Quinterno y sus muñecos, uno de ellos, perteneciente a la familia, está en exhibición
Quinterno y sus muñecos, uno de ellos, perteneciente a la familia, está en exhibición

Cuentan los que recuerdan que antes de que Papá Noel acaparase la atención de los niños en las navidades hubo otro personaje que despertaba expectativa, que aceleraba el corazón y hacía que los días previos a la fecha se tornasen en una espera eterna: Patoruzú, el primer gran personaje de historietas popular, masivo y argentino.

Recuerdan algunos que llegado el 25 de diciembre, los puestos de diario porteños vivían un día especial que anunciaban con cartelería y el boca a boca, porque salía a la calle EL Libro de Oro, una edición especial, inédita, y con un arte gráfico de excelencia que compilaba aventuras de ese indio millonario que no le interesaban las cuestiones materiales y que solo quería ayudar a sus amigos a ser mejores personas; eso sí, siempre con una divertida y dinámica aventura de por medio. Aquellos números desaparecían a los pocos minutos.

Original del primer “Libro de Oro” de 1939
Original del primer “Libro de Oro” de 1939

Algunas de aquellas tapas, dignas de cualquier museo, pueden apreciarse en la muestra A todo Patoruzú, que se celebra en el Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional, una exhibición que fue montada con maeriales del archivo de la familia de Dante Quinterno, padre de la criatura, muchos de los cuales ven la luz por primera vez, en conjunto con documentos que pertenecen al acervo de la biblioteca.

La expo posee varios puntos destacados, que van desde el despliegue de tapas originales en un estado de conservación impecable, a la posibilidad de ver las primeras apariciones de personajes como Isidoro, Pampero y Upa, como así también una multiplicidad de bocetos a mano alzada, con sus respectivos proceso de coloración y presentación final.

Ingreso por el paseo “Rayuela” al Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)
Ingreso por el paseo “Rayuela” al Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)

Además, un espacio dedicado al merchandising de distintas épocas permite ver, entre otros, un increíble muñeco de 1936, cuando los juguetes se producían para durar toda la vida.

A todo Patoruzú no es una exposición que busque contar la historia del tehuelche -aunque lo hace-, sino que intenta -y lo logra- mostrar los atributos y características, la fórmula mágica que lo convirtieron en un éxito, en un fenómeno que aún hoy congrega a miles de fanáticos y coleccionistas.

La génesis del primer gran héroe argentino

Paturuzú de festejo (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)
Paturuzú de festejo (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)

Antes de ingresar al mundo de Patoruzú, primero hay que hacerlo al de Dante Quinterno y en la muestra se revelan los documentos que testimonian sus inicios como autor precoz. "Él tuvo dos maestros, estuvo bajo la tutela de los dos grandes exponentes de la caricatura argentina como el Diógenes Mono Taborda y Arturo Lanteri, el primer historietista argentino -hasta entonces eran todos españoles- que descifra la fórmula norteamericana del cómic con globos, por sobre las viñetas con textos al pie", explica José María Gutiérrez, curador de la muestra y director del centro, a Infobae Cultura.

Luego de varias colaboraciones en Páginas de Columba, Humorismo Porteño y Monos de Taborda, "con 15 años debuta con serie propia, Panitruco, que es su primer personaje" y que tiene las características comunes de la época: "Es el arquetipo más usado por la historieta argentina, el del chanta porteño, vividor, que quiere ganar dinero sin trabajar, y que resulta también un precedente para la creación posterior de Isidoro Cañones".

Retrato de Quinterno a los 19 años
Retrato de Quinterno a los 19 años

Una de las particularidades de Quinterno, dice Gutiérrez, es que "le da una vuelta de tuerca a todo lo que hacía". Y así, para 1926, el diario Crítica de Natalio Botana saca su primera tira diaria de historieta Aventuras de Don Gil Contento, firmada por Quinterno, que "era una especie de Cándido de Voltaire que choca contra la cruda realidad".

Al año y medio el genial dibujante introduce un partenaire, contracara del protagonista, que pasa casi desapercibido: "Ingresa un indio que se llama Curugua Curiguagüigua. Eso fue el 19 de octubre de 1928, de lo que se cumplen 90 años. Esta versión de Patoruzú desaparece a los dos días, porque ya a los 19 años Quinterno tenía fe en su personaje y quería retener los derechos de su creación, pero hasta ese momento el propietario era el diario".

Sus primeras apariciones en “Aventuras de Don Gil Contento”, de las que se cumplen 90 años y “Julián de monte Pío” tienen muchas similitudes
Sus primeras apariciones en “Aventuras de Don Gil Contento”, de las que se cumplen 90 años y “Julián de monte Pío” tienen muchas similitudes

Así, el caricaturista se muda con sus lápices, témperas y tintas a La Razón, donde crea a Julián de Monte Pío, "que ya sí es un precedente claro de Isidoro y al tiempo introduce de nuevo el personaje con los mismos elementos: un ahijado que le dejan en herencia, que cuando baja del tren es un indio rotoso, pero que a su vez es dueño de media Patagonia; es millonario, pero no le importa. El personaje es tan exitoso, que la historieta deja de ser Julián de Monte Pío y comenzó a llamarse Patoruzú en 1931".

"El personaje pega porque es el primer héroe honesto, puro, generoso, eso no existía. Estamos en la Década Infame y creo que la gente se identifica con él. Había una necesidad de que existiera algo noble, algo puro. La gran fórmula de Quinterno es haber apelado a la figura de un nativo, que estaba soterrada, para representar la pureza del interior, del campo, de lo salvaje contra la perversión de la ciudad. No utiliza al gaucho, que ya estaba mitificada y era lo recurrente para hablar de eso. Él fue mucho más atrás", explica Gutiérrez.

Y de La Razón se va a El Mundo, donde ya aparece Isidoro, pero el personaje es tan fuerte, tan popular, que cuando abandona las páginas de los diarios sus ventas caen drásticamente.

“La clave en el precipicio”, sketch y tira
“La clave en el precipicio”, sketch y tira

Patoruzú, la primera gran celebridad ficticia

Si bien existen desde la antigüedad expresiones gráficas que pueden atribuirse a una especie de proto-historieta, la realidad marca que estas piezas comenzaron a producirse a finales del siglo XIX, pero alcanzaron la popularidad a inicios del siglo XX gracias a la propagación que permitían los periódicos. La Crisis del 29 en EEUU, en ese sentido, significó un antes y un después en las características de las nuevas creaciones, que luego de la debacle económica comenzaron a tener un rol más orientado al heroísmo y que produjo el surgimiento de los superhéroes.

En ese sentido, Patoruzú es toda una rareza por diferentes motivos. La primera, ya explicada, refiere a su moral disruptiva con todo lo que se había realizado en el país, la otra es que "no es solo el primer indio de la historieta argentina, sino probablemente del mundo".

Patoruzú, número 1, hecho íntegramente por Quinterno
Patoruzú, número 1, hecho íntegramente por Quinterno

Para sostener esta afirmación, Gutiérrez asegura que se lo "confirmó Art Spiegelman (NdR: creador de la icónica Maus), que además de ser un gran historietista es un gran investigador". "Me contó que luego de buscar mucho en material de archivo descubrió que además no existe en la historieta norteamericana ningún personaje como Patoruzú y que las apariciones posteriores de personajes aborígenes no se parecen en nada: ninguno de ellos es bueno, suelen ser borrachos o salvajes que hacen desastres. Eso remarca la importancia y lo extraño de la creación de Quinterno".

Spiegelman conocía a Patoruzú porque tuvo apariciones en Picture Magazine (PM), de Nueva York, entre 1941 y 1948. "La hipótesis sobre la publicación de sus historias tienen que ver con el perfil del diario, que es muy progresista, se solventaba sin tener publicidad y que un indio fuera un héroe encajaba en ese perfil". En 1946, además, salió la publicación The adventures of Patoruzú.

Jonás y la ballena en ell “PM Weekly”
Jonás y la ballena en ell “PM Weekly”

Para 1932, Quinterno decide viajar a EEUU para trabajar en los estudios Fleischer, una productora de dibujos animados que tenían a Popeye y Betty Boop. Lo hace "para aprender cómo es el sistema de comercialización de los cómics y cómo el de producción de los dibujos animados, porque ya entonces sabe que por la cinematografía pasa lo masivo, lo popular y lo que puede distribuir a todo el mundo. Ya tiene un personaje importantísimo y quiere explotarlo".

En 1935 regresa al país del norte de América y conoce a Walt Disney, "que lo admiraba porque no solo era un gran dibujante sino también un gran historietista, un brillante narrador gráfico a nivel mundial".

Un año después, Patoruzú se independiza y sale su semanario propio, realizado íntegramente por Quinterno, desde la tapa a los avisos, por una cuestión económica, que vendió cientos de miles de ejemplares, a partir de muchísimas tiradas. "Patoruzú es la primera revista que tiene en su portada un protagonista que es un personaje de ficción, algo que solo hacían con estrellas de cine o modelos, lo que demuestra que ya es un ícono popular", suma.

Una famosa tapa “diabólica” con Isidoro y Upa de 1939
Una famosa tapa “diabólica” con Isidoro y Upa de 1939

La muestra recorre algunos de los compañeros de viñetas que también alcanzaron la popularidad, porque "Patoruzú funciona en simbiosis con otros personajes, su atributo es la generosidad, su fuerza sobrehumana no sale del laboratorio ni es un extraterrestre, sale de su generosidad moral" y por eso "busca redimir a Isidoro, que puede ser malo, porque siempre quiere enderezar lo que está torcido".

También hay un espacio dedicado a Upa, su hermano, al que adopta tras ser "abandonado por su padre en una gruta porque es deforme", "un ser monstruoso, gigantesco, algo muy raro para la época, que solía presentar a los bebés de manera angelical". Por su parte, Pampero, el caballo, "es el personaje más auténticamente indígena, que representa al caballo de los pampas, que fue casa, flete y arma, y que se monta en pelo solo por Patoruzú".

“A todo Paturuzú” (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)
“A todo Paturuzú” (Carlos Mei/Biblioteca Nacional)

Tienen su espacio, además, "los malvados". "Quinterno era muy nacionalista y hay que pensar en la época. Es de la Década Infame, cuando se realiza el primer revisionismo histórico y había una especie de reacción contra lo extranjero. Entonces, sus malvados son estereotipos, algo muy propio de la historieta de todas las épocas".

Una muestra del arraigo que tenía Patoruzú en la identidad nacional puede verse en el hecho de que "fue utilizado como escudo por la Fuerza Aérea Argentina, pero también por muchos de los 800 pilotos argentinos que combatieron en la Segunda Guerra Mundial, que lo eligieron como emblema para identificar su procedencia".

Walter Henman, piloto argentino en la SGM, subiendo a un Hawker Typhoon con un escudo aeronáutico de Patoruzú
Walter Henman, piloto argentino en la SGM, subiendo a un Hawker Typhoon con un escudo aeronáutico de Patoruzú

Disney y la expansión que no fue

Quinterno había ya aprendido en EEUU todo sobre el proceso para convertir a Patoruzú en una figura que pudiera conquistar otros mercados, en los estudios Fleischer conoció el proceso que luego aplicó en su enorme y talentoso equipo de trabajo, en el que se destacaba su mano derecha, Tulio Lovato.

Con ese objetivo se realizó la única película que existe del personaje, Upa en apuros, estrenada en 1942 junto a La Guerra Gaucha. "Trajo a Art Babbitt, el principal animador de Disney para colaborar", recuerda Gutiérrez.

Volante de “Upa en apuros”, la única película que se realizó para el cine
Volante de “Upa en apuros”, la única película que se realizó para el cine

Y es que Quinterno tenía sueños expansionistas, deseaba que su creación traspasase las fronteras, pero se encontró con dos problemas. La primera fue que con la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como EEUU, productores de celuloide cuidaban este material por un lado para realizar sus películas de propaganda y, por otro, para la producción de explosivos.

El otro motivo, nunca explicitado, es el desarrollo que EEUU estaba realizando de sus industrias culturales, que luego de la Segunda Guerra tomó el empujón final para que hoy sea el país con mayor influencia audiovisual del planeta. En ese sentido, en 1941, todavía en pleno conflicto bélico, Walt Disney realiza una gira de 10 semanas por Sudamérica, mientras que en sus estudios de Burbank, California, se llevaba a cabo una gran huelga por los salarios.

Disney y Quinterno
Disney y Quinterno

Al igual que otras estrellas de entonces como Errol Flynn, Walt Disney recorrió Brasil, Argentina, Uruguay, Perú y Chile como parte de la misión diplomática "Política del Buen Vecino", que llevaba a cabo Franklin D. Roosevelt y que buscaba mejorar las relaciones para conseguir nuevos aliados y, a su vez, expandir la industria cultural a través de las celebridades del momento. En aquel viaje, como se muestra en el documental Walt & El Grupo, el padre de Mickey Mouse se reunió con Quinterno y Molina Campos, entre otros.

"Disney vino a conquistar mercado, porque Europa había dejado de ser uno. La gente entraba a un cine solo para protegerse de las balas, mientras aquí se vendían ciento de miles de revistas, la gente consumía mucha cultura, iba al cine", dijo Gutiérrez. En ese marco, los deseos de Quinterno competían contra una factoría que ya había tenido un éxito global como Blancanieves y que contaba con el apoyo de su gobierno para mantener y engrandecerse.

En aquella época, Quinterno abandona las tintas, pero no su creación. O sea, deja de dibujarlo él mismo, pero mantiene un control estricto sobre el personaje, corrigiendo y editando todo lo que realizaba su equipo. Las razones de aquel cambio no son claras, Quinterno -que solo dio tres entrevistas en vida- nunca explicó las razones.

De la Patagonia a la campiña francesa

Muchas son las similitudes entre Astérix y Patoruzú, entre Obelix y Upa. Lo que podría adjudicarse al azar, puede en realidad llamarse influencia. "Pensemos que René Goscinny, creador de los personajes, vivió en la Argentina entre los 4 y 19 años. El mamó las historias de Patoruzú durante el momento de mayor auge, cuando era el referente para los niños en la escuela", dice Gutiérrez.

Similitudes: arriba una tira con “Upa” de 1936; abajo, una con Obeliz de 1960
Similitudes: arriba una tira con “Upa” de 1936; abajo, una con Obeliz de 1960

El investigador y autor de cómics francés Didier Pasamonik, durante el desarrollo de un artículo sobre Goscinny, entrevistó a su hermano, Claude, quien le confesó que la experiencia argentina había sido muy significativa en su formación artística. Así también lo confirmaron compañeros de trabajo e incluso de estudio del Colegio Francés de Buenos Aires.

El último original de Patoruzú se realizó en 1977. La muerte de Lovato significó el fin de las nuevas creaciones, aunque se siguieron reimprimiendo viejas ediciones. Quinterno falleció en 2003, pero su gran creación sigue viva, y causa en sus lectores la misma alegría que en aquellas primeras navidades. 

 

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