Corría 2008 y el calor del conflicto de la resolución 125 se esparcía por toda la sociedad, desde la cola de la verdulería hasta las comidas familiares. En ese marco de efervescencia, comenzamos a reunirnos con un grupo de amigos, heterogéneo en sus afinidades electorales pero unificado en su apasionamiento por la política, en el Círculo de Salvavidas, un club del barrio de Palermo, una vez al mes.
Algunos de los participantes de esas primeras cenas habían militado en la juventud alfonsinista, pero ninguno había tenido una militancia posterior a aquella primavera. Varios transitamos el menemismo mirando desde la vereda de enfrente y si bien nada esperábamos del gobierno de la Alianza, ésta logró el milagro de defraudarnos. Duhalde generó un primer cosquilleo de interés y los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández nos generaron pasión: habiendo nacido rodeados de líquido amniótico “gorila”, nos parecía increíble que el peronismo pudiera ser parte de la solución y no del problema, como siempre habíamos creído.
De las discusiones generadas durante esas noches decidimos crear un blog para poder “seguirla”: así nació la MAK - Mesa de Autoyuda K (http://laradiomak.com.ar/), un espacio virtual que atrajo a comentaristas que no conocíamos y en el que de a poco ocurrió lo que suele pasar en este país: se nos llenó de peronistas.
A pedido de esos nuevos entusiastas, las cenas mensuales comenzaron a ser más concurridas, tomaron el nombre del blog y se convirtieron en un espacio de visita de políticos kirchneristas como Amado Boudou, Juliana Di Tullio o Teresa García, pero también de peronistas no K como Felipe Solá o incluso macristas como Federico Pinedo, quién en una noche memorable recitó el “Poema Conjetural” de Jorge Luis Borges.
En estos años de encuentros surgieron grandes discusiones a partir de dudas que planteaban los comensales: en política ¿importan las intenciones?; ¿pesa más quién tuvo la idea o quién logró implementarla con éxito?; ¿nuestros gobernantes deben o pueden ser moralmente intachables?, ¿nuestros representantes deben ser monjes trapenses o tienen derecho a recibir una remuneración acorde a las responsabilidades que toman, infinitamente mayores a las de sus pares del sector privado mucho mejor pagos?
Así llegó la instancia de plasmar todo lo que surgía en un libro que pudiera ser de rápida consulta, una suerte de “manual” para el militante “pasivo”, aquel que no está encuadrado en ninguna organización o espacio formal sino que milita en su entorno familiar o laboral y decide arruinar asados familiares o reuniones corporativas simplemente opinando.
La tarea no fue sencilla, ya que el libro resultó infinito en el sentido en que de cada nueva discusión en las cenas, se agregaba un capítulo nuevo. Capítulos que, además, eran actualizados de forma permanente, en particular a partir del ciclo político marcado por la victoria de Cambiemos en las elecciones del 2015. Para salir de ese laberinto tuvimos la suerte de contar con la edición de Silvia Itkin, que nos convenció de no sumar más capas a la torta Rogel en la que se había convertido el manual y de servirlo de una vez. La amabilidad de Edgardo Mocca y Amado Boudou, ambos amigos de la casa, por ofrecerse a escribir sendos prólogos, nos dio el último impulso necesario.
Más allá de la simpatía manifiesta hacia el kirchnerismo, el objetivo del Manual es reivindicar la política como tal y revalorizar el trabajo que llevan adelante nuestros gobernantes, entendiendo que puede ser separado de la coyuntura e incluso de las preferencias políticas del lector. Busca por ello dejar de lado calamidades de época como el moralismo y hace foco en algo que nos resulta claro pero muchas veces es opacado por lo rutilante que resultan las sospechas o los trascendidos: debemos juzgar a nuestros gobernantes por sus políticas y el resultado de éstas y no por sus intenciones, sean estas satánicas o angelicales, del mismo modo que valoramos a un escritor por sus textos o a un director de cine por sus películas.
Reconocer a la política como la gran herramienta que modifica, para bien o para mal, nuestra vida en sociedad y amplía los derechos de las mayorías y no como un imperativo moral. Y para lograrlo debe interactuar con el reino de este mundo, complejo y repleto de matices y no con el reino celestial, pletórico de ángeles y demonios.
*Los autores son conocidos en Twitter como @Elbosnio, @NagusInfo y @Rinconet
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