El 7 de mayo de 2026, el juego entre Independiente Medellín y Flamengo se vio interrumpido por la protesta de los hinchas del “Poderoso de la Montaña”.
El partido que no llegó a los cinco minutos de realizado, tuvo que ser interrumpido por parte del árbitro venezolano Jesús Valenzuela, que automáticamente dio la orden de que los 22 jugadores entraran al camerino del Atanasio Girardot.
En medio de este contexto, tras lo ocurrido, Flamengo publicó en su cuenta de X un video del dirigente deportivo José Boto hablando sobre los incidentes vividos en el Atanasio Girardot de Medellín
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“Como es obvio, nosotros esperamos ganar estos tres puntos porque la responsabilidad no es nuestra. Los reglamentos son claros: el equipo local no pudo garantizar la seguridad. Esas condiciones de seguridad no se cumplieron y por eso la decisión de la Conmebol nos parece la más correcta, porque por encima de todo está la integridad de las personas”, dijo.
Además explicó que Flamengo siempre quiso jugar el partido durante su explicación.
“También quiero decir que nosotros siempre quisimos jugar, que era nuestra voluntad hacerlo, pero pedíamos que se reunieran todas las condiciones de seguridad para nuestros jugadores, nuestros aficionados y para nosotros fuera del estadio, al ir al aeropuerto. Esas condiciones de seguridad no se cumplieron y por eso la decisión de la Conmebol parece la más adecuada, porque por encima de todo está la seguridad y la integridad física de las personas, ¿vale?”, completó.
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Qué fue lo que pasó en el Atanasio Girardot
El 7 de mayo de 2026, el partido entre Independiente Medellín y Flamengo por la fecha cuatro de la Copa Libertadores 2026 fue suspendido debido a los graves incidentes en las tribunas del estadio Atanasio Girardot. La reiterada utilización de pirotecnia por parte de algunos sectores de la hinchada local generó una densa humareda que redujo la visibilidad en la cancha y derivó en períodos de desorden e inseguridad. La interrupción del encuentro expone la ruptura entre el equipo y su afición tras la reciente eliminación en la Liga BetPlay, y los gestos de provocación del dueño del club Raúl Giraldo hacia los hinchas, y podría resultar en una sanción con pérdida de puntos y una multa significativa para el club colombiano.
Minutos después del inicio del partido, a las 8:12 p.m., los sistemas de altavoces ordenaron la evacuación del estadio de Medellín, aunque en ese momento no se comunicó una suspensión definitiva. Una hora y 20 minutos después de la primera detención del juego, la Conmebol confirmó la cancelación oficial del encuentro, lo que abre la posibilidad de que los puntos sean adjudicados a Flamengo. Hasta la comunicación definitiva, persistió la tensión en el ambiente y se mantuvieron los cánticos de la afición del Poderoso, entre los cuales destacó la consigna: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
El árbitro venezolano Jesús Valenzuela detuvo el partido a los tres minutos del primer tiempo. El detonante fue la falta de condiciones de seguridad tras los desórdenes en el sector norte, donde se lanzaron objetos e intentó derribarse parte de la cerca perimetral, forzando el ingreso de la policía antidisturbios. La constante utilización de pirotecnia y las banderas con mensajes de protesta contra el club y la Conmebol agravaron la situación.
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Durante la breve fracción de tiempo en que el juego estuvo en marcha, Flamengo generó la única ocasión clara de peligro, con un remate de Araujo que pasó cerca del arco local tras una jugada asociada con el colombiano Jorge Carrascal, titular en el equipo visitante. Entre los protagonistas del episodio también se destacó la intención de Frank Fabra por mediar ante las autoridades para evitar la suspensión.
La decisión de la Conmebol y sus implicaciones deportivas y disciplinarias permanecerán bajo análisis, mientras el caso renueva el foco sobre la relación y los límites entre la hinchada y los clubes durante los torneos internacionales del fútbol sudamericano.