Las comunidades rurales del departamento del Cauca enfrentan las consecuencias directas de la persistente actividad del volcán Puracé. Las emisiones de ceniza volcánica han comenzado a afectar cultivos y actividades cotidianas, generando inquietud entre quienes dependen del campo para su sustento.
El volcán Puracé, situado a solo 27 kilómetros de Popayán, permanece bajo alerta naranja. Esta clasificación indica que las autoridades han detectado cambios internos preocupantes, como variaciones en la sismicidad y parámetros geoquímicos, lo que obliga a mantener medidas de vigilancia estricta en la zona.
En la mañana del miércoles 5 de agosto, la inquietud traspasó los límites del Cauca. Desde Jamundí, en Valle del Cauca, una ciudadana compartió un video en redes sociales mostrando la acumulación de ceniza en su patio y piscina.
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En el registro, se escucha la pregunta: “Buenos días. ¿Alguien sabe por qué está como estas cositas como si fuera ceniza por todos lados y esta piscina amaneció así? Lo he visto desde ayer ¿Qué es?”. Este testimonio refleja cómo la preocupación se extiende más allá del área inmediata del volcán.
Las autoridades han reiterado la urgencia de permanecer atentos a los comunicados oficiales y han recordado que el monitoreo del volcán es constante. El riesgo de nuevas emisiones de ceniza o incluso de una erupción mayor sigue latente, y las medidas de precaución son indispensables para reducir el impacto sobre las familias y la economía regional.
Calamida pública en Puracé, Cauca
Miles de habitantes de Puracé, en el suroccidente de Colombia, enfrentan un escenario crítico tras la intensificación de la actividad del volcán Puracé y los efectos del fenómeno de El Niño. La declaratoria de calamidad pública busca agilizar la llegada de recursos del Gobierno Nacional ante “daños incalculables en el sector agrario y el riesgo latente para la población”, según la administración municipal.
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El impacto de la emergencia es devastador. Más de 4.000 personas han visto afectada su vida cotidiana y la economía local sufre graves consecuencias. Los principales sectores productivos, como el turismo, la producción lechera y la agricultura, atraviesan una crisis sin precedentes.
Desde el gobierno local, el alcalde Jorge Andrade fue categórico: “No tenemos la capacidad financiera, logística ni técnica para atender esta contingencia”. La gestión de ayuda externa se vuelve indispensable, dado el reducido presupuesto de Puracé, un municipio de categoría sexta.
Actualmente, el municipio de Puracé se encuentra bajo calamidad pública por la crisis combinada del volcán y la sequía asociada a El Niño. Las pérdidas en cultivos y la drástica caída en la producción lechera han perjudicado a miles de familias campesinas, mientras el turismo, otro motor económico, prácticamente se ha paralizado ante la disminución de visitantes.
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El cambio a nivel de alerta naranja del volcán implica una alta probabilidad de erupción en días o semanas, lo que mantiene en zozobra a toda la región y obliga a las autoridades a redoblar esfuerzos en prevención y atención.
La emergencia golpeó con fuerza al sector agropecuario. Líderes comunitarios reportan que cultivos de papa, fresa, mora, uchuva y café han sufrido pérdidas por la constante caída de ceniza y la sequía. “La sequía y las cenizas están acabando con nuestros cultivos”, relatan campesinos locales.
La producción lechera también atraviesa un momento crítico. Reportes del municipio indican que los cerca de 30.000 litros de leche diarios se han reducido drásticamente debido a la resequedad de los pastos. En las zonas más altas, la falta de alimento y agua ya provocó la muerte de ganado.
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El turismo, que solía ser fuente de ingresos clave, registra una fuerte disminución de visitantes. Al menos ocho centros turísticos han reportado caídas en la afluencia, agravando la situación económica de los pobladores.