El Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional (UNA) lanzó una advertencia tras analizar los resultados de PISA 2025: reducir actualmente los recursos destinados a la educación podría profundizar las brechas de aprendizaje y generar consecuencias que Costa Rica comenzaría a observar dentro de cinco, diez o incluso quince años.
Para la institución, los resultados obtenidos por el país no deben utilizarse como argumento para reducir el presupuesto educativo, sino como una señal de la necesidad de fortalecerlo y orientarlo hacia las áreas donde persisten mayores rezagos.
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La organización universitaria sostiene que el desempeño actual del estudiantado no puede analizarse como un fenómeno aislado, debido a que las capacidades que hoy muestran los jóvenes son producto de decisiones tomadas durante años en materia de financiamiento, pedagogía, infraestructura y acompañamiento docente.
Por esa razón, alertó que los efectos de disminuir la inversión tampoco necesariamente serán inmediatos.
“La educación produce resultados acumulativos y de largo plazo. Las capacidades que observamos hoy son, en parte, réditos de decisiones presupuestarias y pedagógicas tomadas durante años. Del mismo modo, los recortes del presente tendrán consecuencias que podrían manifestarse cuando sea más difícil y costoso revertirlas”, indicó.
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El señalamiento surge después de que PISA 2025 mostrara resultados mixtos para Costa Rica.
El país obtuvo 424 puntos en Ciencias, 416 en Lectura y 387 en Matemáticas. En Ciencias se produjo una mejora frente a los 411 puntos registrados en 2022, mientras que Lectura pasó de 415 a 416 puntos y Matemáticas de 385 a 387.
Según el CIDE, estas dos últimas variaciones representan principalmente estabilidad y no una mejora sustantiva.
La situación es aún más evidente cuando se analiza cuántos estudiantes alcanzan los niveles básicos de desempeño.
Solo el 30% del estudiantado costarricense alcanzó al menos el nivel básico en Matemáticas, frente al 65% promedio de la OCDE.
En Lectura, el porcentaje fue de 53%, mientras que el promedio de la organización internacional alcanzó 69%. En Ciencias, Costa Rica registró 56%, frente a 74% en la OCDE.
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En otras palabras, siete de cada diez estudiantes costarricenses todavía no alcanzan el nivel básico en Matemáticas.
Para la UNA, estos resultados deben analizarse también tomando en cuenta las condiciones en las que docentes y estudiantes realizan diariamente su trabajo.
Los propios datos de PISA citados por el centro muestran que el 68% de la población evaluada asiste a instituciones cuyas direcciones consideran que la falta de materiales dificulta la enseñanza.
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A esto se suma que el 64% estudia en centros donde las deficiencias de infraestructura obstaculizan el aprendizaje, el 55% está en instituciones afectadas por falta de personal docente y el 52% en centros con insuficiencia de personal de apoyo.
Frente a ese panorama, el CIDE cuestionó que se exijan mejores resultados sin garantizar primero condiciones mínimas para el proceso educativo.
“No puede exigirse excelencia educativa mientras docentes y estudiantes trabajan sin materiales suficientes, conectividad pertinente, laboratorios adecuados, bibliotecas actualizadas, infraestructura segura, ambientes inclusivos y el personal necesario”, advirtió.
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La institución considera que el compromiso del profesorado, las familias y las comunidades educativas es indispensable, pero recalcó que ese esfuerzo no puede reemplazar la responsabilidad del Estado de garantizar recursos y oportunidades de aprendizaje.
En ese sentido, el CIDE formuló una pregunta que resume buena parte de su advertencia: “¿Qué resultados espera obtener dentro de cinco, diez o quince años si hoy reduce los recursos destinados a la educación?”
También cuestionó cómo podría el país cerrar sus brechas si debilita las condiciones materiales y pedagógicas necesarias para hacerlo.
PISA 2025 contó con la participación de 6,881 estudiantes de 202 centros educativos públicos y privados, urbanos y rurales, una muestra equivalente a aproximadamente el 73% de la población costarricense de 15 años.
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El CIDE destacó como un avance que una población más amplia y diversa permanezca dentro del sistema educativo, pero advirtió que aumentar la cobertura no es suficiente si quienes continúan estudiando no cuentan con condiciones adecuadas para aprender.
Por ello, la institución plantea recuperar progresivamente la inversión pública en educación, atender infraestructura, garantizar materiales, tecnologías, bibliotecas y laboratorios y ofrecer apoyos diferenciados a las poblaciones que enfrentan mayores desigualdades.
También propone desarrollar una política nacional de formación docente, con capacitación continua, acompañamiento profesional, estabilidad laboral y mejores condiciones para la planificación.
Un aspecto positivo identificado por PISA es precisamente la relación entre estudiantes y profesores. El 86% del estudiantado costarricense afirmó que sus docentes muestran interés por el aprendizaje de cada estudiante, frente al 69% promedio de la OCDE.
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Para el CIDE, ese capital humano debe ser fortalecido y no depender únicamente del esfuerzo individual de cada educador.
“La excelencia docente no puede descansar únicamente en la vocación individual”, afirmó la institución, que pidió garantizar formación rigurosa, estabilidad laboral y condiciones dignas para enseñar.
Finalmente, la UNA hizo un llamado a construir un acuerdo educativo nacional que trascienda los ciclos gubernamentales y permita sostener políticas de largo plazo independientemente de los cambios políticos.
La propuesta contempla articular al Ministerio de Educación Pública, las universidades públicas, las comunidades educativas, organizaciones profesionales y otros sectores sociales bajo metas comunes y mecanismos de rendición de cuentas.
Para el CIDE, Costa Rica enfrenta actualmente una decisión que tendrá consecuencias más allá del próximo presupuesto o del siguiente gobierno.
“La educación que tendremos mañana se está financiando y transformando desde hoy”, concluyó la institución al advertir que una reducción sostenida de recursos puede limitar oportunidades, erosionar capacidades construidas durante décadas y comprometer el desarrollo futuro del país.
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