Léonie Matthis recorrió el país, pero se enamoró de Tilcara, Jujuy
Léonie Matthis recorrió el país, pero se enamoró de Tilcara, Jujuy

Que los sótanos pueden guardar tesoros es un axioma irrefutable. Y a mayor antigüedad, esos hallazgos pueden ser tan sorprendentes como valiosos, pero no solo desde lo económico, sino también desde lo sentimental y hasta lo patrimonial, como sucede en este caso, el de la pintora Léonie Matthis.

En una vieja casona de múltiples habitaciones de estilo español en Turdera  se encuentra un sótano, otrora una bodega para alimentos, que permaneció oculto gracias a que solo se accedía a través de una de esas puertas que descansan al nivel del piso y que conservó, por décadas, múltiples objetos que hoy sirven para rearmar el costado menos conocido de Matthis, su manera de trabajar, sus bosquejos, sus cuadernos, su correspondencia íntima con quien fuera su marido, el también pintor Francisco Villar.

Una de las encargadas de la reconstrucción de su historia es Paula Léonie Vergottini, bisnieta de Matthiss, quien en su estudio de diseño gráfico e impresión tipográfica, Papel Principal, en el barrio de Monserrat, comenta a Infobae Cultura: "En mi infancia no tenía permitido el ingreso al sótano, pero de vez en cuando esa puerta se abría y yo aprovechaba la oportunidad para bajar y descubrir tesoros de la familia".

"En el viejo sótano, entre las telarañas, estaban sus pertenencias en cajones antiguos y en un gran baúl que decía Troyes. Siempre sentí curiosidad por sus objetos; de chica me gustaba dibujar y allí había pinturas, cuadernos de bocetos, su atril, pinceles, cartas y otros objetos de la familia. Era el mayor placer indagar entre sus cosas y llevar conmigo las que me llamaban la atención. En ese momento era un juego, y hoy encuentro más el valor sentimental y testimonial que tienen. De alguna manera, redescubrir su historia, es también descubrirme a mí misma",

Nacida en Troyes, Francia, en 1883, Léonie Matthis realizó una carrera pictórica en Argentina que la convirtió, entre otras cosas, en una artista fundamental en la recreación de momentos y monumentos históricos del país. "Nadie la conoce, pero todos la conocemos. Muchas generaciones de argentinos crecieron aprendiendo con las ilustraciones de los libros de textos escolares, que son sus cuadros", comentó Ignacio Gutiérrez Zaldívar a Infobae Cultura, quien además de poseer la mayor colección sobre su obra es autor del libro Léonie Matthis y fundador de la galería Zurbarán El Arte de los Argentinos.

Fotografías y dibujos de y sobre Léonie Matthis
Fotografías y dibujos de y sobre Léonie Matthis

A lo largo de su obra hay cuatro temáticas bien reconocibles, las que tienen el foco en la Plaza de Mayo, la Revolución de 1810, los paisajes del interior del país y las referidas a la vida de Jesús, durante la última etapa de su vida.

En la actualidad, pocos espacios porteños posibilitan conocer su particular pincelada. Entre ellos, uno de los principales es el Museo del Cabildo, donde se desarrolla Léonie Matthis, paisajista de la historia, un espacio que rinde homenaje a la única mujer con obra firmada de la colección del museo y que presenta sus herramientas de trabajo, bocetos, cajas de pintura, cartas y fotografías que dan cuenta del proceso creativo que rodeó a sus obras, todos objetos que fueron prestados por su bisnieta. De hecho, en el inventario del museo, el cuadro de Matthis es el número 1.

Este cuadro es el número 1 del inventario del Museo del Cabildo
Este cuadro es el número 1 del inventario del Museo del Cabildo

"Hasta donde tengo registro, ella es la única pintora histórica. Si bien la obra del Cabildo es sobre el '25 de Mayo' tiene otros cuadros más sobre Plaza de Mayo, por ejemplo. Léonie pintaba luego de documentarse muchísimo, no era que realizaba interpretaciones, sino que realmente estaba empapada sobre la Colonia y la Revolución", explica a Infobae Cultura Clara Sarsale, responsable del área de desarrollo de proyectos del Museo del Cabildo. Y agregó: "Se asesoró con figuras de un círculo de sociabilidad intelectual al cual había accedido como artista, como los historiadores Ricardo Levene y Enrique Udaondo, el escritor Leopoldo Lugones, Mario Buschiazzo y el sacerdote Guillermo Furlong, entre otros".

Sin embargo, Léonie Matthis -dice Sarsale- "nunca asumió a su obra como documentación histórica, siempre se refirió a la recreación del pasado en términos de evocación o ensueño".

La paleta, pinturas y otros objetos que pertenecieron a la artista
La paleta, pinturas y otros objetos que pertenecieron a la artista

"Creo que la mejor serie de ella es la que retrata la historia de Plaza de Mayo, a lo largo de cuatro siglos. Estas obras pueden verse en el Museo Histórico Cornelio Saavedra. También hay pinturas en el Museo Histórico Julio Marc de Rosario, en especial lo que fue su producción sobre la misión jesuítica de San Ignacio Miní, en Misiones. Sin dudas fue la artista mujer que más aportó a la historia de la Argentina", sentencia Gutiérrez Zaldívar.

Una vida entre aventuras y arte

Léonie Matthis se relacionó con el arte desde pequeña en Troyes y cuando la Academia de Bellas Artes de París admitió mujeres por primera vez, ella se mudó con 15 años a la capital francesa para presentarse. Y fue aceptada.

“Calle de Troyes, Francia”, 1911
“Calle de Troyes, Francia”, 1911

En un viaje artístico por España conoció al retratista asturiano Francisco Villar, quien la convenció de conocer el sol de Argentina. Él ya vivía en el país y ella se sumó unos meses más tarde. Se casaron en la porteña Iglesia de la Merced en 1912, y habitaron en la ciudad hasta que finalizaron la construcción de la casona de Turdera, donde vivió junto a sus 8 hijos, siete de ellos, hombres. "El menor de todos, Marcelo, el tío Tata, hereda el nombre de Marcelo T. de Alvear, que era su padrino por ser el séptimo hijo varón", cuenta Paula.

Léonie, la única mujer pintando, sonríe en una galería europea. A su derecha, como mirando de reojo su dibujo, su marido Francisco Villar
Léonie, la única mujer pintando, sonríe en una galería europea. A su derecha, como mirando de reojo su dibujo, su marido Francisco Villar

Cuando llegó al país, "hablar francés fue de una gran ayuda, ya que en ese momento era muy importante y por eso pudo dar clases de pintura a mujeres de la alta sociedad. Ella tuvo muchas alumnas, todos los que la conocieron y sobre todo mi abuela materna, cuentan que era una mujer muy dulce y espiritual", dice Paula.

Su bisnieta atraviesa ahora un momento de reencuentro con Léonie, la mujer, por sobre la pintora. Posee en su poder una gran colección de cartas que se enviaban con Villar, cuando alguno de los dos debía salir de viaje: "Atesoro una infinidad de cartas; gracias a ellas puedo traer y reconstruir la cercana relación de Léonie con mi bisabuelo y sus hijos, sus historias cotidianas. Ellos viajaban mucho por trabajo y Léonie siempre iba acompañada por uno o dos de sus hijos más chicos".

Su bisnieta posee cartas, postales y anotaciones que revelan el aspecto más íntimo de la artista
Su bisnieta posee cartas, postales y anotaciones que revelan el aspecto más íntimo de la artista

Sarsale, por su parte, suma: "Hay cartas muy cariñosas entre ellos, pero también cartas de y para los hijos, algo que era muy extraño en la época. Además, era una mujer muy ordenada, que a pesar de la distancia llevaba un control del hogar, en muchos de sus bosquejos se pueden ver las cuentas que realizaba de los gastos familiares o incluso de las ventas de sus cuadros".

Es que Matthis era una mujer, en cierto punto, adelantada a su tiempo, que buscaba estar presente en el hogar y a su vez realizarse como pintora, como persona: "Hay que decir que tenía un apoyo que le permitió ser quién fue y esa mujer fue Vasilisa, la mujer que trabajaba en la casa de ellos y les cuidaba los chicos".

La Plaza de Mayo en diferentes épocas: arriba, siglo XVII; abajo, siglos XVIII y XIX
La Plaza de Mayo en diferentes épocas: arriba, siglo XVII; abajo, siglos XVIII y XIX

"Era una mujer que le gustaba estar en todo. Por ejemplo, preparaba el desayuno de sus hijos, los llevaba al colegio, tomaba el tren para ir al centro y después se volvía para la hora del almuerzo. Siempre estuvo muy presente para ellos. Además, era una trabajadora incansable, la cabeza de la familia, y era tan apreciada en su tiempo que pudo vivir de lo que pintaba", dice Gutiérrez Zaldívar.

En 1919, ganó el primer premio único para extranjeros en el Salón Nacional y un año después inició su camino en las pinturas de recreación histórica. En 1922 expone en el Museo de Arte Moderno de Madrid, mientras que en 1936, comienza con lo que fueron 13 grandes obras de su serie "Historia de la Patria a través de la Plaza de Mayo".

El festejo del 25 de Mayo en Buenos Aires, en 1830, según Matthis
El festejo del 25 de Mayo en Buenos Aires, en 1830, según Matthis

Gutiérrez Zaldívar explica: "Al principio de su carrera pintaba al óleo, pero no se destacaba tanto como lo hizo después con el gouache sobre papel francés". Y Sarsale suma: "Pintaba con acuarela usando una técnica similar al óleo llamada gouache, que consiste en realizar varias capas con pinceladas con acuarela opaca, y plasmar los colores claros y luces con blanco. Cuando se seca, los colores ofrecen una tonalidad clara de aspecto opalino. En su paleta priman los colores cálidos, claros y luminosos, y sus trazos logran dotar al paisaje de movimiento y vida".

Otra de las características de su estilo es la ausencia de personificación, prefería la expresión de lo grupal, por sobre lo individual: "Tenía una mirada para captar esos mundos, no con el acento en los personajes, sino en las multitudes anónimas, sujetos difuminados, que hacen al relato de la historia".

Matthis en las ruinas de San Ignacio, en Misiones, y el cuadro “Reunión de Caciques, Misiones Jesuíticas”, de 1930
Matthis en las ruinas de San Ignacio, en Misiones, y el cuadro “Reunión de Caciques, Misiones Jesuíticas”, de 1930

Pero la obra de Matthis no solo es histórica en el sentido de las recreaciones patrióticas. Durante su vida recorrió gran parte del país, desde la Patagonia, al Norte y el Litoral, como también Bolivia y Perú, en 1939, países que la nombraron miembro de las Sociedades Geográficas.

"Creo que de todos los lugares, su favorito era Tilcara, en Jujuy. Con mi bisabuelo se iban a vivir allí todos los veranos", dice Paula. Y agrega: "Alquilaban un vagón de tren para viajar al Norte con toda la familia. De hecho, varios de sus hijos fueron a la escuela pública de Tilcara y eran monaguillos de la antigua iglesia".

Léonie en Tilcara, en 1924
Léonie en Tilcara, en 1924

Allí, en el pueblo de la Quebrada de Humahuaca, tenían un amigo artista, otro pintor histórico, José Terry. "Vivieron en la casa de Terry, que actualmente es un Museo Nacional, su huella quedó plasmada en Tilcara y hay un busto de mi bisabuelo en otros de los museos, como personaje ilustre del pueblo". Y para Paula esa experiencia en el Norte fue esencial para una característica, casi una firma de su estilo: "Los cielos de los cuadros de ella son especiales y cuando se visita el Norte se puede ver claramente qué la inspiró".

Después, siguió subiendo, primero Potosí, en Bolivia, y luego Perú. Hacía apenas unas décadas que Hiram Bingham, un explorador estadounidense, había descubierto la ciudad sagrada incaica del Machu Picchu y ella soñaba con poder retratarlo.

“San Francisco Solano en el Cusco, Perú”, 1945
“San Francisco Solano en el Cusco, Perú”, 1945

"Se fue sola. Si hoy hacer el camino del Inca puede ser agotador, en ese entonces era mucho más dificultoso, no era un circuito turístico, seguía siendo una aventura contra la naturaleza. Así que con la ayuda de un local, hizo todo el camino en lomo de mula. Aparentemente esa experiencia en la altura afectó mucho a su corazón", dice su bisnieta.

"Los últimos años ella sufre una especie de ceguera por presión ocular. No salía a la calle, pero seguía pintando en su casa de Turdera, donde pedía que cerraran todas las cortinas. Los paradójico es que esta serie, sobre la vida de Cristo, es la más colorida y luminosa de toda su obra", explica Guitérrez Zaldívar.

Léonie Matthiss falleció el 31 de julio de 1952, cinco días después que Eva Perón. Dicen que en su funeral no brillaron los colores ni las tonalidades que supo recrear en sus cuadros porque todas las florerías de la ciudad habían quedado vacías tras la partida de Evita.

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