Antonio Grimau y Leonor Manso, en un ensayo de “Danza macabra”, de Strindberg (Carlos Furman)
Antonio Grimau y Leonor Manso, en un ensayo de “Danza macabra”, de Strindberg (Carlos Furman)

Los protagonistas llegan puntuales, en medio del habitual (por cargado) tránsito de la Avenida Córdoba un día de semana al atardecer en Buenos Aires. Conduce el auto Antonio Grimau, acompaña Leonor Manso, es decir dos de los actores y actrices más importantes de la escena nacional del último medio siglo. Sonríen, saludan al personal del teatro que se prepara para poner a punto todo lo que necesita una función de este ritual ancestral, misterioso y fascinante llamado teatro. Los protagonistas llegan a "su" oficina. Ingresan al Regio por una puerta lateral que invita a conocer el mundo interior de una de las históricas salas porteñas: un taller, una cocina con hornallas encendidas, el pasillo que conduce a los camarines y una rampa para acceder al territorio sagrado de estos dos gigantes, el escenario.

El día después del estreno de Danza macabra, de August Strindberg en versión libre y traducida del alemán de la directora Analía Fedra García, Leonor Manso y Antonio Grimau -protagonistas junto al tercero en discordia, Gustavo Pardi– tienen apenas tiempo de comentar los sucesos de la noche anterior, mientras se disponen a conversar con Infobae Cultura de la obra, de su historia de pareja y de aquellos inicios como alumnos de Juan Carlos Gené mientras repartían muestras gratis de shampoo y del misterio inalterable del teatro. Hay un valor inmaterial en la charla conjunta, una complicidad entre dos personas que se conocen bien, que compartieron amores y dolores -fueron padres de un hijo que murió en 2010- y que ahora, en el final del invierno 2019 salen a escena cada noche de miércoles a domingo para interpretar una de las obras más filosas de un autor filoso. El dramaturgo sueco August Strindberg, considerado de manera unánime un titán de la literatura nórdica y más que eso todavía, uno de los padres indiscutibles del teatro moderno.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Danza macabra es el retrato amargo del matrimonio y de la existencia humana, de cómo dos personas aparentemente normales son capaces y tienen la necesidad de convertir su vida en un infierno. Algo que el autor sueco experimentó en más de una ocasión a lo largo de su trayectoria. Como otras piezas de Strindberg, Danza macabra está íntimamente ligada a su biografía. El dramaturgo, nacido en Estocolmo en 1849, era hijo de un comerciante y su criada, situación que le provocó una infancia difícil (años más tarde lo contó en El hijo de la sierva). Posteriormente, habría de retomar el asunto de la relación entre amos y sirvientes en La señorita Julia, considerada su cumbre teatral junto con El pelícano. En la obra que ponen en escena Grimau, Manso y Pardi, hay un marido y una mujer destrozados tras un cuarto de siglo de matrimonio. Ninguno puede vivir sin odiar al otro, pero a la vez necesitan al enemigo para seguir viviendo. Hasta que a la casa llega un tercer personaje, que provocará una nueva lucha por el poder en la que todo vale.

Lejos del clima opresivo de la obra, que sin embargo se permite intervalos de sonrisas entre los espectadores (la mayoría con una o varias historias de pareja a cuestas, cabe especular), el actor y la actriz sonríen porque se los invita a recordar sus inicios. El disparador fue la pregunta ¿es la primera vez que trabajan juntos? Leonor Manso responde que no porque "después que terminamos nuestros estudios con Gené, hicimos una obra… Y después ¡nunca más!". Agrega Antonio Grimau "también hicimos televisión" pero ella dice que eso sucedió hace muchos años, "cuando recién empezábamos". El recuerdo los lleva a retroceder casi 50 años en el tiempo.

La dirección de “Danza Macabra” es de Analía Fedra García
La dirección de “Danza Macabra” es de Analía Fedra García

"Ya éramos pareja cuando estudiabamos con Gené. Trabajábamos de repartir muestras gratis de shampoo". Ambos recuerdan el nombre de aquella primera obra: El deporte de mi madre loca, de Ann Jelicoe, estrenada en la extinta Sala Planeta de Suipacha y Paraguay. "Aquella vez Leonor tuvo un gran éxito pero la obra fue un fracaso. Habíamos dejado de trabajar para hacer eso. Y duró un mes, así que tuvimos que volver a lo que habíamos dejado", comenta Grimau con un gesto cómplice. Acto seguido, Leonor también recuerda que compartieron también el rodaje de La Mary nada menos, aquella película de Daniel Tinayre que pasó a la historia como la del romance entre Susana Giménez y Carlos Monzón.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Buen punto de partida para comenzar. Dice Leonor Manso que esa historia en común -que los vinculó más allá de la profesión que abrazaron- redunda en puro beneficio en este momento. "Nuestra pasada relación de pareja refuerza la confianza sobre el escenario. Es fundamental". "Tenemos un lenguaje común", dice Grimau. "Y la misma formación", agrega su compañera de obra. En ese momento de la charla, sentados en la fila 7 de la platea del hermoso teatro Regio, Grimau se permite elogiar a Leonor.

"Es una satisfacción enorme que ella haya aceptado que yo la acompañe en un escenario. Tengo una profunda admiración por Leonor, he visto prácticamente todos sus trabajos. Siempre me conmovió enormemente, asistí a su crecimiento profesional, es una de las grandes actrices argentinas. Por eso para mí esto es un premio maravilloso por el que mucho tiempo esperé y se me dio". No parece impostada esa frase. Manso sonríe y retribuye el elogio, que también suena a piropo. "Siento una conexión que me recuerda a los primeros tiempos que estábamos con Gené, cuando hicimos aquella obra. Es realmente muy linda esta experiencia de reencontrarse ahora".

(Carlos Furman)
(Carlos Furman)

-¿Qué les impactó inicialmente de esta pieza de Strindberg?
Antonio Grimau: -En las primeras lecturas me impresionó la fuerza, intensidad y profundidad del texto. El autor es un tipo de dramaturgo de un límite extremo con todas las situaciones, y en los caracteres de los personajes también. Hay mucho de autobiográfico en la obra, además. Es lo primero que me impactó, algo muy interesante para empezar a trabajar… Esa cosa al límite y tan exigente para el actor.
Leonor Manso: -La había leído hacía tiempo. Y al releerla concluí que era extraordinaria. Él escribió esta obra en 1900, cuando el tema de la psicología no existía… Y aquí revela cómo es la conducta humana, tan contradictoria, a veces tan poco racional. Esos impulsos que surgen de la nada. Es una obra maravillosa, muy bien construida. Es difícil pero hermoso asumir las situaciones que propone, porque son extremas. Así son los vínculos y eso termina resultando muy atractivo.

-El texto asume y refleja algunas actitudes que hoy día resultan para nada políticamente correctas…
LM:-En su época tuvo problemas con un grupo feminista, pero esta obra justamente no es eso. No se queda en el tema de la mujer o del hombre sino que habla del ser humano, la dificultad en relacionarse en una pelea eterna contra el otro, sea hombre o mujer. Es mucho más profundo. Por ejemplo el personaje que hace Antonio, que es el capitán, es tremendo… No hay una mujer maldita y un hombre muy bueno. Son los dos, ahí, en la lucha de cerebros por dominar y no dejarse dominar. Para mí tiene una actualidad increíble, más allá de todo lo que se ha vuelto cotidiano sobre el conocimiento de la psicología. Sigue ocurriendo.
AG: -Leonor lo explica muy bien, creo que la mirada del autor es mucho más abarcativa como para quedarse solo en la misoginia. Seguramente él, a propósito de sus experiencias personales -tres matrimonios fallidos- depositó en la mujer esos fracasos, pero en la obra es más amplio que eso. Creo que tiene que ver con las relaciones humanas, a todo nivel.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

– ¿Podrían definir a sus personajes?
LM:– Mi personaje soy yo y es hoy. Es perfectamente reconocible el tipo de vínculo, de pelea, de antagonismo. No pienso "estoy en Suecia"… El ser humano es igual en todos lados y todo tiempo; tal vez se resuelva de distintas maneras pero son los mismos problemas. Voy a utilizar las palabras del autor, él dice que estos dos personajes son "dos fracasados". Ella es una actriz que quiso ser actriz; que dice que dejó su carrera por el marido. Pero en realidad no era buena y por eso no siguió, si era tan buena no podía haber dejado esto, que cuando se hace con pasión… Él a su vez es nada más que capitán, nunca lo ascendieron a coronel. Por eso Strindberg dice que son dos fracasados. Y los fracasados siempre tienen un resentimiento, un dolor que siempre vuelve a doler. Por eso cuando llega el invitado ¡es papita para el loro! Hay una pelea por ver quién conquista al recién llegado, que corre peligro de ser destruído también.
AG: -Los conflictos siguen siendo los mismos que el autor planteó hace más de un siglo. Tuvo una gran agudeza para la observación de esas vidas. En mi caso, para la preparación del personaje si uno tira de la cuerdita famosa… Hay identificaciones con rasgos machistas y misóginos del personaje. Así se me fueron apareciendo ejemplos, caracteres parecidos de los cuales tomé datos concretos para llevarlos al personaje ¿Cuáles? No, no te voy a dar nombres. También por supuesto llega un momento en que a uno le van apareciendo fantasías propias que aportar, y en este caso, en especial, porque son personajes que están al límite. Al borde de la locura diría, o por lo menos de una patología, desde el punto de vista mental, muy pronunciada. Agrego que la palabra fracaso también sigue resonando; hace poco una conductora de televisión la mencionó y recobró actualidad (N. de la R: se refiere a Mirtha Legrand). Creo que sobre todo cuadra cuando quien es señalado ha tenido actitudes soberbias. Si cae en el fracaso, es pasto de la maledicencia de todo el mundo. Si la soberbia no la bancás con éxito, estás jodido.
LM: –Son resentidos porque fracasaron en sus realizaciones personales, y así es que tienden a hacer daño a los otros.

La entrevista se hizo en la sala del Teatro Regio (Gustavo Gavotti)
La entrevista se hizo en la sala del Teatro Regio (Gustavo Gavotti)

-¿Cómo percibieron la respuesta del público en el estreno?
LM: -Fue muy lindo cómo nos está recibiendo la gente, se reían mucho en determinados momentos… Creo que hay un gran sentido crítico en ver la situación de esta pareja, reconocible diría. Cuando releí la obra le dije a la directora "el público se va a reír muchísimo", porque en el 1900 no se tenía el conocimiento cotidiano o elemental que hoy tenemos. Pensaba que se iban a reír porque iban a reconocer los mecanismos de las parejas que en ese momento y ahora, son los mismos.
AG: -En la primera noche vino gente muy allegada que no regala nada. Los hijos, amigos por ejemplo… (risas). Esos son los que te dicen la verdad. Y fue muy positivo.

*Danza macabra se presenta en el Teatro Regio, Av. Córdoba 6056, de miércoles a sábados a las 20.30 y domingos a las 20.
Entradas a la venta en https://www.gob.tuentrada.com (miércoles y jueves con descuento)

 

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