
A partir de la propuesta de Pablo Finamore de trabajar juntos para que yo lo dirigiera en un espectáculo unipersonal, y luego de descartar un par de textos que no echaron anclas en el entusiasmo, apareció El matadero de Esteban Echeverría, gran cuento precursor de la literatura argentina, de lo escrito allá por 1840 durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Lo primero que me apareció es la necesidad de inventar un personaje que pudiera interpelar lo escrito sin un pensamiento con una posición tomada. Pensé en un niño o un Opa. Consultado Mauricio Kartun sobre este disparador inicial para empezar la escritura, él sugirió el Opa, el débil mental, el tonto del pueblo, el loco, arquetipo mítico de nuestra literatura, y así fue que lo metimos en la casa de Don Esteban, como hijo de una criada.
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Durante siete meses de pandemia fuimos escribiendo, tachando, corrigiendo, siempre supervisados por Kartun que opinaba desde su retiro no voluntario pandémico en un bosque costero de nuestras costa atlántica..
Así fuimos descubriendo que Misky, el Opa, tenía una extraña compulsión por la lectura, lee todo lo que encuentra, pero no entiende todo lo que lee. Algunas cosas las entiende, pero otras, no. Lee una tarde sin permiso un cuento del patrón. El matadero se llama. Unas cuartillas con la letra fresca todavía. Pero será distinto esta vez. Las palabras traen por primera vez lo sabido. Conoce el matadero y a su gente. Y estuvo allí, el día ese del relato que lee. Y no fueron así las cosas. Esta es la historia que nos gustaría que vengan a ver al teatro.
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Una vez concluida la escritura comenzó la etapa de ensayos, que con un actor estudioso, sensible y creativo como Pablo es fácil. Una propuesta mía se convierte rápidamente en vivencia suya y una sugerencia de descarte es aceptada sin remilgos. Dialogo creativo. Entendemos y creemos que aceptar la propuesta del otro, dejarla entrar en nuestra estructura, devolverla tamizada y alegrarte por ver en el otro lo mismo es algo de la felicidad de tener un pedacito de cielo en la tierra.
Luego vinieron las incorporaciones del resto del equipo creativo.
La escenografía es un solo objeto que nosotros llamamos “Escultura escenográfica”, al comenzar a charlar con Adriana Estol, ella en El Chaltén, a 3000 km de Buenos Aires, vía zoom, llegamos a la decisión de que comprimiríamos todas las ideas en un solo objeto. Y así apareció nuestra escultura, que da múltiples lecturas, depende de quién lo mire, aumenta el volumen escénico ofreciendo variadas posibilidades y aporta belleza en sí misma.
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El vestuario, también diseñado por Adriana Estol, nos remite a un hombre común de 1840. La iluminación es diseño de Agnese Lozupone , el diseño gráfico de Paco Fernández. La asistencia de dirección y producción ejecutiva de Adriana Yasky, la prensa de Dani Franco y el manejo de redes de Pablito Lancone... cada uno en su rol aportando los elementos necesarios para llegar a este momento previo al estreno con la tranquilidad de ofrecer un hecho artístico que nos gusta mucho.

El estreno en el emblemático Teatro del Pueblo, pionero del teatro independiente argentino, nos llena de alegría al estar alojados por gente de teatro tan talentosa, generosa y con profundas convicciones que nos hacen sentir como en nuestra propia casa.
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Hacer teatro para mí es como respirar aire en la montaña, sentir el agua del mar, el viento en la cara. Es libertad. Quien está en escena siendo observado por otro tiene la maravillosa oportunidad de mostrar el alma.
Olvidate del matadero habla de esa dialéctica extraña entre la realidad y la ficción, la historia y las historias. La posibilidad de entender y la imposibilidad de olvidar.
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Tiene humor, pero no es humorístico. Tiene política, pero no es político. Tiene historia, pero no es histórico. Tiene poesía, pero no es poético. Tiene locura, pero no es psiquiátrico. Tiene precisión, pero no es milimétrico.
Es teatro. Tiene teatro. Suda teatro. Vibra teatro.
* Olvidate del matadero se presenta todos los viernes a las 22:30 en el Teatro del Pueblo, ubicado en Lavalle 3636. Las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.
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