El hogar geriátrico de las Hermanitas de los Pobres en Cali quedó inhabitable tras el terremoto de magnitud 7,4 registrado el lunes 10 de agosto de 2026, cuando un sismo interrumpió la misa de las 7:30 a. m. y obligó a evacuar a 65 adultos mayores que sobrevivieron sin lesiones graves, pero ahora necesitan ayuda para ser trasladados y sostenidos mientras la comunidad religiosa busca recursos urgentes para pasajes, nómina y alojamiento.
La información del centro indica que cuatro abuelitos y las hermanas de mayor edad ya fueron llevados a Cartago, mientras el resto debe ser reubicado en casas de la congregación en Medellín, Bogotá o Valledupar.
Ante los costos del traslado, las religiosas esperan reunir el dinero lo más pronto posible para comprar los tiquetes, porque, según explicaron, no pueden hacer esos trayectos por tierra debido a la edad de los residentes.
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De acuerdo con Noticias Caracol, en la casa viven 65 abuelitos, además de decenas de hermanas y empleadas, en una comunidad de más de 100 personas. El hogar funciona sin ánimo de lucro y se sostiene con donaciones para atender a ancianos pobres que no tienen pensión y, en muchos casos, tampoco familiares, lo que complica la situación tras el terremoto.
El sismo ocurrió cuando apenas habían transcurrido unos minutos de la eucaristía matutina. El sacerdote celebraba la misa en la capilla y otros residentes la seguían desde la tribuna del segundo piso cuando el edificio empezó a agrietarse.
La hermana Amparo relató al noticiero nacional que el temor se multiplicó por la fragilidad de los residentes, todos mayores de 70 años. Entre ellos hay uno de 102 años y otro que está a punto de cumplir 100.
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Solo el teatro pudo usarse para pasar la noche
Amparo contó el terror que vivió en el segundo piso, puesto que no podía bajar a la capilla porque usa silla de ruedas. En medio del temblor, recordó la petición de los adultos mayores: “Los abuelitos gritaban que no los dejáramos solos”.
Tras lo ocurrido, las religiosas describieron como un “milagro” que ninguno de los habitantes del hogar haya sufrido heridas de gravedad. Solo algunos adultos mayores tuvieron raspones o golpes cuando colapsaron paredes y ventanas, pero no hubo una tragedia mayor.
Una de las hermanas dijo en diálogo con Magazine Pacífico que la casa ya no puede seguir ocupándose: “Esta casa quedó inhabitable. Inhabitable porque grietas por toda parte. Si uno toca ese muro, se viene todo encima de nosotros”.
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También explicó la situación económica de la institución: “Nosotros no dependemos de ninguna pensión, sino que es ‘abuelos pobres’, pues esta noche no sabemos dónde los vamos a ubicar”.
Tras la emergencia, voluntarios llevaron almuerzo y comida para todos durante el 10 de agosto y comprobaron que estaban a salvo. El único espacio que pudo seguir utilizándose fue el teatro de la casa, donde improvisaron camas para que pasaran la noche.
Por su parte, la hermana Leonor precisó que algunos residentes ya fueron recogidos por sus familias, pero muchos otros no tienen a quién acudir. Esa condición obliga a la congregación a organizar el traslado del grupo restante hacia otras sedes donde puedan continuar su atención.
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El apoyo que hoy buscan las Hermanitas de los Pobres está relacionado con la recolección de dinero para comprar pasajes en avión, pagar la nómina de los trabajadores y comenzar a resolver las demás necesidades de cuidado.
La hermana Amparo, que ya está en Cartago con parte del grupo, explicó por qué descartan los viajes terrestres: “No se pueden llevar en bus porque son trayectos muy largos y ellos son mayores, tenemos que llevarlos en avión”.
El hogar que funcionaba hasta antes del terremoto albergaba a más de 100 personas entre residentes, religiosas y trabajadoras.