Mientras el país empezaba a alistarse para una de las transiciones de gobierno más polémicas de los últimos años ―por el evidente desacuerdo entre el presidente saliente, Gustavo Petro, y el nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella―, buena parte de la sociedad se preguntaba si la sede del Gobierno seguiría estando en la capital del país.
Y es que la idea del despacho presidencial en la ciudad de Barranquilla empieza a tomar forma en el gobierno de De la Espriella, que ha dicho que quiere gobernar desde las regiones y evalúa a la capital del Atlántico como sede alterna. Incluso, el alcalde Alejandro Char afirmó recientemente que el edificio de la Aduana está bajo estudio para albergar ese esquema, mientras algunas entidades seguirían en la Casa de Nariño.
Aunque la idea resulta polémica para muchos, lo cierto es que el nuevo de presidente de la República sí podría instalar un despacho alterno en Barranquilla sin trasladar en forma oficial la sede del Ejecutivo fuera de Bogotá.
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Sin embargo, en la práctica, eso implicaría combinar una base regional con operaciones que seguirían en la Casa de Nariño, además de ajustes de seguridad, logística y comunicaciones para mantener el funcionamiento del gobierno.
De la Espriella ha insistido en que quiere despachar desde las regiones. Durante la campaña y después de ganar las elecciones, trabajó desde sus oficinas en Barranquilla. Allí hizo su primer consejo de ministros. También recibió a mandatarios locales de todo el país y grabó transmisiones para redes.
Los retos operativos de despachar fuera de Bogotá
La principal limitación es práctica: la mayor parte de la máquina estatal está en Bogotá. En el centro de la capital, el presidente tiene cerca a la mayoría de los ministerios y puede reunirse con funcionarios en persona en cuestión de minutos.
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El texto también plantea que la tecnología puede cubrir parte de esa distancia. Además, menciona la posibilidad de un sistema blindado de comunicaciones para sostener contactos seguros desde otra ciudad.
De la Espriella no estaría solo en Barranquilla. Su plan contempla pasar varios días en algunas regiones y encabezar puestos de mando unificados, conocidos como PMU. La primera semana de gobierno sería en La Guajira.
Para Felipe Murillo, politólogo, doctorando en ciencia política y profesor de la Universidad Eafit, instalar el despacho en Barranquilla no equivale a una descentralización ni a una desconcentración del poder. Según explicó, no se transfieren competencias a la alcaldía ni se crean dependencias subordinadas del Ejecutivo en las regiones.
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“Se trata de una decisión logística y simbólica que trata de que el poder ejecutivo debe mirar más allá de Bogotá y fijar la mirada en las regiones; un mensaje al bogocentrismo administrativo”, señaló el experto en diálogo con El Colombiano.
Murillo situó la propuesta en el terreno logístico y simbólico. A su juicio, “suena deseable, pero no necesariamente lo es por los retos que implica”.
El académico también advirtió sobre el tamaño del desafío institucional. Intentar mover una estructura asentada físicamente en Bogotá, dijo, es “como buscar mover una ballena encallada”.
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Entre los puntos que deja abiertos mencionó la relación con ministerios y direcciones clave. También planteó la duda sobre qué fórmula permitiría una mejor articulación, comunicación y acción de gobierno.
Por su parte, Diógenes Rosero, profesor de la Universidad del Atlántico y experto en las dinámicas políticas de la región Caribe, identificó tres retos. El primero es si la apuesta se concentrará en Barranquilla o en las regiones en general.
El segundo pasa por el papel de la casa Char en ese esquema. El tercero es si el nuevo gobierno abrirá discusiones con fuerzas políticas distintas de sus aliados directos.
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“Vale la pena preguntarse si el gobierno entrante le apostará a diferentes actores de la política regional en el Caribe o pondrá el foco en sus aliados”, señaló el docente a El Colombiano.
Rosero añadió que despachar desde Barranquilla implicaría trasladar algún tipo de infraestructura estatal a la ciudad. A eso sumó dos asuntos sensibles: la seguridad presidencial y la definición de una sede alterna.
También puso la lupa sobre el peso político regional que tendría la familia Char al contar con un presidente aliado en su ciudad. En esa ecuación incluyó a otros actores cercanos, como Alfredo Deluque, senador de La U por La Guajira, en medio de la disputa por la presidencia del Senado con Honorio Enríquez, del Centro Democrático.
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Para Rosero, el gobierno necesitará interlocución con sociedad civil, empresarios y gremios. También dejó abierta la duda sobre si el presidente podrá concertar políticas públicas regionales y nacionales con otros sectores, dado que hasta ahora observa “un gabinete identitario”.
El antecedente histórico y la agenda regional del presidente electo
La idea de gobernar fuera de Bogotá tiene un antecedente en Rafael Núñez, quien a finales del siglo XIX ejerció el poder desde Cartagena. La comparación aparece en un contexto distinto, con herramientas de comunicación que hoy permiten una operación remota que entonces no existía.
A pocas semanas de la posesión del 7 de agosto, De la Espriella seguía trabajando desde su sede principal. Este martes, además, hizo un nombramiento, mientras avanzan las definiciones sobre cómo funcionará su esquema de gobierno entre Bogotá y las regiones.
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La propuesta no cambia por sí sola el mapa institucional del país. Sí anticipa, en cambio, un Ejecutivo que busca ejercer parte de su actividad política y administrativa fuera de Bogotá, con las regiones como eje de esa dinámica.