Su otra pasión, el ajedrez
Su otra pasión, el ajedrez

Existe una extrañeza, cierta curiosidad, al imaginar al artista más influyente del siglo XX, el francés Marcel Duchamp, caminando por las calles de la ciudad de Buenos Aires. Por muy insólito que parezca eso es parte de la historia. El padre del arte conceptual vivió durante nueve meses, entre 1918 y 1919 en un departamento que alquiló sobre la calle Alsina, en pleno barrio de Congreso, y se dedicó la mayor parte del tiempo a jugar al ajedrez.

Hace cien años, Duchamp abordó el Crofton Hall, un barco que lo traía de Nueva York a Buenos Aires y que demoró casi un mes de travesía antes de detenerse en suelo porteño. Se sabe poco y se especuló mucho, muchísimo, acerca de la estadía del genio e irreverente francés en estas tierras. No se conoce con exactitud por qué llegó hasta los confines del mundo. Para algunos, tal vez escapando de un posible enrolamiento a la Guerra Mundial que por entonces sacudía a buena parte del planeta, y que llevó a Duchamp a exiliarse en Nueva York.

Departamento que alquiló sobre la calle Alsina
Departamento que alquiló sobre la calle Alsina

El autor del famoso urinario rebautizado Fuente residió durante nueve meses en un departamento de la calle Alsina 1743, en el barrio de Congreso, y uno de sus vecinos en el mismo edificio era el compositor de tangos Francisco Canaro. Duchamp jugaba todas las noches al ajedrez, luego de asociarse a un club local, y tuvo su taller en la calle Sarmiento 1507, donde se encuentra actualmente la plaza seca del Centro Cultural San Martín.

"El ajedrez absorbe mi atención. Juego noche y día y nada en el mundo me interesa más que encontrar la movida justa. Estoy completamente listo para convertirme en un maniático del ajedrez", escribía desde Buenos Aires el creador de los ready made, una acción que implica sacar de su contexto a los objetos de uso cotidiano para convertirlos en obras de arte.

Sin embargo, su impresión de la ciudad -que abandonó una vez concluida la Primera Guerra Mundial- distaba mucho de ser algo positivo: "Buenos Aires no existe. No es más que una gran población provinciana con gente muy rica sin pizca de gusto, que todo lo compra en Europa", escribió Duchamp (1887-1968) en una carta que envió a sus amistades.

Duchamp era hijo de un notario en Blainville-Crevon, un pequeño poblado francés, y de muy joven recibió el premio a la excelencia en la Sociedad de Amigos de las Artes. Sin embargo, cuando sus hermanos se dedicaron a la pintura y la escultura, él no fue admitido en la Escuela de Bellas Artes. Si bien provenía de una familia acomodada, el autor de la pintura Desnudo bajando una escalera se abrazó a la vida bohemia.

Luego de colocar una rueda de bicicleta sobre un taburete y otros experimentos con vidrios, Duchamp dejó París para instalarse en Nueva York, ya pensando en la idea de los ready-made.

En Nueva York se hizo muy amigo de Man Ray y fue en esa ciudad donde decidió presentarse en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes, en la que cada artista podía pagar una cuota de seis dólares para poder presentar su obra. Fue entonces que Duchamp decidió presentar un urinario que firmó con un nombre falso y una dirección falsa, bajo el título Fuente.

El acto provocador no sólo encontraba su correlato en el auge del dadaísmo, sino también como un acto de protesta frente a una sociedad que se tornaba absurda, asediada por la guerra.

Su paso por Buenos Aires, como se sabe, suscitó infinidad de conjeturas y suposiciones aunque pocas certezas. Una de ellas, el haber diseñado un juego de ajedrez que mandó a fabricar. Ni bien supo que la guerra había terminado, regresó a París. El artista que se sentó la bases del arte conceptual falleció en el poblado de Neuilly-sur-Seine, el 2 de octubre de 1968, y fue incinerado con las llaves de su taller en el bolsillo.

Durante estos días se realizarán diferentes eventos para recordar al artista
Durante estos días se realizarán diferentes eventos para recordar al artista

En el marco de este aniversario, que además coincide con los 50 años de la muerte de Duchamp, la Bienalsur -que organiza la Universidad de Tres de Febrero-, preparó una serie de actividades gratuitas para homenajear al artista francés, frente a la fachada del edificio de la calle Alsina donde residió, y sus alrededores, que incluyen un ajedrez gigante, partidas simultáneas, proyección de películas y debates.

El 10 de octubre a las 18.30 se proyectará la película Todo lo que veo es mío, de los directores Román Podolsky y Mariano Galperín, en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación (Alsina 1835) y media hora antes, en el mismo espacio, habrá una charla dedicada a la puesta en valor de la fachada del edificio que alojó a Duchamp.

Luego, el 12 de octubre desde las 14, en Alsina 1745, habrá partidas simultáneas de ajedrez, un ajedrez gigante, recorridos guiados, mesas de debate e instalaciones artísticas, una jornada que concluirá con clases de tango y milonga en honor a Francisco Canaro, el ilustre vecino de Duchamp, dato que se conoció a raíz de una investigación realizada por el artista visual Marcelo Gutman.

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