Cada 20 de julio, el Congreso de la República elige por votación interna a los presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes, cargos que duran un año y que ordenan el funcionamiento del Poder Legislativo, aunque en la práctica sus nombres suelen llegar definidos por acuerdos previos entre partidos y bancadas.
La renovación no se limita a esos dos puestos. En el Senado también se elige cada año una Mesa Directiva compuesta por un presidente, un primer vicepresidente y un segundo vicepresidente, y ninguno de sus integrantes puede ser reelegido en el mismo cargo dentro del mismo cuatrienio constitucional.
La elección del presidente del Senado corresponde exclusivamente a los 108 senadores que integran esa corporación. La del presidente de la Cámara queda en manos de los 188 representantes a la Cámara, también durante la sesión de instalación de la legislatura.
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El mecanismo es el mismo en ambas cámaras: la decisión se toma por votación de los congresistas presentes. En el Senado, esa elección se realiza de manera autónoma y bajo voto secreto con papeleta durante la plenaria del 20 de julio, conforme al marco legal previsto por la Constitución Política y la Ley 5 de 1992.
Los presidentes del Senado y de la Cámara no permanecen durante los cuatro años del periodo constitucional del Congreso. La Constitución dispone que estos cargos cambian anualmente, de modo que cada nueva legislatura obliga a repetir la elección de las mesas directivas.
Eso explica por qué el inicio del periodo legislativo concentra una de las decisiones más relevantes de la vida parlamentaria. Aunque los partidos suelen pactar con anticipación la distribución de la Presidencia del Senado y de la Cámara, la designación solo queda en firme cuando los legisladores la ratifican con su voto en el recinto.
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Cuando no hay consenso entre las colectividades, la votación puede convertirse en una competencia abierta entre varios candidatos. En esos casos, la definición sale directamente del sufragio de los congresistas durante la sesión de instalación.
El reglamento también fija la base jurídica de esa autonomía. El artículo 135 de la Constitución faculta al Senado para elegir su Mesa Directiva, mientras que la Ley 5 de 1992, en sus artículos 19 al 30 y 131 al 134, regula la composición, el periodo, las funciones y el mecanismo de elección.
El presidente del Senado dirige las sesiones plenarias, garantiza el cumplimiento del reglamento interno, organiza el orden del día, representa institucionalmente a la corporación y coordina el trabajo con las demás ramas del poder público. También firma las leyes aprobadas por el Congreso antes de su envío al Gobierno nacional para la correspondiente sanción presidencial.
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Además, quien ocupe ese cargo ejerce como presidente del Congreso cuando sesionan conjuntamente las dos cámaras. Esa función le da un papel central en la articulación política y administrativa del Legislativo.
En la Cámara de Representantes, la presidencia cumple tareas equivalentes dentro de esa corporación. Le corresponde presidir las plenarias, mantener el orden en los debates, coordinar el trámite de los proyectos de ley, hacer cumplir el reglamento y representar oficialmente a la Cámara.
El presidente de la Cámara integra además la Mesa Directiva junto con los vicepresidentes. Esa estructura concentra la conducción de los debates y la organización administrativa de la corporación durante la legislatura.
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La conformación de la Mesa Directiva del Senado no busca solo liderazgo administrativo. La ley también impone criterios de pluralidad y representación política dentro de la estructura de mando de la corporación.
Ese principio quedó reforzado por el Estatuto de la Oposición, la Ley 1909 de 2018, que ordena que una de las vicepresidencias sea ocupada de manera obligatoria por un miembro de las bancadas que se hayan declarado en oposición al Gobierno nacional. La regla garantiza presencia de las voces disidentes en la conducción de las sesiones y en las decisiones administrativas del Senado.
Por eso, la elección anual del 20 de julio no solo define quién presidirá cada cámara. También determina el equilibrio interno con el que el Congreso organizará sus deliberaciones y distribuirá el poder entre oficialismo, minorías y oposición durante los siguientes 12 meses.
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