Durante el periodo de Semana Santa, el consumo de pescado y productos marinos en Costa Rica se incrementa de forma significativa, impulsado tanto por tradiciones religiosas como por preferencias gastronómicas. Sin embargo, este aumento también conlleva un mayor riesgo de intoxicaciones alimentarias si no se toman en cuenta criterios adecuados de selección, almacenamiento y preparación.
Ante este escenario, la Universidad Estatal a Distancia (UNED) emitió una serie de recomendaciones dirigidas a los consumidores, con el objetivo de reducir riesgos y garantizar una experiencia segura al momento de consumir pescado. El énfasis principal está en reconocer las características que determinan la frescura del producto, un aspecto clave para la salud.
Uno de los indicadores más importantes es la apariencia de los ojos del pescado. Según explicó Edgar Gutiérrez Font, tecnólogo en Alimentos y tutor de Microbiología de Alimentos de la UNED, estos deben ser abultados, con pupilas negras y brillantes. “Si están hundidos o presentan una córnea lechosa, es un indicio claro de deterioro”, advirtió el especialista.
A esta revisión visual se suma el estado de la piel, que debe tener un color vivo y una textura firme. Las escamas, además, deben estar bien adheridas al cuerpo. Una piel blanda o sin brillo puede ser señal de que el producto no está en condiciones óptimas para el consumo.
Otro elemento fundamental en la evaluación es el de las agallas. Estas deben presentar un color rojo o rosado intenso y un aspecto limpio. Si, por el contrario, muestran tonos amarillentos, grisáceos o un aspecto viscoso, lo más recomendable es evitar su compra. “Es uno de los indicadores más claros del estado del pescado”, señaló Gutiérrez.
El olor también juega un papel determinante. Un pescado fresco debe oler a mar, de manera suave. Aromas fuertes, similares al amoníaco o desagradables, son una señal inequívoca de descomposición. Asimismo, el abdomen hinchado puede indicar procesos internos de deterioro, por lo que se aconseja no adquirir productos con esta característica.
Más allá de las condiciones físicas del pescado, el lugar de compra es igualmente relevante. La UNED recomienda adquirir estos productos únicamente en establecimientos confiables, donde se garantice una adecuada manipulación, higiene y cadena de frío. Es fundamental que el pescado se mantenga refrigerado o sobre hielo, especialmente en un contexto de alta demanda como Semana Santa.
El experto también hizo un llamado a evitar compras en sitios informales que no cumplan con condiciones sanitarias básicas, ya que esto incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos. En el caso de consumir pescado en locales públicos, se recomienda verificar que el establecimiento cuente con lavamanos funcionales, almacenamiento adecuado y procesos de cocción correctos.
En el ámbito doméstico, la manipulación del pescado también requiere cuidados específicos. Uno de los principales riesgos es la contaminación cruzada, que ocurre cuando bacterias de un alimento pasan a otro. Para prevenirla, se aconseja utilizar utensilios separados para distintos tipos de alimentos. Por ejemplo, tablas de cortar de diferentes colores: rojo para carnes, azul para productos marinos y verde para vegetales.
Además, es importante consumir el pescado lo antes posible tras su compra. En caso de no hacerlo, debe congelarse rápidamente para preservar su frescura. No obstante, una vez descongelado, no se recomienda volver a congelarlo, ya que esto afecta tanto su calidad como su seguridad.
“La frescura del pescado es clave para evitar intoxicaciones alimentarias. Prestar atención a estos detalles garantiza una compra segura y una mejor experiencia en la cocina”, enfatizó el especialista.
En un contexto donde el consumo de pescado aumenta considerablemente, estas recomendaciones cobran especial relevancia. Elegir adecuadamente el producto, verificar su estado y manipularlo correctamente no solo permite disfrutar de las tradiciones de Semana Santa, sino también proteger la salud de quienes lo consumen.