La creciente incertidumbre internacional provocada por conflictos geopolíticos, crisis energéticas y alteraciones en las rutas marítimas volvió a poner sobre la mesa una preocupación estratégica para el sector agrícola: la alta dependencia de fertilizantes importados y el impacto que esto puede tener sobre la producción de alimentos.
En medio de ese escenario, la empresa costarricense Fertipel, ubicada en Aguas Zarcas, impulsa una propuesta basada en economía circular y producción nacional de fertilizantes organominerales microbiológicos elaborados a partir de materias primas locales.
La iniciativa utiliza insumos como gallinaza compostada y carbón vegetal obtenido de residuos agroindustriales para desarrollar fertilizantes que buscan complementar los esquemas tradicionales de nutrición agrícola y, al mismo tiempo, abrir una discusión sobre resiliencia alimentaria y soberanía de insumos.
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Según explicó Juan Sauma, representante de la compañía, la volatilidad de los mercados internacionales puede afectar directamente los costos de producción agrícola en Costa Rica y terminar trasladándose al precio final de los alimentos.
“Costa Rica debe empezar a ver los fertilizantes no solo como un insumo agrícola, sino como un asunto de seguridad alimentaria. Cuando un conflicto a miles de kilómetros puede afectar el costo de producir alimentos en el país, queda claro que necesitamos fortalecer soluciones locales”, afirmó Sauma.
La discusión cobra relevancia en un contexto global marcado por los efectos prolongados de la guerra entre Rusia y Ucrania —dos actores clave en el mercado internacional de fertilizantes—, las tensiones comerciales entre potencias y los altos costos logísticos derivados de la inestabilidad energética y marítima.
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Durante los últimos años, productores agrícolas de distintas partes del mundo enfrentaron aumentos abruptos en los precios de fertilizantes nitrogenados, fosfatados y potásicos, situación que encareció cultivos y presionó la inflación alimentaria global.
En Costa Rica, donde buena parte de los fertilizantes utilizados en agricultura son importados, las variaciones internacionales impactan directamente a sectores como café, piña, caña, hortalizas y ganadería.
Frente a este panorama, Fertipel plantea una estrategia que combine materia orgánica y componentes minerales para mejorar la eficiencia de nutrientes y recuperar la salud de los suelos, sin abandonar completamente los modelos convencionales de fertilización.
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La empresa insiste en que su objetivo no es sustituir de manera inmediata los fertilizantes tradicionales, sino ofrecer una herramienta complementaria que fortalezca la estabilidad del productor nacional frente a factores externos que escapan a su control.
“Costa Rica tiene productores, materia prima, conocimiento e industria para construir soluciones propias. La pregunta es si vamos a seguir dependiendo casi por completo de insumos importados o si vamos a fortalecer alternativas nacionales que le den más estabilidad al productor”, añadió el vocero.
Además de disminuir vulnerabilidades externas, la compañía sostiene que el aprovechamiento de residuos agroindustriales puede generar encadenamientos productivos, empleo rural y nuevas oportunidades de innovación dentro del sector agroindustrial costarricense.
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La propuesta también se alinea con modelos de agricultura sostenible que buscan reducir desperdicios y reincorporar residuos orgánicos al ciclo productivo mediante procesos de compostaje y transformación industrial.
Para Fertipel, avanzar hacia una mayor soberanía de insumos agrícolas requiere impulsar investigación aplicada, innovación tecnológica y políticas que favorezcan soluciones locales capaces de coexistir con los modelos actuales de producción.
“Fertipel nace de una idea sencilla: lo que antes era residuo puede volver al suelo como nutrición. En un mundo donde los fertilizantes dependen de guerras, barcos, energía y rutas internacionales, producir localmente es una decisión ambiental, económica y alimentaria”, concluyó Sauma
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