Lenis Patricia Ramos sobrevivió a un ataque con machete en el municipio de Los Córdobas (Córdoba), en el que su pareja le amputó las manos y le causó heridas en la espalda y una rodilla. Después de recuperarse, mientras el agresor está preso en Valledupar, ella volvió a coser y su caso conmovió al país.
El violento acto ocurrió el 20 de agosto de 2023 a las 7:15 p. m., según relató la víctima en el pódcast Más Allá del Silencio. Allí, contó que permaneció en cuidados intensivos tras varias cirugías que cambiaron para siempre su vida por causa del ataque de Javier Ignacio Osorio, padre de dos de sus cinco hijos.
La diseñadora de modas y costurera, de 48 años, le dijo al periodista Rafael Poveda que se ganaba la vida arreglando ropa con una máquina de coser, desde su casa, para colaborar con los gastos del hogar: “Lo ayudé bastante a él, como yo se lo dije: ‘así le paga el diablo al que en bien le sirve’”.
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Del mismo modo, Ramos aseguró que la relación estuvo marcada por discusiones, agresiones previas y episodios de abandono en distintos lugares del país. Dijo que conoció a Osorio en 2010, cuando ambos coincidieron en un bus entre Buenavista y Montería, y que después vivieron en Fundación, en Casanare y más tarde de nuevo en Córdoba.
La agresión ocurrió tras semanas de amenazas
Según su testimonio, en julio de 2023 ella retomó el contacto con una prima durante una procesión de la Virgen del Carmen. A partir de ese momento, dijo que su pareja empezó a mostrarse más agresivo, la fue a buscar algunas noches y compró un machete que afilaba con frecuencia porque, según le decía, lo necesitaba para trabajar en una finca.
Ramos recordó que incluso le propuso acompañarlo a sembrar yuca una tarde, pero el plan no se concretó porque llegaron clientes a buscar prendas que ella confeccionaba: “Para mí, él pensaba hacerme algo allá y dejarme”.
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La noche del ataque, la mujer regresó de una cita médica en Montería con su hijo Matías y volvió a su casa. Más tarde, mientras estaba con familiares en la vivienda de su abuela y una prima le revisaba el teléfono, Osorio le pidió tres veces que hablaran a solas.
Ella contó que, al intentar responder una llamada, él la tomó del cabello y empezó a arrastrarla con fuerza. Se aferró a una columna de madera, pero terminó en el suelo, con la blusa rota y golpes en un brazo y una pierna, hasta que él desapareció unos segundos y volvió con el machete.
“Yo pegué un grito duro y salí corriendo”, relató. Alcanzó a entrar a la cocina, pero él la siguió y comenzó a atacarla mientras ella trataba de cubrirse.
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“Me quitó la mano”, dijo Ramos al recordar el momento en que una de sus manos cayó al suelo. Añadió que también recibió un machetazo en la rodilla y dos heridas en la espalda, una de ellas “de lado a lado”.
Después logró salir de la cocina y correr hacia otra casa cercana con ayuda de la esposa de uno de sus hijos. Allí pidió que llamaran a la Policía, a una ambulancia y a sus familiares porque creía que iba a morir, aunque nunca perdió el conocimiento.
También relató que Osorio siguió persiguiéndola, golpeó una puerta con fuerza y lanzó un bloque para intentar entrar. Luego rompió parte de la ventana de una habitación, lo que obligó a que la movieran de lugar otra vez mientras seguía perdiendo sangre.
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Su hijo mayor finalmente la sacó en moto hasta encontrarse con la ambulancia. En el puesto de salud de Los Córdobas, el médico que la recibió ordenó su traslado inmediato a Montería y rechazó que la policía la interrogara en ese momento por la gravedad de las heridas.
Cuando despertó en la clínica Amigos de la Salud, seguía intubada y atada para evitar movimientos que comprometieran la cicatrización. Allí también supo que una prima suya había sido atacada por el mismo hombre.
Ramos explicó que, además de la amputación de las manos, uno de sus brazos quedó afectado por la fuerza con la que fue jalada antes del ataque. Los médicos le dijeron que el tejido se había quedado sin oxígeno y por eso se dañó, así que también perdió la otra mano.
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La prima también fue atacada
De acuerdo con el testimonio de la víctima, su prima sufrió heridas graves en una mano, en la espalda, en una cadera y en la cabeza: “Cuando yo salgo, escucho las palabras de mi prima donde dice: “Déjala, ¿no ves cómo la dejaste ya?” Y él le dice: “A ti también te voy a dar”. Y ella dice: “¿Por qué?” Y él le dice: “Por perra”. Eso fue lo único que yo escuché”.
La segunda víctima fue sometida a reconstrucciones, le reimplantaron nervios y tendones y perdió un hueso tras una infección bacteriana.
Ramos dijo que, ya en el hospital, ambas hablaron sobre la relación que Osorio decía haber tenido con esa familiar y sobre los celos que él usó después para justificar el ataque. Según ella, en llamadas posteriores desde la cárcel, el hombre insistió en que la prima “sabía más” de lo ocurrido y aseguró que tenía testigos, aunque la sobreviviente le respondió que nada de eso justificaba lo que hizo.
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El agresor está preso en La Tramacua, en Valledupar. Según contó Ramos, recibió una condena de 23 años y no tendría rebaja de pena por los delitos por los que fue sentenciado.
La sobreviviente también relató que ella y sus hijos pasaron por procesos de terapia. Durante mucho tiempo no pudo dormir, recibió atención médica y de enfermería en casa y dependió de otras personas para comer, bañarse y realizar tareas básicas.
Aun así, volvió a coser. Dijo que hoy cocina, lava, escribe, diseña, barre, pela plátano y limpia pescado y pollo. Después de contar su experiencia en Más allá del silencio envió un mensaje directo a otras mujeres: “Cuando vean un acto de violencia o una persona agresiva, que no aguanten, que se alejen”.
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