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La belleza del día: “El arte de la pintura”, de Johannes Vermeer

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"El arte de la pintura" (1665) de Johannes Vermeer

I

Uno podría pensar, visto desde nuestra actualidad —como suele decirse: con el diario del lunes—, que los cuadros favoritos del gran pintor holandés Johannes Vermeer eran Vista de Delft y La joven de la perla, los más conocidos. Sin embargo, fue El arte de la pintura —también llamado El estudio del artista— la obra que, según las evidencias históricas, nunca quiso vender, ni siquiera cuando tuvo deudas.

Pintada hacia 1666, está realizada al óleo sobre lienzo y mide 1.20 de alto y 1 de ancho. Es una de las más grandes que realizó, la tercera en el podio, luego de Cristo en la casa de Marta y María y La alcahueta. Por esta última, en la que se autorretrató como uno de los personajes, se sobreentiende que en El arte de la pintura, la figura que pinta, que está de espaldas, es el propio Vermeer. La figura que posa, se cree, es su hija, Maria Vermeer.

La obra está en el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria, donde ha estado expuesta desde que fue recibida por el gobierno austriaco en 1946. Para los expertos es el más complejo de los cuadros de Vermeer y, además, uno de los más logrados del pintor, si no su mayor composición, en la que trabajó durante varios años. Los historiadores creen que lo hizo con una cámara oscura, el método que se utilizaba en esa época para lograr una representación casi fotográfica.

II

Cuando Johannes Vermeer murió en 1675, su viuda Catharina le entregó El arte de la pintura a su madre, Maria Thins, la suegra del pintor. Se supone que era una forma de evitar la venta forzosa para satisfacer a los acreedores. Pero el encargado de administrar la herencia de Vermeer, Anton van Leeuwenhoek, determinó que la transmisión de la obra fue ilegal. Estuvo casi 150 años guardada sin exponerse ni mostrarse en ningún lado.

Fue en 1813 cuando el conde austriaco Johann Rudolf Czernin la compró por 50 florines. Algo ocurrió que todo el mundo creyó que el autor de la obra era un contemporáneo de Vermeer, Pieter de Hooch, compañero suyo en el gremio de San Lucas. De hecho, alguien falsificó la firma de Pieter sobre la pintura. Fue el erudito francés Théophile Thoré quien descubrió el engaño. Desde 1860 el cuadro fue exhibido públicamente en Viena por la familia Czernin.

Pero las cosas cambiaron con la anexión de Austria por parte de los nazis en 1939: altos oficiales como Hermann Goering intentaron adquirir el cuadro. Y si bien el conde Jaromir Czernin tenía previsto venderlo a otra persona, presionado por Adolf Hitler accedió a ofrecérselo por 2 millones de reichsmarks con destino al gran museo que el Führer pensaba construir en Linz. Finalmente el precio bajó a 1.65 millones: era eso o terminar en un campo de concentración.

En 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial, encontraron el cuadro en una mina de sal. Estaba ahí, junto a otras obras de arte, para que los bombardeos aliados no las destruyeran. Los estadounidenses que la encontraron se la entregaron al gobierno austríaco al año siguiente. Sobre El arte de la pintura hay un litigio abierto: como la familia Czernin tuvo que venderla a la fuerza, el Estado de Austria está determinando si tiene que devolverla.

III

¿Por qué Johannes Vermeer amaba tanto esta obra? Quizás la pregunta que hay que hacerse es por qué El arte de la pintura es el diamante de una época dorada que nos permite mirarlo y, así, conocer mejor ese mundo. En primer lugar, por la alegoría universal que representa: los expertos dicen que el tema es la musa de la historia, Clío: la mujer lleva una corona de laurel, un cuerno (que representa la fama) y lleva un libro (que representa el conocimiento).

En segundo lugar, por el contexto. Al siglo XVI se lo conoce como el Siglo de Oro neerlandés. Europa y el mundo entero miraban a la nueva potencia. Comenzó en 1602 con la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales y la creación del Banco de Ámsterdam en 1609, y concluyó con la Guerra franco-neerlandesa en 1672. Sobre la pared, en la pintura, hay un mapa de Países Bajos, la gran potencia de la época.

Por otro lado, Vermeer pintó una serie de idealizaciones. El suelo de mármol ajedrezado y el candelabro dorado son dos ejemplos de objetos que normalmente estarían reservados para casas de las clases altas; imposible que sea la casa o el estudio del pintor. Además, no pintó velas, algo muy común para un católico converso como él, pese a que en Holanda predominaba el credo protestante. Como sea, la obra es magnifica; Vermeer lo sabía; nosotros también.

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