El gerente del Banco de la República Leonardo Villar advirtió que la inflación en Colombia no volvería a la meta del 3% antes de mediados de 2028 y atribuyó ese rezago a decisiones de política económica del anterior Gobierno que, a su juicio, elevaron la demanda interna, encarecieron los costos y obligan a mantener una política monetaria prudente por más tiempo.
La advertencia llegó durante el Congreso de Asobancaria en Cartagena, en un momento en que el Banco de la República observa no solo una inflación todavía alta, sino un desanclaje de expectativas y una apreciación del peso que, según Villar, resta competitividad a la producción local.
El directivo sostuvo que el país evitó que el indicador permaneciera en dos dígitos, pero no logró restablecer plenamente la estabilidad de precios.
El dato más reciente que expuso fue que la inflación, después de haber bajado hasta 4,8% en junio de 2025, volvió a acercarse al 6% en junio y julio de 2026, aproximadamente el doble del objetivo del emisor.
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A eso sumó que la expectativa de inflación a dos años, medida en la encuesta a analistas del banco central, había caído por debajo de 3,5% a mediados de 2025, subió a 4,7% a comienzos de 2026 y en agosto seguía cerca de 4,2%.
“La inflación ha bajado de manera importante frente a los niveles que alcanzó en 2023, pero todavía se mantiene lejos de la meta del 3%. Lo que muestran nuestras proyecciones es que esa convergencia será lenta y que, bajo las condiciones actuales, no se alcanzaría antes de mediados de 2028”, afirmó Villar ante el sector financiero.
Villar recordó que la inflación en el país llegó a alrededor de 13,4% en 2023, uno de los niveles más altos de los últimos años. Entre 2021 y 2024, dijo, el banco central mantuvo una postura monetaria restrictiva, con tasas de interés por encima de las consideradas neutrales para el mediano y largo plazo, en línea con otros bancos centrales de América Latina y del mundo después de la pandemia.
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Ese ajuste permitió una reducción de más de 8,5 puntos porcentuales en poco más de dos años. El problema, según el gerente, es que Colombia se apartó de la tendencia regional en 2025, cuando en otros países la inflación siguió bajando hasta niveles compatibles con sus metas, mientras en el caso colombiano el descenso se frenó y en 2026 recibió un nuevo impulso alcista de más de un punto porcentual.
“Después de una reducción significativa desde los máximos de 2023, la inflación volvió a mostrar presiones al alza. Ese comportamiento no se explica solamente por factores externos o transitorios, sino también por excesos de demanda interna y por decisiones de política económica que aumentaron los costos y dificultaron la convergencia hacia la meta”, señaló Villar.
La consecuencia directa, según expuso, es que el Banco de la República tiene menos margen para recortar las tasas con rapidez. También aumenta el riesgo de que hogares, empresas y formadores de precios incorporen una inflación más alta en salarios, contratos y decisiones de consumo e inversión.
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“La credibilidad de la meta de inflación es un activo fundamental. Si las expectativas se alejan del 3%, la inflación se vuelve más difícil de reducir, porque las decisiones de precios, salarios y contratos empiezan a incorporar una inflación más alta hacia adelante”, explicó el gerente.
El eje central de la crítica de Villar fue la política económica del último año y medio. Dijo que el salario mínimo de 2025 subió cerca de seis puntos porcentuales por encima de la inflación observada y que en 2026 el aumento fue “mucho más radical”: un alza de 23%, equivalente a cerca de 17 puntos porcentuales por encima de la inflación.
“Creo que la respuesta central a estas preguntas reside fundamentalmente en políticas adoptadas por el Gobierno nacional durante el último año y medio, las cuales actuaron en contravía del proceso de ajuste que traíamos en el periodo previo”, sostuvo. Luego precisó que esos incrementos salariales y la expansión fiscal alimentaron la demanda cuando todavía era necesario consolidar la desinflación.
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El gerente del emisor afirmó que el impacto de esas decisiones no se limita a quienes ganan el salario mínimo, porque en Colombia ese ingreso sirve de referencia para múltiples pagos, tarifas, contratos y costos laborales.
Añadió que en los sectores transables los salarios por hora de trabajadores de baja calificación aumentaron cerca de 28% en pesos y más de 50% medidos en dólares, lo que, según su diagnóstico, deterioró la competitividad.
A esa presión salarial sumó “la agresiva política de expansión fiscal”, que llevó el déficit primario del sector público a máximos históricos que calificó de insostenibles. En su explicación, mientras el banco central buscaba enfriar la demanda con tasas altas, el gasto público siguió empujando la actividad económica y generó señales contradictorias.
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“La política monetaria ha tenido que actuar de manera restrictiva para reducir la inflación y anclar las expectativas. Pero cuando al mismo tiempo la política fiscal se expande de forma agresiva, se generan presiones adicionales de demanda que hacen más lento y más costoso el proceso de desinflación”, dijo.
El crecimiento y el empleo mejoraron, pero por una demanda que el Banco ve insostenible
Villar reconoció que varios indicadores recientes son favorables. Citó que el desempleo cayó a 8% en junio y que el producto interno bruto creció 3,5% en el segundo trimestre de 2026, por encima de lo que esperaba buena parte del mercado.
También mencionó que la demanda interna real avanzó 4,8% en ese trimestre, impulsada principalmente por un aumento del consumo público de 11,5% en términos reales. Para el gerente, esos resultados muestran dinamismo, pero provienen de excesos de demanda que no pueden sostenerse en el tiempo sin costos sobre inflación, deuda, crecimiento y empleo.
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“Es ampliamente conocido que la expansión fiscal, a través de grandes excesos de gasto vis a vis los ingresos del gobierno, genera impactos positivos en el corto plazo sobre la actividad económica y el empleo, pero se traduce paralelamente en crecimientos de la deuda que tarde o temprano obligan a procesos de ajuste que resultan dolorosos”, advirtió Leonardo Villar.
En ese entorno, insistió en que una postura monetaria cautelosa es necesaria, pero no suficiente. Señaló que la convergencia al 3% requiere disciplina fiscal, prudencia en la formación de salarios y precios, y coordinación entre el banco central y el Gobierno.
El gerente del emisor también alertó por la tasa de cambio. Expuso que en los últimos días el dólar rondó los $3.000 y que, a diferencia de lo ocurrido en 2025, esa evolución ya no puede explicarse sólo por una depreciación global de la moneda estadounidense.
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Según Villar, el peso se ha apreciado en más de 18% frente al euro y en porcentajes similares frente a monedas de países como Chile y Perú. “Esto, por supuesto, resta competitividad a nuestras exportaciones y hace muy difícil para los bienes producidos internamente competir con las importaciones”, afirmó.
Añadió que esa revaluación ha generado daños en sectores expuestos a la competencia internacional y que se relaciona de manera importante con el fuerte déficit fiscal del sector público colombiano.
Sobre el cierre de su intervención, planteó que los anuncios de ajuste fiscal y una política amigable con el sector privado por parte del nuevo Gobierno podrían contribuir a corregir ese desequilibrio y facilitar el retorno de la inflación hacia la meta.
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