Santiago Mitre, director de “Argentina, 1985″: “No es una película sobre la dictadura, es sobre un hecho heroico de la democracia”

En diálogo con Infobae Cultura, el realizador detalla el recorrido creativo de la película que relata el Juicio a las Juntas militares que gobernaron Argentina entre 1976 y 1983. “Me sigue emocionando la idea de pensarlo como un hecho histórico”, afirma

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Santiago Mitre, director de "Argentina, 1985", la película que relata el histórico juicio civil a las juntas militares de la dictadura que gobernó Argentina entre 1976 y 1983 (Foto: Gustavo Gavotti)
Santiago Mitre, director de "Argentina, 1985", la película que relata el histórico juicio civil a las juntas militares de la dictadura que gobernó Argentina entre 1976 y 1983 (Foto: Gustavo Gavotti)

“Fue un momento feliz, para festejar. Aparte de los mundiales de fútbol, no tenemos muchos así”. Santiago Mitre, director de Argentina, 1985 (su quinto largometraje), habla de uno de los momentos más relevantes de la historia del país, el llamado Juicio a las Juntas, en el que se juzgó por violaciones a los derechos humanos a los nueve miembros de las tres primeras juntas militares del llamado Proceso de Reorganización Nacional que gobernó el país entre 1976 y 1983. El viaje al coqueto Lido veneciano que emprendió la semana pasada fue el inicio de un recorrido largo —de festivales, estrenos locales e internacionales, en cines y en plataformas— que empezó muchos años atrás, cuando con su amigo y habitual compañero de escritura, Mariano Llinás, empezaron a armar un guion sobre este tema. Un guion que —confiesa el realizador— “estaba muy mal”.

Mitre lo recuerda así. “Yo venía trabajando en mis películas sobre el poder en las instituciones y me parecía una buena idea hacer una sobre la Justicia. Y el hecho me interesaba particularmente. La admiración por el Juicio a la Juntas la tengo hace un montón, mi madre trabajó toda la vida en la Justicia y conocía a (el fiscal Julio César) Strassera. Me cautivaba su figura y me gustaba la idea de hacer una película sobre el juicio, me sigue emocionando la idea de pensarlo como un hecho histórico. Entonces empecé a hablar con Axel (Kuschevatzky, uno de los productores) y con Llinás. Y ellos entraron rápido. Escribimos una cosa con Mariano que estaba muy mal y Axel tuvo el buen tino de decírnoslo. Nos dimos cuenta que era verdad y decidimos parar la escritura y nos pusimos a investigar. Ninguno de los dos había trabajado nunca sobre un hecho verídico, entonces lo habíamos encarado con demasiada ficción. Y nos topamos contra los límites de lo que recordábamos y de lo que nos daba internet”.

Ahí, cuenta, decidió encarar una investigación más profunda que le tomó un año y medio y en la que se metió de lleno en todo lo relacionado con el juicio. “Hubo un año y medio en el que trabajé con Martín Rodríguez, que es un amigo sociólogo y escritor. Nos pusimos a leer todo el material de la época y a entrevistar a muchos de los involucrados. Fue un proceso largo y muy interesante. Y una vez que habíamos acopiado toda la información que nos parecía suficiente nos pusimos a escribir con Mariano. Lo que me di cuenta es que uno tiene que saber todo y después escribir con total libertad. Es distinto empezar a escribir sin saberlo a cuando ya pasaste por dos años de lecturas, charlas, entrevistas y todo lo que hicimos. Después empezamos a construir con lo que teníamos, fuimos haciendo una edición durante la investigación”.

Trailer de "Argentina, 1985", de Santiago Mitre

Es así que Argentina, 1985 se organiza desde la perspectiva privilegiada pero a la vez compleja del fiscal Strassera, el hombre que, con más dudas que certezas, se hizo cargo de sentar en el banquillo de los acusados a Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Agosti, Roberto Viola y Leopoldo Galtieri, entre los nueve que comparecieron ante la Justicia. Personaje clave en la historia, fue el encargado de llevar adelante un juicio que ni siquiera el gobierno estaba muy convencido de querer hacer, como bien dejaban en claro las palabras del Ministro del Interior del presidente Raúl Alfonsín, Antonio Troccoli, al presentar por TV el informe de la CONADEP equiparando la violencia de Estado con la de “la subversión”.

El gobierno radical había decidido que los militares fueran juzgados por sus pares, pero como el plazo que tenían para hacerlo se había cumplido y las Fuerzas Armadas no se expedían e informaban en un comunicado que consideraban “inobjetable” el accionar militar, el juicio recayó en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, cuyo fiscal era Strassera. Y el hombre se tuvo que hacer cargo de una literal “papa caliente” con la que, en los papeles, tenía mucho más para perder que para ganar, ya que sospechaba que todo el asunto podía ser sólo una fachada sin reales consecuencias. “Es que el gobierno tenía esa ambivalencia de ‘queremos juzgar, pero somos débiles todavía y se nos puede venir un quilombo’ —cuenta Mitre. Fue el único país que hizo un juicio así, en condiciones súper complejas, a menos de un año de terminada la dictadura. Los milicos tenían poder y metían miedo, no son los milicos de ahora”.

Mitre tenía en claro que no quería transformar a su película ni en una lección de historia ni en un “show del horror”. Y la figura de Strassera era un buen punto de entrada para acercarse al tema desde un ángulo distinto. Es que el fiscal era un personaje curioso. “Lo que más nos enganchó fue la personalidad y el humor de Strassera —cuenta el realizador de La patota. Era un tipo excéntrico con un humor un poco extremo. Todas las personas con las que hablamos tienen una anécdota para contar sobre cómo era, cómo se comportaba con el equipo, qué tipos de bromas hacía. En un sentido, era un poco gris como buen burócrata de Tribunales, pero a la vez con una singularidad y una chispa muy particulares. A todos les sorprendió en su momento cómo fue que este tipo gris se volvió brillante durante el juicio. Era alguien por el que nadie apostaba nada y terminó ocupando un lugar de heroísmo. Y ese es un tópico del cine clásico: alguien que tiene que hacer algo medio a su pesar y, en el momento de hacerlo, aparece ese costado si se quiere heroico. Con Mariano (Llinás) nos dimos cuenta que el eje pasaba por ahí y que teníamos que hacer una película más clásica, sin los jueguitos formales que habían tenido algunas de mis películas anteriores”.

Ricardo Darín como Julio Strassera y Peter Lanzini como Luis Moreno Ocampo, acompañados por su joven equipo de investigación en "Argentina, 1985"
Ricardo Darín como Julio Strassera y Peter Lanzini como Luis Moreno Ocampo, acompañados por su joven equipo de investigación en "Argentina, 1985"

“Si hacés la película sobre el Juicio a las Juntas yo te hago de Strassera”, cuenta Mitre que le dijo Ricardo Darín, con quien ya había trabajado en La cordillera. “Es la primera vez que él hace un personaje basado en alguien real. De todos modos teníamos en claro que no era una película para la mímesis, que él no tenía que copiarle el tono de voz, esa cosa porteña que tenía Strassera. Alguna vez lo probamos medio en joda, mirando una entrevista, y la imitación desnaturalizaba todo. No era una película a la que había que acercarse al hecho histórico desde ahí”. El combo parece hecho a medida, ya que además de una cuestión de edad y aspecto, hay algo de la personalidad pública del actor que parece enganchar de manera muy natural con la del fiscal, un tipo obsesivo, fanático de la música clásica y con un humor muy ácido al que se lo ve, en la primera y muy graciosa escena de la película, haciendo perseguir a su hija adolescente por su hijo menor para que investigue quién es el hombre mayor con el que está saliendo. “Por ahí es de los servicios”, le dice a su esposa Marisa (Alejandra Flechner), que lo mira sorprendida. “Nunca se sabe”.

La elección de tono de Argentina, 1985 queda clara en esa escena: no esperen la típica película sobre los crímenes de la dictadura y los desaparecidos, una página de Wikipedia ilustrada con imágenes que resuma los grandes momentos de la época y del juicio. El humor, de hecho, será una constante. “Surgió de la investigación –agrega Mitre–, pero una vez que escribís una escena de comedia como la primera, ya está. Quedó ese tono, entró en el guión y en la película. Y Ricardo, cuando encontró ese tono, se empezó a divertir y a joder. Y te vas alimentando de eso. A mí me encanta que pase eso con la película porque entiendo que es el balance necesario para las cosas duras que vienen después”.

—La película en más de un momento deja entrever que Strassera no hizo nada para ayudar o denunciar lo que pasaba durante la Dictadura…

—El tipo trabajó en la Justicia durante toda la dictadura, lo mismo que (León Carlos) Arslanian y muchos otros jueces que conformaban la Cámara de Apelaciones. ¿Esos tipos deberían haber investigado las desapariciones y los crímenes que se estaban cometiendo desde el gobierno? Posiblemente. ¿Por qué no lo hicieron? Y, no sé. ¿Son cómplices, son culpables? No. Pero bueno, esa idea está. A mí una película que me encanta, Rojo, asume eso: la clase media hizo la dictadura. Bueno, podés irte al carajo con esa afirmación, pero hay matices. Tuviste un rol desde el que podrías haber hecho algo y no hiciste nada. ¿Por qué no lo hiciste? Por ahí porque estabas protegiendo tu vida ya que si hacías algo te mataban. No sé…

Los fiscales Strassera y Moreno Ocampo, junto a los jueces Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D’Alessio, integrantes de la Cámara Federal que juzgó a las Juntas Militares (Foto archivo)
Los fiscales Strassera y Moreno Ocampo, junto a los jueces Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D’Alessio, integrantes de la Cámara Federal que juzgó a las Juntas Militares (Foto archivo)

“No es una película sobre la dictadura”

A lo largo de sus apasionantes 140 minutos, la película se centrará más que nada en la cocina del trabajo del fiscal, en su por momentos incómoda relación con los enviados del gobierno de Alfonsín —cuya participación en la historia es secundaria—, en sus idas y vueltas con colegas abogados, en la situación de su familia enredada en el asunto (y amenazada de muerte) y, sobre todo, en la relación con el que sería designado —contra los deseos iniciales de Strassera— fiscal adjunto en la causa, el entonces principiante Luis Moreno Ocampo (Peter Lanzani), y un equipo de jovencísimos colaboradores que motorizaron a pura energía y entusiasmo lo que era una investigación y recopilación de evidencias para la que tenían poquísimo tiempo.

“Fue muy fuerte cuando nos dimos cuenta durante nuestra investigación que ellos habían armado su equipo con pibes de 20 años porque los funcionarios de carrera de la Justicia no confiaban en el juicio o no querían saber nada con participar. Hablamos con varios de ellos y nos contaron muchas anécdotas de cómo trabajaron”, cuenta Mitre acerca de este equipo que integraron “Maco” Somigliana, Adriana Gómez, la recientemente fallecida Judith König, Mabel Collalongo, Lucas Palacios, Sergio Delgado y Nicolás Corradini.

“Fue muy fuerte cuando nos dimos cuenta durante nuestra investigación que ellos habían armado su equipo con pibes de 20 años porque los funcionarios de carrera de la Justicia no confiaban en el juicio", dice Mitre (Foto: Gustavo Gavotti)
“Fue muy fuerte cuando nos dimos cuenta durante nuestra investigación que ellos habían armado su equipo con pibes de 20 años porque los funcionarios de carrera de la Justicia no confiaban en el juicio", dice Mitre (Foto: Gustavo Gavotti)

El otro gran protagonista de la película es Luis Moreno Ocampo, un abogado joven con una familia de tradición militar que seguía apoyando lo hecho por la dictadura y con la que se tuvo que enfrentar al pasar a ser parte de la acusación. A Lanzani, cuenta el realizador, “le vengo viendo la carrera y hay que decir que es un actor que pasó de las tiras televisivas a elegir cada película que hace con muchísimo criterio y está enfocadísimo. No sólo es súper preciso sino que para trabajar es un encanto. Es pura entrega, pura pasión. Y tiene una energía espectacular. Yo me quedé fascinado con su trabajo. Para mí, de los actores argentinos jóvenes, es el que más se destaca. Y tiene una carrera parecida a la de Darín en algún punto, por eso se entienden tan bien”.

Si bien gran parte de Argentina, 1985 transcurre entre bambalinas, lidiando con la investigación, la recopilación de testimonios, las constantes amenazas de todo tipo y las internas político-judiciales —algo nada extraño viniendo del director de El estudiante y La cordillera, dos largometrajes centrados en ese tipo de negociaciones—, la película no le escapa a los momentos más fuertes y emotivos del juicio propiamente dicho, con situaciones tensas, testimonios shockeantes y el ya mítico alegato final, cuya preparación y literal puesta en escena es uno de sus momentos culminantes.

Peter Lanzani como Luis Moreno Ocampo y Ricardo Darín como Julio Strassera, en una escena clave de "Argentina, 1985" (Foto: prensa Prime Video)
Peter Lanzani como Luis Moreno Ocampo y Ricardo Darín como Julio Strassera, en una escena clave de "Argentina, 1985" (Foto: prensa Prime Video)

Para las escenas del juicio, sirvió mucho que el edificio de Tribunales no haya cambiado casi nada desde entonces. “Está igual”, dice Mitre. “Y la sala de audiencias también. Ya no se usa más para eso, ahora es una sala de actos, pero está idéntica, hasta tiene los mismos muebles que tenía en 1985. Eso nos resolvía un montón de trabajo, pero más que nada era como un viaje en el tiempo, bastante impresionante. El día que filmamos el testimonio de Adriana Calvo de Laborde, que la interpreta Laura Paredes, se te ponía la piel de gallina. Y pasó algo muy fuerte mientras la filmamos. Ella hace el discurso, que es muy largo y cuando termina se pone a llorar todo el mundo. Después lo repetimos algunas veces más y vemos que hay un tipo que sigue llorando y llorando atrás. Era un extra que estaba hecho mierda. Todos lo empezamos a notar y nos preguntamos ‘¿qué está pasando?’ Cuando ella termina de hacer por última vez la escena, el tipo no puede más, sale corriendo y la abraza. Y le cuenta que era compañero de la universidad de la Adriana real. Fue realmente muy fuerte lo que pasó ahí. Es que ese testimonio rompió todo.”

—¿Cómo eligieron los testimonios que finalmente quedaron en la película?

—Hay cuatro que recreamos, cinco que están de archivo y algunos más que se escuchan en una secuencia con periodistas. Pero el de Adriana y el de Pablo Díaz (de la Noche de los Lápices) son como la memoria del juicio, todos te hablan del día de esas declaraciones. Y también el de (Víctor) Basterra, el fotógrafo, que lo hace Agustín Rittano. Hay algunos que son de ficción y que representan algo que sucedía, como las personas que no se atrevían a testimoniar. Nosotros copiamos los ángulos de la transmisión del juicio y generamos un “falso archivo” en formato U-Matic, además de las tomas nuestras. En los resúmenes de los noticieros se mostraba a los testigos de espaldas. No se les podía ver las caras porque los tipos que los habían secuestrado y torturado estaban libres. Era una manera de protegerlos porque muchos tenían miedo de declarar, por razones obvias. Hacía muy poquito tiempo que habían zafado.

Santiago Mitre junto a Ricardo Darín, Peter Lanzani y Alejandra Flechner en Venecia (REUTERS/Yara Nardi)
Santiago Mitre junto a Ricardo Darín, Peter Lanzani y Alejandra Flechner en Venecia (REUTERS/Yara Nardi)

Otro momento clave del juicio fue el alegato de Strassera, que escribió con el autor teatral Carlos Somigliana (interpretado por Claudio da Passano). ¿Cómo fue recrear ese momento?

—El discurso lo escribieron juntos. Una de las impugnaciones que le hacían a Strassera era esa, que su discurso lo había escrito un dramaturgo, lo cual era admitir que era un muy buen discurso, casi como felicitarlo. ¿Qué problema hay con que lo hayan ayudado? Pero pasa lo mismo en toda la película: mi fuente es lo que recuerda la gente que estuvo ahí, no sé si todo pasó exactamente así. Con lo que fui escuchando me armé mi realidad y la pasé al guión y después a la película. Habrá gente que dirá “no, eso no fue así”. Puede ser, no lo voy a poder evitar. Conversé con todas las personas con las que pude. Todo lo que no es público está basado en una investigación con elementos que son reales, pero la película cuenta también un detrás de escena en el que hay más invención. Nosotros creíamos que la ficción era lo más fuerte para revivir esta historia, pero cuando haces ficción hay cosas que las traducís al género, a código cinematográfico y bueno, se puede incurrir en determinadas simplificaciones.

Por primera vez, Mitre contó con la producción de una empresa como Amazon a través de su plataforma de contenido Prime Video, en la cual Argentina, 1985 se podrá ver desde finales de octubre, un poco más de un mes después de su estreno en salas cinematográficas, el 29 de septiembre. “No nos pusieron ningún límite ni nos dijeron nada respecto a qué contar ni cómo —dice el realizador. Podíamos hacer lo que queríamos. Estuvimos un poco más cómodos económicamente pero tampoco me di lujos. La película se presupuestó de manera responsable en el contexto ridículo de la pandemia que te hacía subir los costos de todo porque había que higienizar los equipos a cada rato, ventilar las locaciones, vaciarlas. Todo el mundo tenía que llegar en un remise individual y las jornadas eran más cortas. Yo parecía un astronauta en el rodaje: con doble barbijo, casco, mamparas a los costados. Fue una película larga y cara porque la filmamos en julio y agosto de 2021, en un momento muy raro. Ahora, ¿es una película cara? No sé. Lo que yo defiendo siempre en el presupuesto, y lo hice en todas mis películas, es el tiempo de rodaje y en eso me planté. Filmamos diez semanas. Amazon será una empresa grande pero tampoco te regalan la plata. Te auditan el presupuesto y si les parece que hay un costo que no está bien, te lo van a decir. La película costó lo que cuesta una película de esta envergadura, que es mucho, pero no más que eso. No es El estudiante, que la hice con amigos filmando los fines de semana durante ocho meses.

Las escenas del juicio fueron filmadas en la sala de audiencias del Palacio de Justicia, allí donde realmente ocurrieron. "Está igual", cuenta Santiago Mitre (Foto: prensa Prime Video)
Las escenas del juicio fueron filmadas en la sala de audiencias del Palacio de Justicia, allí donde realmente ocurrieron. "Está igual", cuenta Santiago Mitre (Foto: prensa Prime Video)

—La reconstrucción de época debe haber sido algo caro y difícil, ya que la ciudad cambió mucho en estos casi 40 años…

—Con el retrato de la época nos interesaba ser bien de los ‘80, pero no queríamos recargar la película de cosas que sean distractivas. Si hacés una ambientación y un vestuario que refiere todo el tiempo a los ‘80 puede volverse excesivo. Queríamos ser correctos en el retrato pero no irnos al carajo, que eso no distrajera y que el espectador pueda estar bien metido en lo que está pasando. Con los exteriores elegimos las calles que estaban mejor conservadas y, sí, también algunos trucos, efectos, utilería de la época construida especialmente, alquilamos cabinas de teléfono de gente que conserva esas cosas. Es la primera vez que yo filmo algo de época y fue toda una experiencia.

—¿Usaste alguna película como referencia a la hora de hacer “Argentina, 1985″?

—La única película de la que hablamos por una cuestión de tono fue Todos los hombres del presidente, de (Alan J.) Pakula. Es sobre un hecho real y tiene algo de “buddy movie” (película de amigos). Ese era el pulso narrativo que queríamos. También hablamos de Munich, que no tiene nada que ver pero tiene como algo tenso en el retrato de la época. Después vi mil películas de juicios, no sé. Sí sabíamos que la película tenía algo medio “fordiano”, de las películas históricas de John Ford, pero no te diría que había una que nos importara especialmente. Los que la ven nos dicen “qué clásica que es, parece una de Hollywood de antes”. Pero era así, estaba todo el material servido en bandeja. Además no queríamos hacer una película lúgubre. No porque estén mal esas películas, pero esta no tenía que ser así, tenía que tener color, humor. Y el tono representa lo que para nosotros significó ese hecho. No es una película sobre la dictadura. Es una película sobre la democracia y sobre un hecho heroico, feliz de la democracia.

"Es probable que la gente tenga lecturas políticas muy distintas sobre la película, creo que la mantiene viva si se vuelve un objeto de discusión”, dice Santiago Mitre sobre "Argentina, 1985" (Foto: Gustavo Gavotti)
"Es probable que la gente tenga lecturas políticas muy distintas sobre la película, creo que la mantiene viva si se vuelve un objeto de discusión”, dice Santiago Mitre sobre "Argentina, 1985" (Foto: Gustavo Gavotti)

Si bien no se presenta como una película polémica desde lo político, en un país rodeado de grietas, enfrentamientos cada vez más fuertes y hasta algunos intentos por poner en duda o relativizar la crueldad de la dictadura militar, seguramente Argentina, 1985 será analizada desde distintas ópticas dependiendo del lugar ideológico desde el que se la observe. “Llinás hizo un ejercicio muy interesante en la preproducción de la película, que era preguntarle a la gente qué recordaba del juicio -cuenta Mitre–. Nosotros sabíamos que los que nacieron después de 1985 no iban a recordar nada ya que creen que la política de Derechos Humanos empezó con Néstor Kirchner, pero nos dimos cuenta que los que nacieron antes tampoco lo recordaban bien. Pasó mucho tiempo, vinieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y todo se empezó a volver más borroso. Es probable que la gente tenga lecturas políticas muy distintas sobre la película, pero eso a mí me pasó siempre. Y además me parece que está bueno eso, que mantiene viva a la película si se vuelve un objeto de discusión.”

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