En Costa Rica, el “sí acepto” ya no suena con la misma frecuencia que hace diez años. Las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) confirman una transformación silenciosa pero sostenida en la manera en que las parejas formalizan sus relaciones: el país pasó de registrar 26,512 matrimonios en 2015 a 22,136 en 2024. Son 4,376 uniones menos en apenas una década.
La caída no es solo numérica, también es proporcional. La tasa bruta de nupcialidad, que mide la cantidad de matrimonios por cada mil habitantes, descendió de 5,5 en 2015 a 4,3 en 2024. Es decir, no solo hay más población, sino que proporcionalmente menos personas están optando por casarse.
Detrás de las cifras se dibuja un cambio cultural profundo, pero también económico. En un país donde el costo de vida ha aumentado de manera sostenida, donde el acceso a vivienda propia es cada vez más complejo y donde el empleo formal enfrenta desafíos estructurales, el matrimonio parece dejar de ser una prioridad inmediata para muchas parejas. Casarse implica gastos asociados a la ceremonia, celebración, vivienda y estabilidad financiera, elementos que para una generación más cautelosa resultan determinantes.
Casarse más tarde: una decisión que se posterga
El propio comportamiento de la edad al primer matrimonio confirma esa postergación. En 2015, los hombres se casaban en promedio a los 34,73 años y las mujeres a los 31,25. Para 2024, la edad promedio aumentó a 38,72 años en hombres y 35,22 en mujeres. En ambos casos, el salto ronda los cuatro años. La decisión de formalizar la relación ya no se toma en la adultez temprana, sino más cerca de los 40 años en el caso masculino y a mediados de los 30 en el femenino.
Más civil, menos religioso
La transformación también alcanza el tipo de ceremonia. En 2015, el 27,1% de los matrimonios eran católicos y el 72,9% civiles. Diez años después, el peso del matrimonio religioso se redujo a 19,5%, mientras que el civil aumentó a 80,5%. La tendencia confirma un desplazamiento progresivo hacia la formalización legal por encima de la tradición religiosa.
Matrimonio igualitario: estabilización tras el impulso inicial
El panorama se amplía con los matrimonios entre personas del mismo sexo, permitidos desde 2020. Ese año se registraron 498 uniones; en 2021 la cifra ascendió a 838, marcando un pico tras la entrada en vigencia del matrimonio igualitario. Posteriormente, los números se estabilizaron: 694 en 2022, 723 en 2023 y 637 en 2024. Aunque representan una fracción del total anual, forman parte del nuevo mapa de las uniones legales en el país.
Las cifras del INEC no hablan de la desaparición del matrimonio, pero sí de una redefinición de su momento y su significado. Más tarde, más civil y menos frecuente. En una sociedad atravesada por presiones económicas, nuevas dinámicas laborales y transformaciones culturales, el compromiso formal ya no es un paso automático en la construcción de pareja, sino una decisión que se toma con más cálculo que impulso.
El matrimonio sigue existiendo, pero dejó de ser el destino inmediato. Ahora es, para muchos, una meta que se evalúa cuando las condiciones emocionales y financieras lo permiten.