Joyce Carol Oates: política, lecturas de infancia y rituales de escritura en la apertura virtual del FILBA 2020

La gran escritora estadounidense inauguró el festival de literatura. Sobre la cultura de su país, la autora de “La hija del sepulturero” señaló que “el cambio más profundo tiene que ver con el feminismo y el auge de la identidad étnica”. Fue muy crítica al hablar del presidente Trump. “Es extremadamente ignorante, desprecia la ciencia”, dijo

Joyce Carol Oates en la apertura del FILBA


Una década tardó en volverse real el deseo de los organizadores de Filba de sumar a su agenda a la autora de La hija del sepulturero y Blonde, pero finalmente se concretó. La celebrada escritora estadounidense Joyce Carol Oates abrió anoche, viernes, el Festival de Literatura de Buenos Aires (FILBA). Lo hizo a través de una serie de reflexiones en las que destacó que “el cambio más profundo de la cultura tiene que ver con el feminismo y el auge de la identidad étnica” y aseguró que la literatura “nos enseña que necesitamos a otras personas, a otras mujeres y niñas". "No deberíamos vivir aisladas o solas”, aseguró. También se refirió al daño que pueden hacer las redes sociales divulgando información errónea, al hablar de la situación política de su país, a pocas semanas de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. “La democracia depende de que las personas estén educadas y reciban la información correcta”, aseguró

Gracias a las atributos de la virtualidad –la escritora de 82 años evita actualmente los largos desplazamientos-, en esta obligada edición online del FILBA, cuyo tema principal en un año tan excepcional es el cambio y la transformación, los seguidores de Oates pudieron acceder a ricos apuntes sobre su educación literaria, su modo de ver la literatura, el modo en que artistas y científicos analizan el mundo, su escepticismo acerca del escenario que dejará la pandemia y su posicionamiento sobre el presidente estadounidense Donald Trump.

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“Para mí, la literatura empieza con un estado de misterio. Te preguntás ¿por qué eso sucedió de ese modo?, ¿quién es esa persona? Y si conocés a alguien que te genera una impresión, tal vez sientas que esa persona es una figura misteriosa, y querés comprender a esa persona”, aseguró la escritora desde un cuarto con sus paredes enteramente tapizadas de libros, así como casi la totalidad de los ambientes que integran su casa en las afueras de Princeton (Nueva Jersey).

Y ejemplificó: “Creo, por ejemplo, que Tolstoi escribió La guerra y la paz debido a su gran obsesión con Napoleón. Si Napoleón no hubiese sido una gran obsesión para Tolstoi, no habría escrito La guerra y la paz”.

Joyce Carol Oates libros
Joyce Carol Oates libros

La narradora y ensayista aseguró también que todos los escritores están dominados por cierta obsesión o evento en su vida: “Para muchas personas que atravesaron la guerra, esos eventos terribles van a regresar y van a sentir que deben escribir sobre eso. Si el amor es decepcionante o termina mal, algunos querrán escribir sobre un matrimonio que no funcionó, que parecía tan perfecto, y de repente algo sucedió. Este es el elemento del misterio”, remarcó.

Conocida por novelas en las que indaga sobre el abuso sexual y otras violencias ejercidas sobre las mujeres por hombres y sociedades que llevan incrustadas la marca de un machismo atávico, Oates dedicó parte de su presentación a reflexionar sobre las conquistas del feminismo. “Comencé a escribir sobre el tema cuando era joven, tenía veintipico de años. Escribí mucho sobre niñas y adolescentes lidiando con sobre un mundo potencialmente violento contra las mujeres, y cómo es necesario que las mujeres y las niñas se unan”, evocó.

“No tengo dudas de que debe existir una sororidad: las personas aisladas son víctimas, las personas que se unen con otras son mucho más fuertes”, dijo. Luego citó una de sus novelas, Foxfire: confesiones de una banda de chicas y reflexionó: “La literatura nos enseña que necesitamos a otras personas, a otras mujeres y niñas, necesitamos vivir con sororidad, no deberíamos vivir aisladas o solas. No hay que culpar a las víctimas, hay que intentar entenderlas y ayudarlas. La literatura feminista propicia eso”.

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También aludió al rol central de la imaginación para toda actividad ligada a la creatividad, un atributo que involucra no sólo a la literatura o el arte, sino a la ciencia o las matemáticas. “La mayoría de las personas cuando observan el mundo solo lo ven como es, pero los científicos o los artistas observan el mundo y se preguntan cómo llegamos hasta aquí, cuáles son las causas y hacia dónde vamos. Esas son las antiguas preguntas de la imaginación”, sostuvo la escritora.

En una presentación que sobrevoló algunos apuntes autobiográficos, Oates se refirió, como era de esperarse, al impacto que significó el cambio de vida al que empujó la pandemia, aunque en su caso relativizó sus alcances. “Estaba dando clases en Universidad de Princeton y, cuando comenzamos la cuarentena, me mandaron a casa. Continué enseñando a mis estudiantes a través de plataformas virtuales, al igual que todos mis colegas. Yo he estado escribiendo. Mi obra y mi trabajo no cambiaron. Siempre he sido una persona que ha pasado tiempo en soledad y ahora paso más tiempo sola”, aseguró.

Luego, Oates expresó su escepticismo acerca de las transformaciones sociales que podría generar esta situación: “No creo que haya un cambio en la sociedad después de la pandemia. No hubo un cambio en la sociedad ni en la humanidad después de la gripe española de 1918. No creo que las personas hayan cambiado”, analizó.

“Creo que la ciencia aprenderá; los científicos se están enfocando en las epidemias y enfermedades infecciosas. Aprenderemos de ello. Pero lamentablemente las naciones están gobernadas por políticos y muchas veces los políticos son anti-ciencia. Un presidente ignorante, como Donald Trump que es extremadamente ignorante, desprecia la ciencia. Y si tienes un líder que ignora la ciencia, no importará demasiado. En cambio, si tienes un líder que es inteligente y tiene asesores que van a seguir las directrices científicas, entonces sí habrá un cambio”, argumentó.

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Más adelante, Oates dijo que el ritual de la escritura está atravesado por un “fervor religioso” y que si bien “la religión no se supone a sí misma como mitológica o metafórica -las personas religiosas no piensan que están hablando de algo metafórico cuando hablan de Dios-”, la literatura podría considerarse “como otra expresión de la imaginación humana: la creación de dioses, religiones y deidades”.

La escritora trazó también una diferenciación categórica entre la incidencia del arte respecto de otras disciplinas y soportes: “La literatura, como la música y la poesía, afecta o tiene una influencia particular en los individuos. Si quieres afectar o llegar un grupo más grande, tienes que hacer algo más directo. Hoy en día, por ejemplo, con la televisión o los discursos de los políticos que son televisados o la publicidad que intenta cambiar el comportamiento de las personas en la cultura del consumo”, comparó.

“Pero el arte transforma las personas de manera individual –subrayó-. Un poeta espera que su público sea bastante pequeño, pero las personas pueden entusiasmarse o emocionarse mucho, por ejemplo, con la obra de Neruda, Cavafis, Shakespeare, Tolstoi, Emily Dickinson o Walt Whitman”.

La escritora, nacida un 13 de junio de 1938 en una granja al norte del Estado de Nueva York, se refirió también a las lecturas que resultaron decisivas en su formación literaria. “Los libros que cambiaron por completo mi vida fueron Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo, fueron mis primeros libros. Me los dio mi abuela cuando tenía ocho o nueve años, era muy pequeña. Crecí en una granja y mi abuela paterna me los dio. Yo ya sabía leer y me transportaron a otro mundo, tan distinto a mi vida en la granja y tan maravilloso”, evocó.

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“Devoré ese libro muchas veces, lo memoricé sin intención de hacerlo; podía recitar los poemas, estaba fascinada –relató-. Creo que la lección de Alicia es que la imaginación es abrumadora. Lewis Carroll era maravilloso, muy gracioso pero también muy oscuro. Y Alicia, que solo tiene siete años en la historia, es muy escéptica en relación a los adultos. Ella observa a los adultos y piensa ‘no creo en lo que dicen’”.

Oates definió ambas obras como “un retrato fascinante de una niña muy fuerte que se enfrenta a los adultos” y enfatizó: “A la edad de ocho o nueve nunca había conocido ningún niño que pudiera ser escéptico con respecto a los adultos. No había conocido a ningún niño como Alicia. Así que leer sobre ella y el País de las Maravillas fue increíble”.

A los 14 o 15 años, la escritora llegó a las obras de Ernest Hemingway, que se transformó en uno de sus hitos juveniles: “Leí sus primeras historias, que son bastante distintas de su obra posterior, de sus novelas más famosas. Los cuentos que escribió cuando tenía veintipico de años me parecieron transformadores. Así que cuando tenía esa edad tuve esa influencia y estaba sorprendida por el estilo Hemingway. No tanto por su temática, pero sí por su estilo, el lenguaje que utilizaba, la habilidad narrativa. Su minimalismo fue y sigue siendo muy importante para mí”, apuntó.

Conocida por su mirada social tolerante hacia las disidencias sexuales y las minorías raciales, estas cuestiones ocuparon un tramo destacado en la intervención de la autora de Mujer de barro y Ave del paraíso.

“Muchas cosas han cambiado en nuestra cultura, en Estados Unidos. Creo que el cambio más profundo tiene que ver con el feminismo y el auge de la identidad étnica. Tenemos una cultura de literatura negra y afroamericana, que es muy importante, sobre todo después de la segunda mitad del siglo XX”, remarcó.

Toni Morrison, que ganó el premio Nobel, llamó la atención al elemento de la raza y el racismo en Estados Unidos. Y tenemos el movimiento de gays y lesbianas que también corresponde a finales del siglo XX, que establece una literatura independiente y una cultura propia. Es interesante también la literatura de identidades étnicas, por ejemplo, escritores chino-estadounidenses como Amy Tan o indio-estadounidense como Jhumpa Lahiri. Todos ellos están combinados porque mi país es muy diverso”, enumeró Oates.

La autora de Infiel aseguró también que antes de eso no existía literatura de las mujeres o feminista ni de gays ni de lesbianas en las librerías –"sólo había literatura de ficción escrita por hombres blancos", indicó- pero relativizó la gravitación de esta omisión en su trayectoria literaria.

“No sé si esto cambió mi carrera, porque los escritores o artistas que eran hombres blancos eran los mainstream. Pero otras mujeres que estaban en los márgenes como Eudora Welty, Flannery O' Connor, Edith Wharton, Elizabeth Bishop fueron importantes para mí. En Inglaterra también había escritoras maravillosas desde el comienzo de los tiempos, como Jane Austen -que siempre fue reconocida como una gran escritora-, también George Eliot era una gran escritora, o Charlotte y Emily Brontë”, alegó.

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La escritora se refirió también a los rituales de escritura, a la necesidad de fijar espacios y tiempos en privacidad para dedicarlos a las creación: " Si tienes una familia muy ruidosa y numerosa y también tienes un empleo, debes encontrar el tiempo en el que puedas entrar a tu estudio y cerrar la puerta –indicó-. Emily Dickinson hablaba de cerrar la puerta al final del día. No tenía privacidad durante el día con su familia. Pero por la noche, cuando iba a su habitación, tenía un pequeño escritorio y trabajaba allí en su poesía a la medianoche, en soledad".

“La soledad da origen a la literatura y otras veces puede ser un impedimento. A veces en nuestras vidas nos encontramos solos, y no siempre la soledad implica estar solo: puedes estar solo dentro de una gran familia, o en un matrimonio, si no funciona. Pero para ser un buen artista, una buena escritora, tienes que pasar inevitablemente tiempo en soledad”, indicó Oate, quien decidió cerrar su intervención con un poema suyo que fue publicado años atrás en la revista The New Yorker y con un cálido saludo de despedida en el que incluyó a su gato, que estuvo paseando por su cuarto mientras grababa su intervención, que fue muy celebrada en el canal de youtube de FILBA.

La virtualidad llevó esta vez a Joyce Carol Oates a la casa de sus lectores.


*Con información de Télam


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