#LijEnInfobae: discapacidad, celos y amor entre hermanos, en un libro para los más chicos

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En su primera novela de ficción, Lu, Lucy, Lucía, la periodista Hinde Pomeraniec construye una historia para chicos que pone el foco en lo que siente una hermana cuando se angustia por el trato diferente que tienen los adultos con su hermano Tincho, a partir de un exquisito registro narrativo que no le teme a tópicos difíciles, como la discapacidad, los celos o la tristeza.

Cada vez que la llaman "Lucía", la protagonista de esta novela imagina que lo que viene es algo malo: se olvidó de sacar al perro, ensució el sillón o no cerró la canilla. Lo que ocurre es que siempre la retan a ella y nunca a su hermano, que es más grande pero parece más chico y apenas dice algunas palabras, aunque para Lucy es la persona más importante de este mundo.

Con un ritmo narrativo propio, tierno y con rimas, la novela publicada por Norma y con ilustraciones de Adriana Keselman está orientada a partir de los 7 años y significa la primera ficción de Pomeraniec, licenciada en Letras, periodista, autora de Blackie, la dama que hacía hablar al país y Rusos, postales de la era Putin, que años atrás estuvo al frente de la misma editorial que la publica.

(Foto de Sebastián Freire. Gentileza Editorial Norma)
(Foto de Sebastián Freire. Gentileza Editorial Norma)

-Con este primer libro ¿la periodista deviene escritora?

-En esta etapa de mi vida pensar que con el tiempo pueda ir dedicándome a escribir para chicos, es una idea que me gusta muchísimo. Ahora que pude liberar la posibilidad, no descarto que aparezca otra clase de ficción. Me da un poco de pudor decirlo así pero siempre sentí que tenía cosas para contar. Los años que empecé a escribir "periodismo del yo" me acercaron a esa libertad de trabajar ficción en el sentido más tradicional o desde el modelo de novela más contemporáneo, donde esa idea de ficción se astilló e incluye autoficción o relatos históricos contados con herramientas de la crónica.

-Es un interés de hace tiempo entonces….

-Antes de estudiar Letras, cuando era adolescente, pensé en estudiar educación, ser maestra jardinera: escribir para chicos no surgió de un día para el otro. Al lado de otros libros míos, de investigación periodística, la ficción me libera. Y me libera hasta tal punto que me sorprendí de mí misma cuando me releía en la escritura.

-¿Y cómo surgió Lu, Lucy, Lucía?

-La idea era contar qué pasa con los hermanos de chicos que tienen discapacidades y viven en una casa en la que los padres tienen que poner la atención necesariamente en ese chico, con lo dificultoso que puede ser. Quería concentrarme en lo que le pasaba a una nena, que tiene un hermano más grande y que por momentos parece más chico, y que hubiera algún tipo de peripecia por la cual él tuviera la posibilidad de aparecer ante ella como una especie de superhéroe, alguien que la salvaba.

-¿Y cómo fue trabajando el texto?

-Lo escribí y después seguí trabajando durante un año con las editoras. Siempre supe, además, que debía funcionar para ser leído en las escuelas porque es parte de una colección de libros de literatura complementaria. Es un tipo de literatura en la que estás pensando en el lector, lo que no quiere decir hacer concesiones pero sí saber que hay determinadas cuestiones que pueden llegar a trabar la lectura o provocar angustia. La idea de que hubiera humor y rimas fue una manera de distender.

-¿Y qué le preocupaba en la escritura?

-Cuando escribo lo que quiero es que me entiendan, tanto en periodismo como en literatura. Y acá me preocupaba que me entendieran pero que también se entretuvieran. En ningún momento quise escribir un libro con una investigación específica sobre la discapacidad y, si bien por algunos rasgos de Tincho, uno podría detectar de qué discapacidad se trata, no aparece ninguna palabra que le diera entidad a lo que le pasa. No quería parecer como especialista porque no lo soy. Me importaba la posibilidad de que en las aulas, los docentes y mediadores de lectura, pudieran tener un tema perturbador, como es la discapacidad en las familias, pero contado de manera no dramática.

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-Las ilustraciones de Adriana Keselman dialogan y complementan el texto, ¿cómo fue ese trabajo?

-La idea fue de Laura Leibiker y no sabíamos que Adriana era psicopedagoga, así que cuando le mandamos el texto resultó perfecto no sólo por su trabajo como artista sino porque tenía una mirada sobre el tema. De hecho, hoy me cuesta imaginarme otra Lucy, otro Tincho, otros abuelos, otro Wilson

-Cuando se trata a la literatura infantil de género menor, uno de los argumentos es su contenido pedagógico o el abordaje de temas específicos ¿le significa algo esa crítica?

Formar lectores y ayudar a los docentes a tratar temas perturbadores me parece una tarea hermosa. No se debe desmerecer eso calificándolo de didáctico, como si fuera algo negativo; se trata de escribir un libro que entretiene y contempla todo aquello que a los chicos puede angustiar o dañar.

-En periodismo cultural la literatura infantil y juvenil ocupa un lugar mínimo en relación a otro tipo de literatura, ¿qué opina?

-Sí, la literatura para chicos es vista como literatura diminutiva. Todos sabemos que es la literatura que más produce y vende pero también es cierto que nos encontramos con esa literatura cuando la producimos o bien porque acompañamos a los chicos como lectores. Pero los que no están en contacto con niños, la descuidan bastante o la ignoran. Desde los suplementos y páginas culturales de los medios masivos nunca se le dio la relevancia que debería tener. Es una discusión que lleva mucho tiempo. Por otra parte las redes lograron, por ejemplo, que haya espacios de discusión y difusión donde se ve a mucha gente participando. Y eso es positivo, alentador.

 
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*Con información de Télam

 

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