
A los seis años me clavé una sombrilla entre los dedos de mi pie derecho. Estábamos en la playa de mi pueblo, Balneario San José, Entre Ríos. Jugaba a una danza africana. El palo de la sombrilla era de metal con buena punta en uno de los extremos. Era mi lanza. Mi tribu se llamaba “carasucia”.
“Sos un carasucia”, me decía mi mamá. Me quedaba la boca manchada de azúcar negra luego de comer solamente la parte azucarada de la torta morena. Por ese entonces —tal vez ya tenía ocho años— en la tele pasaban la serie Shaka Zulu. Me tenía fascinado. No me perdía ningún capítulo. Salía al patio coreando la banda sonora. Estaba atrapado en ese mundo. Tanto es así que en cada mundial, mis primos venían a preguntarme para qué selección iba a hinchar. Respondía con algún país de África (el favorito era Camerún).
Luego vinieron otros juegos, otras series, otras fascinaciones. Dos décadas más tarde, conocí al actor Mauricio González en un casting que realicé en Buenos Aires. Yo estaba produciendo y escribiendo, junto a otros colegas, para un ciclo de teatro cómico. Quedamos encantados con su performance. Había que escribirle un texto urgente para él. Aprovechando su afrodescendencia, con una colega optamos por escribir sobre los inmigrantes africanos y toda la carga de prejuicios que caían sobre ellos. Gracias a la maestría del actor, el sketch fue todo un éxito.
Ya viviendo en España —país donde resido desde el 2017—, me llega un mensaje de Mauri: “escribime algo como el sketch, pero más largo”. La idea era hacer un stand up de una hora. Comencé a escribir y en paralelo a investigar sobre la cuestión afro en Argentina. Tras tomar conciencia de una serie de hechos de nuestra historia, que confirmaban algunas especulaciones mías, el material me estaba pidiendo otro tono. Confío que desde el humor se pueda hablar de lo que sea; pero aquello me despertó un interés que no me daba risa. Y digo “me despertó”, porque en algún momento tuve esa inquietud. Aquello esperó la oportunidad de ser evocado con fuerza.

Y fue así que una noche me visitó Mandinga. Me dijo que tenía muchas cosas que contarme y que mejor me ponga a escribirlas. Pasé más de dos semanas levantándome a medianoche para escucharlo con atención y teclear sin parar.
Lo primero que me dejó en claro es que él no era el diablo que me hicieron creer que era. Esas “cosas de mandinga” que le adjudicaban, nunca fueron de su autoría. Lo segundo, que los argentinos también bajamos de los barcos provenientes del continente africano; traídos a fuerza de esclavitud. Y que al día de hoy, desafortunadamente, los afroargentinos tienen que rendir cuenta de su nacionalidad. Entre otras tantas cosas, todo dio forma a Mandinga, el Diablo que vino de África —título que hace juego con el prejuicio histórico, para luego ir desarmando a lo largo del unipersonal—.
Todo proceso creativo lo vivencio como un viaje personal. Ahora no juego a la tribu. Ahora apuesto por la búsqueda de mis raíces afros. Después de escuchar un rumor sobre un posible pasado y presente afrodescendencia en mi familia, hice el encargo a unos especialistas en genealogía —todavía en curso—. De todos modos, la obra fue escrita con la convicción de reflexionar sobre nuestra identidad nacional, más allá de qué barco bajó cada uno.
Invito a reconocer de una vez por todas el importantísimo aporte de los afroargentinos; hechos culturales e históricos que conforman nuestro día a día y que sin embargo desconocemos o negamos su origen. Aporto mi granito de arena junto a la dirección de Yamil Ostrovsky; la composición musical de Carlos Ledrag; la producción de Martín González Robles; la interpretación de Mauricio González; y el resto del equipo que hace posible la puesta en escena. En cada función, Mandinga nos viene a visitar.
Mandinga, el Diablo que vino de África se puede ver los domingos a las 21hs en Hasta Trilce (Maza 177, CABA).
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
La historia del amor clandestino que hizo escritora a Victoria Ocampo vuelve cuarenta y dos años después
Se reeditan los tres primeros tomos de su ‘Autobiografía’, con ‘La rama de Salzburgo’ como pieza central: el relato de los trece años de pasión que coincidieron con el nacimiento de su prosa

La historia de tres editoriales que debutan en la FED en un año particular y desafiante
Mono Gramático, Sur y después, y Queequeg Press son nuevas mutaciones del virus de la edición independiente argentina. Pero, ¿por qué ahora, en esta época, en este contexto?

Roberto Bolaño, perro romántico: así es la biografía firmada por Jose Serralvo
Desde la infancia en Valparaíso hasta el exilio en Cataluña, pasando por México en los 70 y la detención durante la dictadura de Pinochet, el libro reconstruye la vida de un escritor y personaje singular

Doce formas de pensar a Babasónicos en un libro coral con variados puntos de debate
‘Invenciones sobre Babasónicos’ aborda desde diferentes ángulos a una marca registrada del rock argentino contemporáneo. Infobae Cultura el texto firmado por Pablo Plotkin

Textos de IA o escritos por humanos: qué halló un estudio al medir la preferencia de los lectores
Una investigación publicada en Judgment and Decision Making comparó relatos cortos de temática similar y midió interés, absorción y calidad percibida. Los generados por ChatGPT obtuvieron valoraciones más altas en ambas dimensiones



