples premios (en 2003 recibió el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes, por ejemplo) y participó en exposiciones destacadas de América Latina, Europa y Estados Unidos. Su legado continúa firme.
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Experimentó con las múltiples relaciones entre artes plásticas, arquitectura, diseño, cine y moda, con la utilización del acrílico como eje de su obra. Todo eso lo consagró como el artista que desafió a la visión.