El octavo Simulacro Nacional de Emergencias de Costa Rica se realizará este miércoles 12 de agosto a las 10 de la mañana, con una diferencia respecto a ediciones anteriores: por primera vez, cada participante elegirá el tipo de amenaza que practica según el riesgo de su zona, en lugar de seguir un escenario único para todo el país.
La decisión de adoptar el formato multiamenaza no es arbitraria. El país registra en promedio más de 3,000 temblores al año, y en julio pasado un sismo de magnitud 5.2 frente al golfo de Nicoya generó 21 réplicas en pocas horas.
El Observatorio Vulcanológico y Sismológico (OVSICORI-UNA) advirtió, además, que desde 2023 opera con financiamiento precario, lo que amenaza su red de más de 110 estaciones sísmicas de alta sensibilidad.
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Ocho escenarios para un país expuesto
Los participantes podrán practicar protocolos ante sismos, inundaciones, deslizamientos, erupciones volcánicas, tornados, huracanes, incendios y tsunamis.
La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) habilitó el sitio simulacro.cr para las inscripciones, y para el 3 de agosto ya contaba con 350,000 personas registradas.
La aplicación móvil Simulacro CR permite recibir información del ejercicio y reportar la participación al finalizar. Quienes completen el simulacro recibirán un certificado oficial a través de la misma plataforma.
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La CNE subrayó que la actividad apunta a que familias, empresas e instituciones no solo evacúen, sino que revisen o elaboren sus planes de emergencia antes del ejercicio.
“Sabemos que vivimos en un país donde las emergencias se presentan todos los días y es nuestro deber como ciudadanos prepararnos para saber cómo actuar si sucede algún evento”, señaló la institución.
La edición de 2025 reunió a más de 1.4 millones de personas en los 84 cantones y las 7 provincias del país, entre ellas 589,000 niños, 35,000 personas con discapacidad y 24,000 adultos mayores.
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Esa cifra es el referente que el simulacro de este año buscará superar.
El Tribunal Electoral también participa
El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) confirmó su participación en la sede central, la bodega de Las Brisas en Desamparados, el Archivo del Registro Civil en Los Yoses y sus 32 oficinas regionales en todo el país.
En la sede central se esperan más de 1,000 personas, entre funcionarios y ciudadanos que realicen trámites en ese momento.
Los escenarios contemplados incluyen incendios, atención de personas lesionadas y evacuación de instalaciones.
El TSE también aprovechará el ejercicio para verificar el funcionamiento de extintores y sistemas fijos contra incendios, como mangueras. La institución pidió comprensión a la ciudadanía ante posibles interrupciones temporales en la atención de trámites durante el desarrollo del simulacro.
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Cómo prepararse para una emergencia
Prepararse no requiere equipos costosos ni conocimientos técnicos: empieza con caminar por los pasillos de la propia casa y mirar con otros ojos lo que hay en ella.
Esa es la premisa detrás de un plan de emergencias en 7 pasos difundido por Simulacros.cr, plataforma costarricense de cultura preventiva.
El modelo está diseñado para hogares, empresas y comunidades, y parte de un principio básico: la preparación debe convertirse en un hábito, no en una reacción de último momento.
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El primer paso empieza adentro
El punto de partida es el reconocimiento del propio entorno. Antes de pensar en volcanes o inundaciones, la guía recomienda examinar el mobiliario, las instalaciones eléctricas y las estructuras del inmueble, además de identificar pasillos y salidas de evacuación.
Solo después de ese inventario interno corresponde mirar hacia afuera. El segundo paso consiste en analizar los riesgos del entorno inmediato: cercanía a ríos, quebradas o al mar; laderas inestables; fallas tectónicas; volcanes activos; historial de tornados, y posibles incendios forestales o de vegetación.
Zonas seguras y mapas visibles
Con ese diagnóstico en mano, el tercer paso es definir dónde refugiarse según el tipo de amenaza. Las zonas seguras pueden ser internas —como espacios alejados de ventanas— o externas, como patios amplios o albergues habilitados.
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El cuarto paso traduce todo eso a papel: un croquis simple del interior del inmueble y su entorno, con colores diferenciados para señalar amenazas y puntos seguros. La guía insiste en que ese mapa debe estar en un lugar visible para todos los miembros del hogar o la organización.
El maletín y las 72 horas críticas
Uno de los datos más concretos del plan es el margen de tiempo que establece para el maletín de emergencias: las autoridades pueden tardar hasta 72 horas en llegar. Por eso, ese kit debe estar en un lugar de fácil acceso y todos —sin excepción— deben saber dónde está.
El sexto paso distribuye responsabilidades antes de que ocurra cualquier evento. La guía enumera tareas específicas: acompañar a adultos mayores, personas con discapacidad y niños durante la evacuación; guiar hacia el punto seguro; transportar el maletín; hacer la valoración posterior al evento, y coordinar el retorno al hogar o al trabajo.
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La práctica como garantía
El séptimo y último paso cierra el ciclo con una condición que los expertos en gestión del riesgo repiten con frecuencia: un plan que no se practica no sirve. La guía recomienda realizar ejercicios periódicos con la familia, la comunidad o la organización para consolidar una cultura preventiva.
A eso se suma la revisión constante del maletín de emergencias, para verificar que los artículos estén en buen estado y no hayan vencido o deteriorado con el tiempo.